
Se ha dicho con mucha razón que "el envejecimiento no es un problema, es un logro. El problema es que no tenemos una sociedad ni una economía que se estén adaptando a ese logro". (Nitin Desai, subsecretario general de Naciones Unidas)
Si vamos a las páginas de la historia, nos encontramos con imáginas muy expresivas que ponen de relieve el protagonismo y la admiración que han tenido los ancianos hasta hace poco tiempo. Durante milenios, antes de que apareciera la escritura, el hombre tenía que mantener en la memoria todo el saber que iba aportando la civilización, por lo que los viejos del lugar se convirtieron en grandes archivos y enciclpedias vivientes.
En la India hubo alguno que recitaba de memoria millones de versos. A medida que las civilizaciones avanzaban se iba cultivando más la memoria y merced a este recurso se pudo conservar la gran masa de la literatura indú. Sin escritura y sin libro-archivo el anciano se hizo imprescindible, era como el "Espasa vital".
Los románticos del siglo XVII, un siglo lleno de melancolía, pintaban y cantaban la gracia de la mujer madura con mucha voluptuosidad. Para ellos la mujer que ha dejado de ser jóven es la que pesee "el alma más sabrosa", así lo describe Ortega: Llegada esa hora vendimial del otoño, cuando la uva, precisamente porque han pasado por ella todos los los soles del estío, han logrado hacer con ellos su sublime dulzura.
Como decía antes el subseretario general de Naciones Unidas, la vejez no es un problema, sino un logro sanitario, cultural y social, al menos en los países del Primer Mundo, en los que en unas décadas la población mayor de 60 años se habrá triplicado. Los que no tienen la misma fortuna son los ciudadanos del Tercer Mundo, que mueren prematuramente, porque no pueden alimentarse como es debido ni tienen a su alcance los medicamentos necesarios para combatir enfermedades como el sida.
Concretamente en Africa, sólo en la zona subsahariana, los ancianos tienen que cuidar a ocho millones de niños huérfanos a causa del sida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y algunas ONGs vienen trabajando con ahinco desde hace tiempo y dan fe de ello.
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La vejez no es un problema,
es un logro sanitario, cultural
y social, al menos en los países
del Primer Mundo, en los que
dentro de unas pocas décadas la
población mayor de 60 años se
habrá triplicado.
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¿Qué os sugiere todo esto, lectores?
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Una vez más, Moisés, eres el primero en intervenir y en enriquecer el texto. Esta vez con una cita muy interesante de Aristóteles y otra del libro de la Sabiduría. Las dos confirman que se puede ser jóven en la vejez, como hay jóvenes que son viejos antes de tiempo. Los años no hay que tomarlos al pie de la letra, sólo sirven de orientación.
Un saludo de jóven a joven, ambos mayores.
Aquí sí que puedo tener opinión: soy viejo. Y estoy muy contento, aunque en estas épocas, adoradoras de la juventud, no tengamos muy buena prensa.
Ya Aristóteles escribía: "En general, los ancianos y los extravagantes se sienten muy poco inclinados a la amistad, porque el sentimiento del placer tiene poco influjo en ellos". "Si la amistad se produce con menos frecuencia entre los melancólicos y los ancianos, es porque son gentes de mal humor" (Moral a Nicómaco, VI)
"Que la honrada vejez no es la de los muchos años, ni se mide por el número de días. La prudencia es la verdadera canicie del hombre, y la verdadera ancianidad es una vida inmaculada" (Sab 4, 8- 9)
Es mi resumen a lo que pide D. Francisco al final de su escrito. Así me gustaría haber sido y ser... tan lejos de la realidad...
Saludos
Miércoles, 30 de mayo
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes