El Blog de Francisco Margallo

Virtudes públicas en Ortega, curso

11.02.10 | 10:00. Archivado en Filosofía de Ortega
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Fotografía de
José Ortega
y Gasset
(filósofo)

Capítulo Tercero

La Política

La tercera de las virtudes públicas que analizamos y ocupa ahora nuestra atención es la política. Ortega nos advierte que es necesario ampliar los contornos del concepto reduccionista en que hemos encerrado una virtud tan amplia e importante, para que signifique otras muchas actividades más allá de la mera actividad electoral, parlamentaria y gubernativa.

La Liga de Educación Política Española creada por él y un grupo de intelectuales, en 1913, quiere que la política incluya en sí todas las formas y principios de socialización. Por consiguiente, la nueva política ha de distinguirse de la vieja en que lo urgente para ella no es la consecución del gobierno.

Lo más importante es el fomento de la vitalidad de la nación, se esté en el gobierno o en la oposición. En consecuencia, la nueva política se propone como meta primera hacer eficaz la maquina del Estado y aumentar la vida de la sociedad en lo que es independiente de él. En ese sentido la ha definido en algún momento como "conciencia y actividad de lo social". Y, queriendo significar su carácter virtuoso, no ha dudado en calificarla como "divina esencia" actuante en la vida de los pueblos (Vieja y nueva política I, 275ss).

El Intelectual y la política

La inserción de la obra de Ortega en la circunstancia de la anormalidad en que vive España respecto a Europa en ese momento, tenía que impulsarle forzosamente hacia la política. El ambiente familiar periodístico que le rodeaba fue un acicate para ello. Pero la decisión la iría madurando a partir de que los jefes de los partidos políticos pidieran a algunos intelectuales que participaran en política.

Estamos en 1910 . Tuvo sus dudas, como se pone de manifiesto en el siguiente texto: "Para un intelectual la operación de ingresar en un partido político no es idea fácil; un cuerpo y aun una conciencia hallan donde quiera acomodo, pero ¿y una filosofía? Buena o mala, laxa o prieta, todo publicista que vive honradamente de su pensar tiene una filosofía ¿Cómo adecuar ésta a los discursos parlamentarios de un jefe de partido? ¿Hasta que punto es compatible una filosofía con el señor Maura, con el señor Moret o con el señor Lerroux?"(La teología de Renan I, 133). Como veremos después, Marías sitúa la aparición de Ortega en la vida pública en 1914.

A tenor de los estudios publicados por otro especialista en Ortega, José-LuisAbellán, esa aparición es más temprana. Se remonta a 1902 en que publica un artículo titulado "Glosas" en la revista Vida Nueva. En ese artículo se pone de manifiesto que la estructura básica de su pensamiento tanto en el tema político como en el religioso, ambos importantes entonces, está ya claramente asentada. Más adelante veremos cómo Marías y Abellán coinciden en la misma fecha.

Ahora estamos en el año en que Alfonso XIII es declarado mayor de edad y sube al trono, relata Abellán en su libro Ortega y la Transición Española (Espasa). En 1906 se casa con María Victoria Eugenia y sufren ambos el atentado de Morral en la calle Mayor de Madrid. Es el inicio de una época politica en que Maura va a desempeñar un papel importante; es también el tiempo de los primeros movimientos sociales que culminarían con la Semana Trágica de Barcelona y el fusilamiento del anarquista Ferrer.

La inquietud aumentaría considerablemente con el envío de tropas a Marruecos . En fin, son tiempos azarosos de la vida española, a que se referiría Ortega con frecuencia y que motivarían la creación de la Liga de Educación Política Española, que veremos detenidamente más adelante.El 12 de marzo de 1910 imparte en la Sociedad El Sitio de Bilbao una conferencia titulada "La pedagogía social como programa político", en la que pone de manifiesto que el problema primero de España es el de transformar la realidad social.

Los españoles no pueden abdicar de este deber, a diferencia de los europeos que lo tienen resuelto. Así el francés, el inglés y el alemán pueden, no digo que deban, desentenderse de los problemas nacionales. Sus patrias no serán sociedades perfectas, pero están dotadas de todas las funciones esenciales, servidas por órganos en buen uso. Su vida como ciudadanos se halla, pues, plenamente organizada sin necesidad de su intervención. Los impuestos no les asfixiarán, la higiene municipal velará por su salud, la Universidad enriquece casi mecánicamente su conocimiento; la biblioteca más próxima le proporciona de balde los libros que necesite; podrá viajar sin mucho gasto y al depositar el voto en tiempo de elecciones volverá a su casa sin temor de que se falsifique su voluntad.

En nuestro caso es bien distinto: "El español que pretenda huir de las preocupaciones nacionales será hecho prisionero de ellas diez veces al día y acabará por comprender que para un hombre nacido entre el Bidasoa y Gibraltar es España el problema primero y perentorio. Este problema es, como digo, el de transformar la realidad social circundante. Al instrumento para producir esa transformación llamamos política. El español necesita, pues, ser antes que nada político" (La pedagogía social como programa político I, 503-507).

Consecuente con este pensamiento, después de doce años de actividad literaria, de colaboración frecuente en periódicos, revistas y de conferenciante en diversas tribunas, en 1914, relata Julián Marías, "se da de alta" en la vida pública. En su reflexión sobre algo tan trascendental dice el mismo Ortega: "la política puede significar dos cosas: arte de gobernar o arte de conseguir el Gobierno y conservarlo...Es menester repetir a toda hora que es un acto inmoral convertirse en conquistador del poder sin crearse previamente un ideal gubernativo...

Entre nosotros se ha hecho una separación indebida de la política de acción y la política ideal, como si la una tuviera sentido huérfana de la otra. La historia contemporánea de nuestro país ha hecho patente hasta qué punto de miseria puede llegar una política activa exenta de ideal político".(Ibid., 507).

Para él, hay una primera política o algo previo a la política sensu stricto, que se pregunta por la realidad social, y que es la única que puede dar sentido a la política encargada de dominarla y regirla. Por eso, él va a hacer de la pedagogía social el programa político de ese momento. "La pedagogía anticipa lo que el hombre debe ser y después busca los instrumentos para que el hombre llegue a ser lo que debe" (Ibid., 509).

En esto está muy influido por sus maestros de Marburgo, Hermann Cohen y Paul Natorp; la Pedagogía social de este último le ha inspirado la conferencia de Bilbao. De estos dos profesores precisamente le viene también su simpatía por el socialismo en estos primeros años, que se corresponde con la orientación política de sus maestros .

Al hablar en otro momento sobre la Socialización de la escuela, Ortega aclara en un párrafo lleno de elocuencia, lo que piensa sobre la sociedad, la democracia, el socialismo, el trabajador y la cultura: "Si la sociedad es cooperación, los miembros de la sociedad tienen que ser, antes que otra cosa, trabajadores. En la sociedad no puede participar quien no trabaja.

Esta es la afirmación mediante la cual la democracia se precisa en socialismo. Socializar al hombre es hacer de él un trabajador en la magnífica tarea humana, en la cultura, donde cultura abarca todo, desde cavar la tierra hasta componer versos...El trabajador, si no ha de ser esclavo, necesita tener conciencia viva del sentido de su labor. Me parece inhumano retener a un hombre durante treinta años en el rincón de un taller sin que se le proporcione una visión de las cosas que dé una noble significación a su faena" (Socialización de la escuela I, 517-518).

10 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 13.02.10 | 00:52

    Es justo, Moisés, que con este bello y sabio discurso con que nos has deieitado pongamos punto final al post de hoy. Gracias y hasta mañana

  • Comentario por Moisés 12.02.10 | 16:40

    No cambiarán. Son enternecedores. Les admiramos, pero no podemos aceptarlos. En el fondo, más que admirarlos, les queremos. Son buenos, pero aunque no sean jóvenes, debemos aplicarles lo que decía de Santa Teresa, la cual también decía que los confesores se debían elegir que fueran sabios y santos, pero si no podían ser las dos cosas, mejor sabios.

    Luego tenemos los adultos, con talento, con formación, con ganas de llegar a la verdad, que se dan cuenta de que los hombres no son ángeles, que están abiertos de mente y asentados en la realidad, que intentan conocer. A estos tendremos que estar atentos: nos pueden ayudar mucho a comprender y corregir el mundo.

    Perdone el rollo que (aunque muy pensado desde siempre) he improvisado sobre la marcha.

    Tenga en cuenta que yo nunca he sido joven: sólo he tenido pocos años.

  • Comentario por Moisés 12.02.10 | 16:32

    "arreglar" el mundo y corregir sus evidentes injusticias. Aquí quizá convenga recordar lo que Santa Teresa decía al P. Gracián en carta de 12 de diciembre de 1.579: "Y no se había de fiar tanto de gente moza por santos que sean ni nada; porque, como no tienen experiencia, con buena intención harán gran estrago". Es decir, a los jóvenes honrados y fogosos, los perdonamos porque los entendemos.

    De los adultos tenemos que distinguir:

    - los que no se informan suficientemente y son fanáticos. Son incorregibles.

    - los que procuran informarse y tienen capacidad intelectual. Aquí tenemos que notar:

    - los que tienen gran talento, conocimientos, pero tienen una mente "infantil" (sin ofender, naturalmente), que en el fondo piensan que pintar es como querer, que el "hombre" es bueno, que la sociedad estropea a las personas, que en el futuro todo se puede arreglar, que hay que ir a conseguir que todos sean iguales... No tienen solución. No cambiar...

  • Comentario por Moisés 12.02.10 | 16:18

    Como estamos con este "lío" del socialismo (teoría y práctica), quisiera fijar mi punto de vista para saber la situación desde la que partimos para evitar confusionismos. La claridad, decía Ortega, es la cortesía del filósofo (aunque yo no lo sea, también).
    Hay, en mi opinión, dos grandes grupos:
    1.- Los que viven de ser socialistas
    2.- Los que no se aprovechan económica ni socialmente del socialismo

    A los del primer grupo se les comprende muy bien: tienen que comer, el estómago es muy exigente, la familia apremia, etc. Con o sin honradez, hay que vivir. Muchos muy por encima de sus merecimientos. Pero se les entiende muy bien, aunque muchas veces (muchísimas, para ser más precisos) no se les pueda justificar.

    En el segundo grupo, creo que hay que hacer una serie de subgrupos:

    a) los jóvenes
    b) los adultos

    A los jóvenes (que sean honrados) se les comprende bastante bien porque la juventud siempre quiere "arr...

  • Comentario por Moisés 12.02.10 | 10:38

    Esperaré con ilusión el artículo que anuncia. Estoy absolutamente convencido de que Ortega cambió su pensamiento a partir de La rebelión de las masas (1.929) y radicalmente en los primeros tiempos de la República donde estuvo en un tris de que los "rojos" le mandaran para el otro barrio sin contemplaciones. Después de la Guerra Civil y su voluntario exilio, especialmente en Argentina, se afianzó en su antisocialismo y no digamos a su vuelta a España, totalmente decepcionado, principalmente por la constatación de sus errores políticos y las trágicas consecuencias que tuvo el socialismo "real" y el socialismo nazi y fascista. Todo esto son opiniones mías, sin más valor, desde luego, por lo que espero ansioso su explicación y, si es satisfactoria (lol que no creo), cambiar de opinión.
    De Pablo Iglesias, mejor no hablamos. Hay muchísimo que tapar y callar por parte de los que le defienden.
    Saludos cordiales

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 11.02.10 | 22:10

    Me decías, Moisés, que si al final de su vida cambiaría Ortega de la idea del socialismo que tenía en los tiempos primeros. Te puse unos textos que me parecían irreversibles en su vida, porque a mi modo de ver, su socialismo no se parecía en nada al de los personajes que mencionabas. El se fijó mucho en Pablo Iglesias que consideraba un santo laico, sólo veía virtudes en él y también en D. Francisco Giner, los europeos máximos de España.
    Esta visión virtuosa de Pablo Iglesias la sostiene en 1979 el teólogo escriturista JM González Ruíz que, en un libro titulado Los santos que nunca serán canonizados, incluye a Pablo Iglesias entre ellos. Todo esto me lleva a pensar que su socialismo no pudo cambiar, formaba parte de su pensamiento, una verdad adquirida, decía, para in aeternum. Ese tema le tocaré cuando termine el de la política comensado hoy y que durará varias semanas. El siguiente y últ capítulo de las virtudes públicas versa sobre el socialismo y con él terminará el curso sob...

  • Comentario por Moisés 11.02.10 | 16:19

    Lo que yo preguntaba y pregunto es:

    - ¿cuándo escribió esos textos?

    - ¿qué "pensó" después? ¿Había cambiado de opinión? ¿Cree Vd. que volvería a escribir esos textos en 1.955, cuando murió,después de ver, sopesar y calibrar lo sucedido en el mundo y, en especial, en el socialismo?

    Para mí ésas son las preguntas. Sólo Dios (sólo) es capaz de decir una palabra definitiva.

    Sería bueno que cuando tenga tiempo y ganas nos contestara a las dos preguntas claves.

    Cordialmente,

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 11.02.10 | 16:04

    paz. El socialismo es el constructor de la gran paz sobre la tierra. El socialismo, antes que una necesidad económica, es un deber, una virtud, una moral, es la verdad científica, es la justicia. Y la justicia, ¿qué es sino la exactitud aplicada a lo caritativo, la matemática de la caridad, tercera de las virtudes teologales. ¿Cómo no he de trabajar para que el socialismo deje de significar principalmente enemistad, negación, lucha? No, no; los socialistas no somos sólo enemigos de nuestros enemigos, no somos un principio de enemistad. Somos, antes que esto y más que esto, amigos de nuestros amigos; tenemos un ideal de ubres inagotables en torno al cual se agrupan, se aúnan, comulgan, comunican y se socializan los hombres; antes que nada y más que nada, somos un principio de amistad". Este es, Moisés, el socialismo que yo defiendo sin militar en ningún partido.
    Con todo afecto. Me lo ha inyectado Ortega como a él se lo inyectaron sus profespres en Marburgo (Alemania).

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 11.02.10 | 15:56

    Acepto, Moisés, todo lo que dices acerca de los contextos históricos que mencionas, pero la idea que se desprende del socialismo orteguiano los trasciende a todos. va más allá. Te pongo unos textos que considero irreversibles:
    "Socialismo, la palabra más grave y noble, la palabra divina del vocabulario moral moderno...El socialismo no es para mí un vocablo aprendido, como suelen serlo los términos científicos, no es algo externo a mí o que pueda yo poner o quitar de mi espíritu. Para mí, socialismo es la palabra nueva, la palabra de comunión y de comunidad, la palabra eucarística que simboliza todas las virtudes novísimas y fecundas...Para mí, socialismo y humanidad son dos voces sinónimas, son dos gritos varios para una misma y suprema idea, y cuando se pronuncian con vigor y convicción, el Dios se hace carne y habita entre nosotros"... "Para mí, socialismo es cultura. Y cultura es cultivo, construcción. Y cultiv y construcción son p

  • Comentario por Moisés 11.02.10 | 15:03

    El artículo me parece muy bien. Sólo quiero sacar dos puntas:
    -aprovecha un poco de pasada y como el que no quiere la cosa lo del "socialismo".
    - hay que notar las fechas; es sumamente importante como reiteró muchas veces don Julián Marías.
    Estos escritos (y sus ideas, por tanto) son anteriores, incluso a la I Guerra Mundial, á la implantación del comunismo en Rusia por Lenin, muchos años antes de conocer las "purgas" de Stalin a finales de los años treinta, al ascenso de Mussolini en Italia con su socialismo a cuestas, muchos años antes de ganar las elecciones y por tanto llegar al poder del otro socialista, Hitler, mucho antes de nuestra II República, nuestra Guerra Civil, la II Guerra Mundial, etc.
    Es muy importante comparar lo que decía Ortega antes y después de todos esos acontecimientos que cambiaron el mundo.
    La cita que yo le dí de Ortega sobre el marxismo y el cinismo es de 1.940.
    Hay que situarse en cada época, porque las personas cambiamos...

Miércoles, 30 de mayo

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