
Con la seguridad y la libertad que dan los años vividos plenamente, nos volvemos a dos intelectuales ibéricos muy comprometidos socialmente, porque su mensaje económico-social es muy actual. Me refiero a JL. San Pedro y José Saramago, que se han rebelado siempre contra las injusticias que padece nuestro mundo, agravadas con la tiranía del mercado.
El Premio Nobel de Literatura se ha referido al mayo francés del 68 en que se pidió un cambio radical en el mundo, para concluir que nada ha cambiado. Tiene razón nada ha cambiado, nada signaficativo ha sucedido que haya hecho mejorar la situación de la humanidad en su conjunto, sino todo lo contrario.
La pobreza ha aumentado en el Tercer Mundo, en la Europa del Este y hoy hasta en la Unión Europea. En cambio, la riqueza ha aumentado desmesuradamente en los países muy industrializados. Un crecimiento que representa un agravio a los derechos humanos y a la justicia social, que pretende encontrar justificación en la competencia que la globalización económica fomenta y en la que estamos atrapados también nosotros.
No nos está permitido permanecer pasivos, si el Gobierno no remedia esta situación en nuestro país, habiendo como hay recursos sufcientes para que todos podamos vivir con dignidad. Esto se lo hicieron ver ayer los trabajadores que se manifestaron en defensa de su derecho a un puesto de trabajo que el neoliberalismo insolidario les niega.
Bastaría con un reparto equitativo del trabajo y la producción, guiados más por la solidaridad que por la competencia. Con un puesto de trabajo y un salario mayor los trabajadores aportarían el consumo que nos sacaría de la crisis actual.Los que creemos en la utopía de un mundo de todos y con las mismas oportunidades, no estamos dispuestos a someternos a las leyes de la economía salveje, que hacen inviables unas relaciones universales de igualdad entre los ciudadanos y los pueblos.
Bien visto, el tan cacareado fenómeno de la globalización no es original en nada, es simplemente la nueva careta que el capitalismo se ha puesto para imponer a los Estados sus leyes en todos los órdenes, el político, el económico, el cultural etc. La táctica ahora consiste en presentarse como inevitable y fomentar la sumisión y resignación ciudadana.
Sería catastrófico someternos a ella particularmente para los países en vía de desarrollo, porque significaría quedar condenados a vivir en permanente agonía.
Frente a la resignación hay que fomentar el espíritu crítico de esta realidad, si queremos un mínimo de decencia social.
En otras palabres, frente al capitalismo sin rostro humano, hay que cultivar el socialismo verdadero que el Papa Pío XI veía más próximo al ideal cristiano. La decencia social implica corregir desigualdades en todos los órdenes y educar en derechos y deberes. Los ciudadanos tenemos mucho que hacer y decir para que esto sea real algún día.
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Moisés, estás muy perezoso hoy. A pesar del desorden que se observa en el tema, puedes hablar de una economía decente. Rodriguez San Pedro, que fué profesor de algunos minisitros de economía del Gobierno de Felipe González, dice que las crisis económicas actuales (y las que vengan serán aún más fuertes),se deben a que el capitalismo se ha agotado, no da más de sí. Puedes hablar de la pobreza que ha aumentado en el Terc. Mundo, aunque nunca se había producido tanta riqueza en los países industrializados. Tú, como experto mercanil, ¿qué opinas de todo esto?
Esperamos tu sabia respuesta.
Un saludo esperanzado
Por decencia "personal" me encantaría comentar este escrito, pero ¿por dónde empezar?
Miércoles, 30 de mayo
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes