
Fotografía de Bonhoeffer
en la portada del libro
Cristianismo y Secularidad
Francisco Margallo Bazago
Capítulo Sexto
Teología y muerte cultural de Dios
(Cont.)
4. Puntos claves de la teología radical
Son muchos los puntos neurálgicos que se encuentran en las diversas teologías de la muerte de Dios. Pero hay dos particularmente relacionadas con el tema que tocamos en el presente trabajo a los que me voy a referir ahora. Uno muy característico es el proceso abierto a todas las formas de teísmo, de teodicea, helenismo y metafísica.
Los puntos de partida pueden ser diferentes, por ejemplo, pragmatismo filosófico, movimiento bíblico, nuevas formas de evangelización etc., pero la meta es una: desaprobación total de la metafísica, la teodicea o el teísmo y darnos la imagen del Dios verdadero. Se considera al teísmo y a la metafísica como los verdaderos responsables de la muerte de Dios en la conciencia occidental.
El Dios del teísmo y de la metafísica no es simplemente una ilusión, sino un falso dios, un ídolo que ha apartado al hombre del verdadero Dios, al que hay que buscar por otros caminos, particularmente por la vía del Evangelio. El teólogo católico J.J. Natanson no duda en considerar la identificación que el pensamiento ha hecho del Dios de los filósofos y el Dios cristiano la causa por excelencia de la quiebra del cristianismo en la proclamación de su Buena Nueva. El otro punto a tener en cuenta, al que he aludido, es la exaltación de la figura de Jesús por estos teólogos, en los que se descubre una gran veneración por él. Hasta tal punto que es a partir de su figura como se podrá superar la presente crisis y encontrar el verdadero discurso sobre Dios.
Incluso es posible pensar que a estos teólogos les es más fácil creer en la divinidad de Jesús que en la de Dios. Espontáneamente surgen las cuestiones que tratamos a continuación ¿Qué revela esta teología? A pesar de las múltiples lagunas, este movimiento revela el malestar del pensamiento teológico contemporáneo por el uso que se hace del nombre de Dios, lo que ha desembocado en una verdadera crisis de fe ¿Cómo afrontarla?
En el análisis de sus causas aparece evidente el abuso del nombre de Dios, porque se ha hablado y se habla tanto de él que hoy día la sola pronunciación de la palabra produce rechazo en muchos. Nosotros no estamos exentos de culpa, ya que, desoyendo el segundo mandamiento, hemos tomado en vano muchas veces su nombre. Por tanto, aunque no sigamos literalmente a los teólogos de la muerte de Dios, se hace necesaria una mayor discreción a la hora de hablar de él.
En efecto, un Dios del que se cree saber mucho y del que se habla demasiado, cansa y termina aburriéndonos. Y, yendo al fondo de la cuestión, es posible que más allá de esta saturación de la que hablamos, encontremos un malestar más general de toda una civilización saturada de mensajes vacíos y de una sociedad de consumo no sólo económico, sino también cultural e ideológico en la que las palabras pierden el sentido y las realidades más profundas dejan de tener consistencia.
Un factor positivo a tener en cuenta es que el creyente adulto de hoy teme rebajar a Dios reduciéndole a la medida de sus necesidades. Hoy no se quiere un Dios "tapaagujeros", como denunció Bonhoeffer, porque no se le considera Dios, sino la proyección ilimitada de nuestras limitaciones.
Podemos preguntarnos incluso si la cuestión de base no sea tanto la existencia de Dios, sino qué sea Dios y cómo hablar de él. Posiblemente nos encontramos ante una crisis profunda del lenguaje y en ese caso, más que hablar de la teología de la muerte de Dios, tendríamos que hablar de la muerte de la teología.
Hagamos finalmente referencia a algo que es fundamental en esta cuestión:
el diálogo o la dimensión de la alteridad. Para reconocer a Dios como el Otro, es necesario salir de nuestro enclaustramiento, para aceptar que El venga, se manifieste y se revele. El Otro no puede ser descubierto ni aproximarse a mí, si yo no soy capaz de aproximarme al otro, al hombre.
Posiblemente las teologías de la muerte de Dios se alcen sobre esta dificultad que tiene el hombre de aceptar al otro y de aceptar que él no existe solo. Como ha dicho Gesché, "no hay conocimiento de Dios sin previo conocimiento del hombre". De ahí que Cristo sea el Revelador, es decir, el que muestra el verdadero rostro de Dios.
Bibliografía
JJ. Natansson "Qui est notre Dieu?. Athéisme, théisme, christianisme, Esprit, 10 (1967); id. "La mort de Dieu et le procés de la méthaphisique", en Eph Théol. Lov., 45 (1969)
A. Gesché, "Apropos des théologies de la mort de Dieu" Collectanea Michlilensia 54 (1969).
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Cristianismo y Secularidad
Manual de Nueva Teologís Política Europea
Ed. Tirant Lo Blanch, Valencia 2007
Por Francisco Margallo
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¿Os habéis percatado de que la intención de los teólogos de la muertede Dios no es negar su existencia, sino recuperar su imagen verdadera?
¿Será el abuso que hemos hecho de Dios, acudiendo continuamente a él, como a un mago, para que resolviera nuestras necesidades, lo que ha creado la crisis de Dios?
¿Qué os parece la revalorización de la figura de Jesús como sustitución de Dios o de llegar a él? ¿Que os sugiere la afirmación de creer más en la divinidad de Jesús que en la de Dios? (ídolo).
¿Y que la vía para acercarse a Dios (al Otro con mayúscula), hay que acercarse primero al hombre(al otro con minúscula)?.
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Manuel R-H, leyendo la primera parte de tu exposición, he podido apreciar la experiencia tan viva y cercana que nos has transmitido del Dios que tiene su mejor expresión en Jescucristo. Sin duda en Él se nos ha dado la mejor revelación de Diosl. Él a su vez quiere que nosotros le encontremos vivo permanentemente en cada ser humano. En este sentido podemos decir que nos ha hecho a todos dioses,
En la segunda, reconozco que tenía mucha razón tu antiguo párroco al decir que no conocía a otro Dios que a Jesucristo. Creo que poco a poco vamos a ir descubriendo al verdadero Dios y desaparecerá el ídolo que hemos creado.
Los lectores verán más fácil su camino hacia el Dios desconocido con tu aportación. Gracias en nombre de todos. Un cordial saludo
......Decía mi antíguo párroco que él no conocía a Dios, conocía a Jesucristo que es el único Dios.
Por otra parte, cuando decimos que amamos a Dios, ¿no hablamos de pura teoría?¿cómo podemos manifestar un amor hacia algo que no podemos ver ni de lejos? Nosotros no podemos aportar ni un gramo de felicidad ni provocar una sonrisa en quien es eternamente feliz. Sólo podemos compartir ese Amor que recibimos de El y proyectarlo hacia el resto de sus hijos, que son nuestros hermanos. Aunque muchos pretendan “cortocircuitar” ese camino para llegar a Dios por la vía directa, el camino hacia Dios pasa siempre por nuestro prójimo. En el primer Mandamiento, amar a Dios Y amar al prójimo, ese Y no separa dos amores distintos, sino que implica equivalencia: amar a Dios = amar al prójimo. Esa es al menos mi humilde opinión. Un cordial saludo.
D.Francisco; precisamente en otro foro (Jairo del Agua) hemos comentado recientemente la desfiguración de la imagen de Dios que históricamente se ha ofrecido por parte de los que creen tener “hilo directo”con El. Ciertamente Jesús nos presenta un Dios Padre cercano y amoroso en Abba. De ahí hemos degenerado en la fe en un Dios curandero, médico de cabecera, dispuesto siempre a solucionar nuestros problemas personales, enemigo de nuestros enemigos, cuya presencia siempre encontramos en el lugar cálido y tranquilo del templo, siempre dispuesto a acoger pacientemente esa gerga imperfecta que llamamos oración.
Pero esa cercanía de Dios tiene su máxima expresión en la figura de Jesucristo, que se ofrece como único Camino, Verdad y Vida. No hay otro camino para llegar a Dios. Tenemos que descubrir la divinidad de Dios en la perfección de su humanidad; Jesús es Dios porque ningun ser humano lo es hasta tal extremo como sólo Dios lo puede llegar a ser. .....
Miércoles, 30 de mayo
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
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