El juez estrella
Nuestra joven democracia se ha visto vapuleada por un cúmulo de juicios sobre graves delitos de hombres públicos y menos públicos. En este momento el caso Gürtel ha alcanzado a muchos de ellos. En todos los casos se aboga por el esclarecimiento exhaustivo de la verdad, como garantía democrática, y esto, se dice, sólo pueden hacerlo los jueces.
La filosofía en que nos movemos hoy dice que la verdad es algo utópico e inconmensurable, por lo que la apelación exclusiva a la verdad del juez sugiere unas cuantas preguntas. ¿Por qué, bajo pretexto de que los casos están sub judice, muchos políticos se niegan a debatir sobre ellos? ¿Es que la verdad es exclusiva de alguien? El pensamiento actual sugiere más bien lo contrario. En la búsqueda de la verdad todos somos un órgano de percepción distinto, sentencia Ortega, por tanto, todos somos necesarios en su esclarecimiento.
Esto quiere decir que la democracia es como un mosaico compuesto por las distintas porciones de verdad que todos podamos aportar, por eso no se comprende la exclusión de las diversas voces que puedan oírse en la búsqueda sincera de la verdad.¿Es que sólo los jueces están capacitados para esclarecerla? ¿No será que somos proclives a los mitos y ahora nos toca mitificar la figura del juez?
La verdad no reposa sólo en el buen hacer del juez, que es digno de todo respeto y de ser escuchado, pero la verdad desborda unos límites tan estrechos; exige que se oigan más voces sobre ella. De lo contrario será una verdad domesticada, más dogmática que democrática. Los medios de comunicación con su deber de informar rectamente y de formar opinión tienen mucho que hacer en este sentido. Unas tertulias en televisión, por ejemplo, bien organizadas y con la participación de los ciudadanos sería una forma muy democrática de ejercer este cometido.
Sería, además, una manera de despertar la responsabilidad ciudadana en la sociedad, reemplazando a tantos programas alienantes. Y no digamos el Parlamento que es el portavoz de todos los ciudadanos. No es que se trate de desautorizar a los jueces, se trata de aportar luz en su labor. De hecho muchas veces los indultos se han producido después de escuchar las voces del pueblo. ¿Por qué no escuchar esas voces antes de dar sentencia. En el caso del Estatuto de Cataluña ya se han oído suficientemente, por lo que urge una sentencia según el deseo del pueblo catalán.
Ciertamente, estamos años luz de este proceder democrático, pero no podemos eludir la búsqueda completa de la verdad así entendida, porque es algo constitutivo del ser humano. Una vida sin afán permanente de verdad no es digna de ser vivida por el hombre, dijo Sócrates, de ahí que las diversas teorías filosóficas se afanen en la búsqueda de la verdad de todas las cosas. La sola búsqueda de la verdad la considera Popper un principiio ético y una muestra de honradez, que conduce a la autocrítica y a la tolerancia, piedra angular de la convivencia.
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Una vez más, Manuel, tu aportación tan valiosa y constructiva confirma que vuestros comentarios son necesarios para completar los temas que tratamos.
Te estamos muy agradecidos.
.... El único valor permanente e inmutable en la sociedad actual es el dinero ( y lo que conlleva ), poderoso señor ante el que, quien más quien menos, inclinamos la cerviz relativizando todo lo demás y vendiendo nuestra alma al diablo para conseguirlo...¿La Justicia?....creo que hoy está devaluada, habiendo perdido mucha credibilidad y confianza, además de su verdadera función en la sociedad; limitándose, en el mejor de los casos y salvo honrosas excepciones, al ejercicio de un arbitraje más o menos profesional y acertado de ese horrendo galimatías que es la legalidad vigente; por el que puede navegar con éxito cualquier sinvergüenza que tenga suficiente influencia político-económica...No es de extrañar que la sociedad tenga hoy una percepción tan devaluada de ella. Un cordial saludo.
D.Francisco, habla Vd. hoy de valores fundamentales del alma humana, imprescindibles para el funcionamiento coherente de la sociedad: Etica, Honradez, Verdad....palabras que habrían de escribirse siempre con mayúscula. En otro tiempo, cualquier delincuente, canalla ó criminal se podía sonrojar -esgrimiendo los argumentos adecuados- y reconocer con vergüenza su culpa, incluso arrepentirse, reconocer su maldad; porque había un sentimiento común que le hacía comprender que con su conducta había faltado a esa Etica, o a la Honradez....Hoy vivimos una nueva y pérfida torre de Babel, en la que carecemos de ese lenguaje común en el que todos podíamos entedernos. La Etica se reduce a lo económicamente rentable, la Honradez se entiende de diversas maneras: hoy pueden existir honradas prostitutas , honrados estafadores... y hasta honrados asesinos que campean a sus anchas tras unas irrisorias condenas; y la Verdad sí, existe; pero cada uno posee la suya propia......
Miércoles, 30 de mayo
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes