El Blog de Francisco Margallo

Virtudes públicas en Ortega, curso

17.06.10 | 10:00. Archivado en Filosofía de Ortega
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J. Ortega y Gasset

Capítulo Cuarto

El Socialismo

Socialismo y democracia
(Cont.)

La curación de España es faena mucho más grave, mucho más honda de lo que suele pensarse. Tiene que atacar estratos del cuerpo nacional mucho más profundos que la política, la cual no representa sino la periferia o el cutis de la sociedad. (Sobre la vieja política XI, 30-31).

Al hablar del espíritu de la Liga de Educación Política insiste en su tesis diciendo: Vivimos una época en que cada uno ha de tener claro su sentir sobre los asuntos de la nación. Él, por su parte, reitera que con ser mala la política de los veinte últimos años, le parece mejor que la vida no política, es decir, ciudadana. Los vicios de la política no nacen de ella misma, sino que llegan a ella torrencialmente de la cuenca social.

Y pone unos ejemplos que corroboran lo que dice: el ministro de Hacienda suele ser incompetente, pero ¿acaso no lo es más el financiero privado? El juez es injusto, pero ¿no lo es en todo instante el español de tipo medio en cada uno de sus actos?. "Somos una raza desmoralizada, y mientras no nos reeduquemos, todo será vano. ¡Educación, cultura! Ahí está todo. Esa es la reforma sustancial". Insistiendo en la Liga contra la Incultura dirá asimismo: la reforma sustantiva de nuestra nación tiene que ser de nuestra sociedad y no de nuestra política" (Ideas políticas XI, 48-49).

Pedro Cerezo comentando todo este pensamiento de Ortega llega a la conclusión de que el mal de España afecta a la médula social y sólo en la transformación de la vida social pueden hallarse motivos de esperanza (P. Cerezo, La voluntad de aventura, Barcelona 1984) .

Pero esta transformación social choca con el pequeño burgués que somos el tipo medio de los ciudadanos españoles, que hace que triunfen siempre la moral y la ideología burguesas. "España es el paraíso de la pequeña burguesía. Y mientras sea así no podemos pensar en reforma alguna" (Vaguedades XI, 50-52). Esta actitud es más frecuente en los ambientes rurales y provincianos, por lo que él tenía mucha fe en la descentralización del poder de las autonomías.

Pensaba que al tener cerca la dirección de los asuntos públicos que les concernían directamente y les eran más conocidos, los ciudadanos se sentirían obligados a participar en ellos (Discurso en Segovia XI, 133; Puntos esenciales 139-140).

En su afán de despertar la sensibilidad de los ciudadanos hacia la vida pública Ortega insiste ahora con un doble argumento: Que todo ciudadano tiene siempre algo concreto y oportuno que decir y que en un pueblo hay tanta mayor energía cuanto mayor sea el número de cabezas que colabore en la vida pública. El está convencido de que en todo hombre hay, junto a la conciencia moral que, insobornable sentencia sobre nustros propios actos, una conciencia política que, en oposición a lo que sostenemos públicamente, nos dice qué es lo que hay que hacer (Las provincias deben rebelarse contra toda candidatura de los indeseables XI, 341-344).

Digamos finalmente con nuestro autor que para contrarrestar la apatía política ciudadana, que hiere a la democracia, no tiene sentido pedir a las gentes que se interesen por un Estado que no les interesa, por el contrario, es menester inventar un Estado que interese a las gentes, y solo entonces se conseguirá hacer de ellas ciudadanos que se corresponsabilizan con el Estado.

Y respecto a que no existe opinión pública entre la ciudadanía, diremos en la misma lógica que no se opina sobre lo que no se siente, por lo que en lugar de lamentar que los españoles no sienten las cuestiones públicas, lo que deben hacer los políticos es suscitar cuestiones que puedan ser sentidas por la gran masa española, aportando a la par medios para que esta sensibilidad no se pierda, sino al contrario, se acumule y organice como la mejor forma de permanecer. Todo esto lo razona Ortega desde una mentalidad socialista, que es la que puede soñar y hacer realidad algún día este ideal (La Redención de las Provincias. Provincianismo y Provincialismo XI, 179 y 244).

---Cambiar el mundo desde la política
www.porunmundomasjusto.com

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Moisés 17.06.10 | 19:47

    De lo de Arias Salgado y el Nobel de Literatura a Ortega, ya hemos escrito hace unos meses y creìa que estàbamos de acuerdo en que, en modo alguno, Arias Salgado pudo impedir esa concesiòn. Recuerde.

    Y Ortega tuvo sus más y sus menos con Marìas y éste (que era muy leal con Ortega al que admiraba mucho y sinceramente) hizo muchas màs cosas que difundir la obra de su maestro. Aparte de sus escritos originales (muchìsimos y alguno texto en Filosofìa en Hispanoamérica durante años y años), recordemos lo que escribiò, por ejemplo, sobre Unamuno que no podìa ver a Ortega y viceversa.

    Saludos sinceros y cordiales, a pesar de lo que me hace pensar

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 17.06.10 | 19:27

    Tienes razón con lo de las fechas y la amistad entre Larra y Ganivet, yo quería resaltar simplemente que Ganivet enlaza con el espíritu crítico de Larra. Subsanado el error.
    Lo de las depresiones y demas enfermedades de Ortega se explican porque, acostumbrado a llenar los cines de Madrid con la gente que acudía a escuchar sus conferencias y la aceptación que tenían sus artículos en la prensa a favor de la república, le impactaría mucho el boicot que le hizo el nuevo régimen que se implantó. Hasta tal punto que uno de los ministros de Franco, un tal Arias Salgado, impidió que le diera el Premio Nobel de Literatura en los años cincuenta. Los suecos estaban dispuestos a dáeselo, pero el ministro dió muy malos informes y no se llevó a cabo. Con Nobel o sin él no ha habido nadie en España que haya escrito como él. Política y culturalmente el país ha perdido mucho. No me extraña que Julián Marías dedicara toda la vida a difundir su obra. Aranguren me dijo un día que a su lado todos ellos eran enanitos. Saludos

  • Comentario por Moisés 17.06.10 | 18:21

    toda labor, incluso la màs sencilla... La primera me durò siete meses. La segunda, cinco, y la tercera, cuatro. Ahora estoy saliendo de la cuarta". A su hermano Eduardo le dice: "Supongo que sabràs por los chicos que desde hace años padezco etapas de gran depresiòn y que, a veces, duran muchos meses". Y asì muchas màs expresiones de lo mismo. Es decir, don Francisco, yo no me lo he inventado: es de dominio pùblico.
    Ganivet no era amargo sino, al parecer, alegre y humorìstico, como se desprende de sus escritos: "Los trabajos del infatigable creador Pìo Cid" y sus, para mì, obras cumbres: "Idearium español" y "El porvenir de España". Y no se fué a Riga a suicidarse; lo que ocurre es que, ya que estaba en Riga, debiò pensar: pues aquì me suicido.

    Me va a matar, don Francisco, con las precisiones que me veo obligado a hacer. Con èllo me hace pensar y a ver si me va a sentar mal... (no todo el mundo puede pensar despreocupadamente).Todo sea por afianzarse en la realidad.<...

  • Comentario por Moisés 17.06.10 | 18:08

    Debe haber algùn error, don Francisco: Mariano José Larra murió en 1.837 y Ganivet nació en 1.865, de modo que no pudieron ser amigos... al menos en esta vida.
    Lo de la depresión de Ortega en sus ùltimos años, lo reitera varias veces Abellàn y copia a Gregorio Moràn sobre una "somatizaciòn de su incomodidad intelectual, tan obvia que pocos casos hay tan evidentes de respuesta al acoso". Y concluye: "la depresiòn (de Ortega) aparece cuando la voluntad de hacer se desmorona." Miguel Ortega, su hijo: " Yo creo que el tumor que padecìa mi padre se produjo, entre otras circunstancias, por la pena que le producìa el ambiente en España..." Dice Abellàn: "pero el maestro (Ortega) sabía muy bien la cruz que llevaba encima, manifiesta en las largas etapas depresivas que desde esos años no dejan de acecharle". El mismo Ortega escribe "Fatiga y depresiòn de nervios". "En los cinco ùltimos años he pasado tres terribles etapas de caída en el tono de mi sistema nervioso que me hacìa imposible

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 17.06.10 | 16:50

    Moisés, te veo tan crítico como Larra, íntimo amigo del amargo Ganivet. Mira que irss a suicidar a las aguas de un río de Riga, quién se le ocurre, pero así es la vida. Al Ortega vital no le ocurrió eso, se aferró a la Vida que es lo que defendió en toda su filosofía. Pero creo que murió de cáncer, lo mismo que su hijo José-Miguel, que fué profesor de Derecho Constitucional de mi hermano en ICADE.
    Pedro casaldáliga, aunque tiens párkinson está lleno de esperanza y lúcido para seguir investigando sobre la imagen del Dios de Jesucristo que no responde a la que tiene la gran mayoría de los que comulgan, rezan ante el Santísimo y a veces son párrocos y hasta obispos. Es muy inquieto. Que siga viviendo que tiene mucho que decir todavía.






  • Comentario por Moisés 17.06.10 | 15:03

    Copiemos una frase de Ortega y Gasset: "Al español no le interesa el pròjimo"

    Y otra de Ganivet: "Nuestra naciòn podrìa ser considerada como una jaula de locos rarísimos, atacados de una manìa extraña: la de no poder sufrirse los unos a los otros".

    El primero se muriò deprimido (aparte la enfermadad somàtica) porque, especialmente los jòvenes intelectuales, no le prestaban la atenciòn que creìa merecer (los intelectuales adultos, exiliados, le despreciaron directamente).

    El segundo, màs expeditivo, se suicidó (con reiteraciòn: le sacaron del rìo y se volviò a tirar)

    No llegaron a ver el Vaticano II ni la Teologìa de la Liberaciòn: se habrìan salvado, sin duda; màxime si hubieran podido leer los poemas de monseñor Casaldàliga.

Miércoles, 30 de mayo

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