
El 13 de mayo de 1932 en su época de parlamentario Ortega pronunció un largo discurso, que él distribuyó en tres capítulos y que yo he tratado de resumir en unos cuantos artículos. Es un discurso doctrinal, de los que el señor Campanys quería eliminar en esta discusión del problema catalán y del Estatuto.
Según el señor Campanys, a la hora del debate constitucional se hicieron cuantos discursos doctrinales eran menester sobre el problema catalán y sobre su Estatuto. Y se hicieron, decía, porque los parlamentarios catalanes habían tenido buen cuidadado de prefijar en el texto constitucional cuantos temas afectan al presente Estatuto. Ortega no duda de que la intervención de los parlamentarios catalanes resultó bastante ingeniosa, pero no tanto como para quedarse prisionero en ella y no poder hacer algún otro discurso doctrinal sobre este enjundioso problema.
Desde el advenimiento de la República se ha dicho persistentemente:"Hay que resolver el problema catalán y hay que resolverlo de una vez para siempre y de raíz. La República fracasaría si no lograse resolver este conflicto que la monarquía no acertó a solventar". El presidente de la República en ese momento era el señor Maura.
¿Cómo es posible, se pregunta Ortega, que los catalanes exijan, conminativamente, resolver de una vez y para siempre un problema, sin parar en las mientes de si ese problema, él por sí mismo, es soluble en esa forma radical y fulminante?. ¿Qué diríamos de quien nos obligase sin remisión a resolver de golpe el problema de la cuadratura del círculo?.Diríamos sencillamente que se nos ha invitado al suicidio.
El problema catalán y otros parejos que existen y han existido en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar. Y al decir esto no quiero significar con ello no sólo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los otros españoles. Éste, insiste, es un problema perpetuo que ha existido siempre antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista. ¿Por qué?. No debía hacer falta que yo apuntase la respuesta.
Esta debería hallarse en todas las mentes medianamente cultivadas. Cualquiera diría que se trata de un problema único en el mundo, que anda buscando, sin hallarla, su pareja en la Historia, cuando es más bien un fenómeno cuya estructura fundamental es archiconocida, porque se ha dado y se da con abundantísima frecuencia sobre el área hiostórica. Es tan conocido y tan frecuente, que desde hace muchos años tiene inclusive un nombre técnico: el problema catalán es un caso corriente de lo que se llama nacionalismo particularista. No temáis, señores de Cataluña, que en esta palabra haya nada de enojoso para vosostros, aunque hay no poco dolor para todos.
¿Qué es el nacionalismo particularista?. Es un sentimiento de dintorno vago, de intensidad variable, pero de tendencia sumamente clara, que se apodera de un pueblo o colectividad y le hace desear ardientemente vivir aparte de los demás pueblos o colectividades. Mientras éstos ahelan lo contrario, a saber: adscribirse, integrarse, fundirse en una gran unidad histórica, en esa radical comunidad de destino que es una gran nación, esos otros pueblos sienten por una misteriosa y fatal predisposición, el afán de quedar fuera, exentos, absortos dentro de sí mismos.
Y no se diga que es, en pequeño, un sentimiento igual al que inspira los grandes nacionalismo, los de las grandes naciones, no; es un sentimiento de signo contrario. Sería completamente falso afirmar que los españoles hemos vivido animados por el afán positivo de no querer ser franceses, de no querer ser ingleses. No, no existía en nosotros ese sentimiento negativo, precisamente porque estábamos poseídos por el formidable afán de ser españoles, de formar una gran nación y disolvernos en ella. Por eso, de la pluralidad de pueblos dispersos que había en la Península, se ha formado esta España compacta.
En cambio, el pueblo particularista parte, desde luego, de un sentimiento defensivo, de una extraña y terrible hiperestesia frente a todo contacto y toda fusión; es un anhelo de vivir aparte. Por eso el nacionalismo particularista podría llamarse, más expresivamente apartismo o, en buen castellano señerismo...(seguimos mañana).
---Para cambiar el mundo desde la política
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Pepe, creo que eres catalán o vives en Cataluña, me alegro que hayas hecho el comentario que has hecho, porque conoces el problema desde dentro. Dices que Ortega hablaba hace un siglo y tienes razón. Pero años antes vaticinaba que Europa iba a ser un Esatado federado, los Estados Unidos de Europa. Decía: España es el problema y Europa la solución. Como ves, esto se está cumpliendo hoy. Quiero decirte con esto que era un genio fuera de serie, que veía las cosas mucho antes que todos los demás. Sobre el Estatuto de Cataluña habla con todo respeto, como podrás observar, y lo dice expresamente en la parte de su discurso que expondré mañana y unos días más como iré anunciando con anticipación.
Si te parece bien, puedes invitar a algunos catalanes más a que sigan este discurso sobre vuestro Estatuto, os puede revelar cosas que no sabeis. Hablaba juntono a los diputados catalanes que estaban en el Parlamento español. Es muy novedoso.Te espero mañana con alguno más.
Un cordial saludo
David, te veo muy ocupado en tus excursiones veraniegas, porque el comentario que haces hoy pertenece a ese día en que mencioné la asgnatura Educación para la ciudadanía. Con todo, te diré que no es un asignatura ideológica, como parece que la habéis visto parte de la jerarquía eclesiástica y un sector de profesores de religión de signo muy conservador, que no saben leer los signos de los tiempos. Se trata de hacer ciudadanos adultos, como quiere el Concilio Vaticano II y la teología de él surgida. Esta dice que Dios se revela preferentemente en la vida que viven los seres humanos en donde vive como en el templo más sagrado. Esto hay que saberlo digerir si se quiere anunciar al Dios cristiano. Convéncete, convencete, como dice la canción. Ya ves te lo digo hasta con música. Otra vez haces el comentario en el día que corresponde, aunque lo hagas después.
Un cordial saludo .
Desde Cataluña le explicaremos que nos consideramos Europeos, y que España es solo un estorbo. No creo que la economia más externalizada del Estado tenga problemas de los que habla Ortega hace un siglo. Cataluña se ve integrada en Europa y miramos más al norte que al sur.
Pienso que los análisis desde fuera de Cataluña realizados sin un conocimiento de la realidad, hacen caer a los que los realizan en tópicos y figuras de hace un siglo.
Ese sentimiento del que habla, no es el catalán. Es una imaginación suya que se podría aplicar a los españoles y a cualquier país que no quisiera ser integrado en una estructura política que no desea.
(continuación)
Educación para la ciudadanía, tal como se ha diseñado en España, es una asignatura sacada de la `manga´con pretensiones ideológicas (lo más lejano de lo que se debe hacer en la escuela), asignatura obligatoria...y que sigue siendo cuestionada porque hay serias razones.
Aclaración a la contestación del otro día.
Ortega lo vería con claridad.
La Iglesia no pretende, ni puede, ni quiere legislar.
Eso es claro. Quien diga lo contrario, miente.
La Iglesia propone, oferta, opina y dice...
Determinados poderes de determinadas administraciones (sin sentido democrático) con sentido totalitario, quieren el mensaje único, la voz única... imponen el criterio único.
Y les molesta (de ahí su enfado y deseo de “acallar” cuando habla la Iglesia) que determinados miembros de esa Iglesia digan, denuncien, proclamen lo que en su opinión “viola” derechos, atenta contra la dignidad, ataca la libertad, etc.
¡Este es el pan nuestro de cada día en muchos lugares del planeta, y España -desgraciadamente- no es una excepción. Ejemplos hay.
Educación para la ciudadanía, tal como se ha diseñado en España, es una asignatura sacada de la “manga” con pretensiones ideológicas (lo más lejano de lo que se debe hacer en la ...
Miércoles, 30 de mayo
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