El Trabajador

"¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
(La saeta, Antonio Machado)
Jesucristo, muerto por
nuestros pecados y
resucitado para
nuestra salvación,
trabajador de
nuestra redención:
ven en nuestra ayuda
para liberarnos de la
represión del paro y
de la opresión
del trabajo.
El trabajo es un medio de realización del
hombre. Y sin embargo, tambien es es el medio
más común de explotación. El trabajo expresa
la capacidad creadora del hombre. Y sin em-
bargo, tal como hoy aún lo entendemos se con-
vierte en cruz lo que debiera ser corona.Unos, porque ciegos, sólo miden el trabajo
por su cuenta. Otros, porque forzados por la
situación sólo lo aceptamos como medio de con
seguir la supervivencia. Y todos olvidamos,o
a olvidar nos fuerzan, lo más sublime del
trabajo: la autorrealización del hombre.Por eso necesitamos la liberación de la
servidumbre del trabajo para pasar al Rei-
no del servicio por el trabajo.Y es que toda la humanidad, cada hombre
y cada mujer, goza de cualificación profe-
sional, de vocación.El Creador nos ha colocado a todos (y no
manda a nadie al paro) en su gran empresa
para producir un mundo reflejo de su gloriaY si la opresión frustó el proyecto divi
no. JESUS, EL MESIAS, EL HOMBRE NUEVO, quita
el pecado del mundo: ANUNCIA LA BUENA NOTICIA
A LOS POBRES, LA LIBARTAD A LOS OPRIMIDOS, LA
GRACIA DE DIOS A LOS PECADORES.Y el trabajo que Dios quiere es éste: que
creamos en su Hijo Jesucristo, Nuestro Her-
mano y que en la tierra se produzca la Comu-
nidad, amándonos como él nos amó.
El paro crucifica al trabajador
¡AYUDALE A SALVARSE!
Cáritas-Andalucia
Doctrina Social de la Iglesia
El sistema actual descansa principalmente sobre el capital y el trabajo, por lo que es necesario que se conozcan y lleven a la práctica los principios de la recta razón o filosofía social cristiana sobre ellos y su mutua coordinación. Para evitar los escollos tanto del individualismo como del colectivismo, debe sopesarse con toda equidad y rigor el doble carácter, esto es, individual y social, del capital o dominio y del trabajo. Las relaciones entre ambos deben ser reguladas conforme a las leyes de la más estricta justicia llamada conmutativa, con la ayuda de la caridad cristiana.
La libre concurrencia, contenida dentro de límites seguros y justos, y sobre todo la dictadura económica, deben estar imprescindiblemente sometidas de una manera eficaz a la autoridad pública en todas aquellas cosas que le competen. Las instituciones públicas deben conformar toda la sociedad humana a las exigencias del bien común, o sea, a la norma de la justicia social, con lo cual ese importantísimo sector de la vida social que es la economía no podrá menos de encuadrarse dentro de un orden recto y sano.
Pío XI, Encíclica Quadragesimo Anno, 110 (Remedios)
Miércoles, 30 de mayo
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes