El Blog de Francisco Margallo

Decencia social

02.10.10 | 10:00. Archivado en Etica
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La decencia social implica
corregir desigualdades
en todos los órdenes y educar
para la igualdad en derechos
y deberes.

Con la seguridad y la libertad que dan los años vividos plenamente, dos intelectuales ibéricos muy comprometidos socialmente, José Luís San Pedro y José Saramago, se rebelaron un día no lejano en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en sendas conferencias, contra las injusticias que padece el mundo, agrabadas con la globalización y la tiranía del mercado.

El premio Nobel de Literatura se refirío al mayo francés del 68, en que se pidió un cambio radical en el mundo, para concluir que nada ha cambiado. Efectivamente, nada significativo ha sucedido, que haya hecho mejorar la situación de la humanidad en su conjunto. Al contrario, en el Tercer Mundo y en la Europa del Este la pobreza ha aumentado, mientras que la riqueza ha crecido desmesuradamente en los países industrializados. Un crecimiento que representa un agravio a los derechos humanos y a la justicia social, que pretende encontrar justificación en la competencia que la globalización económica fomenta.

No es ético permanecer pasivos, habiendo como hay recursos suficientes para que todos podemamos vivir con dignidad. Basta con un reparto equitativo del trabajo y la producción, guiados más por la solidaridad que por la competencia. Los que creemos en la utopía de un mundo de todos con las mismas oportunidades, no nos sometemos a las leyes de la globalización salvaje, que hacen inviables unas relaciones universales de igualdad en todos los pueblos. No aceptamos que algunos pueblos ni siquiera cuenten en el organigrama económico mundial, porque no pueden competir.

Para el profesor de economía, JL.San Pedro, el tan cacareado fenómeno de la globalización no es nada original, es simplemente la nueva careta que el capitalismo se ha puesto para imponer a los Estados sus leyes en todos los órdenes, en lo eonómico, lo político, culturar etc. Su táctica ahora es presentarse como inevitable y fomentar la sumisión y la resignación. Sería catastrófico aceptar su mensaje, particularmente para los países en vía de desarrollo, porque significaría quedar condenados a vivir en permanente agonía.

Frente a la resignación hay que fomentar el espíritu crítico de la realidad, si queremos un mínimo de decencia social. En otras palabras, hay que domesticar la globalización; frente al capilalismo sin rostro humano hay que cultivar el socialismo solidario.

En nuestro país muchos se han propuesto hacerle frente desde la política, disminuyendo el poder y la prepotencia de los que tienen el poder económico. Promover la igualdad entre los ciudadanos no les parece compatible con la protección y concentración de los grupos económicos fuertes. Desde Izquierda Unida se da el mismo mensaje.

La decencia social implica corregir desigualdades en todos los órdenes y educar para la igualdad en derechos y deberes. Los ciudadanos todos tenemos mucho que decir y hacer para que esto sea real, por lo que es urgente salir de la pasividad en que estamos.

www.porunmundomasjusto.com


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