El Blog de Francisco Margallo

Señores de nuestras vidas

03.07.10 | 10:00. Archivado en Economía
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Hace pocos años nadie ponía en duda que en Europa había un sistema económico capitalista, en el cual todos pensaban que los mercados financieros cumplían la función para lo que estaban legitimados: proporcionar financiación a las empresas para que estas pudieran generar riqueza y crear puestos de trabajo.

Mientras la economía de los países europeos prosperaba, el PIB crecía, el paro disminuía y los ingresos de algunos estados, como el español, aumentaban hasta generar un importante superávit. Nadie reparaba en la naturaleza de los mercados financieros. Por eso nadie sentía la necesidad de controlarlos, regularlos y obligarlos a hacer aquello que teóricamente les correspondía.

Pero un fatídico día los mercados financieros mostraron su verdadera cara:
Durante años habían estado alimentando de manera irresponsable una gran burbuja especulativa que explotó. La exploxión fue tal que se oyó en todo el mundo. El sistema capitalista cayó precipitadamente en la crisis más profunda desde el crack financiero del 29. Aquel que hace 80 años atrás había provocado el empobrecimiento masivo de las clases medias y preparó la entrada al fascismo.

La crisis financiera se convirtió muy pronto en crisis económica, como es natural. Dado que los mercados financieros se basan en la confianza, los bancos dejaron de prestarse préstamos entre sí y a las empresas. Pero, para evitar que la crisis se convirtiera en un cataclismo, los estados reacciionaron con celeridad y espíritu keynesiano. Es decir, rescataron los bancos para que no quebraran, prestándoles muchos millones que no se sabía si serían devueltos algún día; implementaron estímulos fiscales para activar el consumo de las familias etc.

Con la crisis, los ingresos de los estados a través de los impuestos cayeron (menos trabajadores equivale a decir menos ingresos por IRPF, menos consumo quiere decir menos ingresos por IVA, menos empresas quiere decir menos ingresos por el Impuesto de Sociedades etc.), al mismo tiempo que se disparaba su gasto social, por la factura en subsidios de paro.

Como hemos visto otro día, Marx describe en El Capital las propias contradicciones de éste.: "La fuerza motriz del capitalismo no es la producción de valores de uso y disfrute, sino la producción de valor de cambio y su acrecentamiento.

En cuanto fanático de la producción de valor, obliga despiadadamente a la humanidad a producir y de aquí se deriva el desarrollo de lss fuerzas productivas sociales y la creación de las condiciones materiales de la producción, que son imprescindibles para poder construir una forma más elevada de sociedad, cuyo principio fundamental es el desarrollo pleno y libre de cada uno de los individuos que la integran (EU. Ureña, "La economía socialista como parto histórico del capitalismo", en Id., El mito del cristianismo socialista Madrid 1984.

(Antoni Comin i Oliveres, en Cristianisme I Justícia, mayo 2010).

Cambiar el mundo por la política
www.porunmundomasjusto


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