El Blog de Francisco Margallo

Virtudes públicas en Ortega, curso

14.01.10 | 13:30. Archivado en Filosofía de Ortega
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Capítulo Segundo

La cultura (cont)

Cultura posmoderna

Los profesionales de los medios de comunicación pueden jugar un papel importante en la salvaguarda de la cultura, siendo los ojos y la voz de la opinión pública. Ahora bien, para poder desempeñar este papel necesitan una buena dosis de honestidad, porque los fuertes económicamente quieren tenerlos a su servicio para, de esta manera, dominar dicha opinión.

La cultura tal como Ortega la presenta se opone a esta manipulación, porque es una virtud solidaria y hace solidarios a los hombres. Ahora bien, nuestra sociedad de bienestar está produciendo una falta de sensibilidad hacia los valores humanos más nobles y esto repercute muy negativamente a la hora de lograr el ideal de humanización y socialización del hombre. Solos los bienes materiales no son alternativa fiable de nada, la alternativa es fruto de una cultura de respeto y solidaridad entre los hombres y los pueblos.

En consecuencia, la desorientación al enfocar el problema social ha creado una de las crisis culturales más graves de la historia, que se manifiesta en la falta de los valores a que aludíamos antes, motivada, en buena parte, por todo lo que el mismo hombre crea e inventa para facilitarse la vida, pero que termina volviéndose contra él.

Ante esta situación, un sector de la población mundial quiere contrarrestar la crisis con lo que el teólogo alemán Johann Baptist Metz ha llamado "cultura posmodernista", esto es, una actitud pasiva del rico Occidente ante el sufrimiento de los demás, para no amargarse la vida color de rosa en que vive enfundado.

Lógicamente hay que reaccionar contra esta cultura miope y hedonista, que no quiere saber nada de la situación calamitosa de los pueblos empobrecidos, revitalizando la cultura de la utopía, de los grandes valores, como la justicia y la libertad, si queremos remontar esta grave crisis mundial. La importancia que la Constitución Pastoral sobre la Iglesia del Vaticano II da a la cultura, concediéndole autonomía propia, se basa en la capacidad que ella tiene de vertebrar la sociedad (GS 59).

Volviendo al pensamiento de Ortega y matizando un poco más, digamos que la crisis actual de la cultura es una crisis de desorientación general de la vida, porque el hombre masa carece de proyecto. No es extraño, pues, que todo eso que el hombre crea e inventa, llegue un momento en que se vuelva contra él. Precisamente, por ser una creación queda fuera del sujeto que la creó, se convierte en cosa, en mundo frente al hombre, y se desentiende de la intención con que el hombre la creó.

Este es el momento que vivimos. La ciencia, la técnica, la economía y la política permisiva que la acompañan amenazan con estrangular al hombre. Las ciencias, al multiplicarse y especializarse con tanta profusión, rebasan la capacidad de adquisición que el hombre posee y le acongojan y oprimen. El hombre-masa no puede gobernar y controlar la civilización de la que vive, con lo que el régimen de vitalidad que se le atribuye a la cultura como su verdadera condición desaparece.

Las escuelas que enorgullecían al siglo XIX no hicieron otra cosa que enseñar a las masas las técnicas de la vida moderna, pero no logró educarlas. Se les ha dotado de instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; "cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate- snob".

Se les ha inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos, pero no el espíritu. Por eso no quieren nada con el espíritu y las nuevas generaciones se disponen así a tomar el mando del mundo como si el mundo fuese un paríso sin huellas antiguas, sin problemas tradicionales y complejos (La rebelión de las masas: Un dato estadístico IV, 141, 170-173 y Prólogo para franceses, 121).

A pesar de todo, no hay ningún aspecto de la vida que no esté sellado por la obra de la cultura, sin que esta revista, obviamente, el aspecto hierático y solemne que indebidamente se le atribuye. La cultura no es más que el resultado de humildes necesidades del hombre, por tanto, todo cuanto rodea su vida es un ámbito de cultura, que ha de estar animado por el espíritu. De todo esto habla Ortega magistralmente en su obra máxima La rebelión de las masas.

¿No os sugiere ningún comentario la noción de cultura de nuestro mayor filósofo?
¿Sabíais que Julián Marías se dedicó toda su vida a difundir la filosofía de su maestro? Yo también disfruto dándole a conocer, porque su mensaje es muy beneficioso para la sociedad, incluso para el cristianismo ¿no creéis? ¡Animo!

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 14.01.10 | 23:21

    presentar el socialismo como teología social y democrática o como la secularización política de la comunidad religiosa. Y pata explicar el credo socialista no duda en hacer suya la tesis de Unamuno que ve el socialismo como un movimiento cultural y un método más que una doctrina. No hay en él dogmas. Tampoco puede haber en él ortodoxia nu heterodoxia ni excomuniones ( que hoy están de moda). El socialismo es unmétodo tendente a mejorar las condiciones del trabajo humano...
    También podíamos hablar de los teólogos que ven muchos lazos de unión entre el socialismo y el cristianismo, pero esto lo dejamos para otra ocasión.

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 14.01.10 | 22:34

    Moisés, como te veo intersado en el tema, sigo informándote sobre el socialismo en Ortega, que usa como argumento en su defensa que el hombre es constitutivamente social. Y siguiendo el magisterio de sus maestros en Marburgo (Alemania) Hermann Cohen y Paul Natorp se atreve a afirmar: "Es hoy una verdad científica adquirida para in aeternum que el único estado moralmente admisible que el estado socialista". Los ejemplos de Hitler, Stalin etc. no son válidos porque estos son los representantes de la irracionalidad y él habla de un socialismo democrático. También algunos socialistas son más capitalistas que otra cosa. Pero puestos a eso habría que preguntarse quién es cristiano hoy en la Iglesia, quién sigue el Evangelio de Jesucristo viviendo pobremente y editificado con la causa de los pobres.
    Sigue diciendo Ortega: el ideal socialista y su realización es el mandato nuevo, el imperativo moral puesto sobre el hombre moderno, para que este destile unas gotas de virtuz. Y no duda en...

  • Comentario por Moisés 14.01.10 | 20:33

    Perdone, don Francisco, se me olvidada (sin querer avasallar, por supuesto): hablando sólo de los grandes jerifaltes socialistas muertos (o "matados"): Hitler, Mussolini, Stalin, Mao... ¿cuántos millones de muertos inocentes, cuánta miseria, hambre, sufrimiento, miedo, falta de libertades esenciales y mínimas...? Socialismo de verdad, real. No hubo nada igual en la historia de la humanidad.

  • Comentario por Moisés 14.01.10 | 20:21

    D. Francisco: no quiero abusar ni molestarle con mis quisicosas; le agradezco sinceramente que me conteste. Ortega sobrevivió 30 años a Iglesias; años claves, gravísimos... y muchos. Siento disentir de Vd. (con humilde respeto, pues Vd. sabe mucho más que yo respecto de Ortega y tantos otros asuntos), pero mi visión es muy diferente. Si tomamos "socialismo" en un sentido amplísimo y "profesoral", teórico, casi todo el mundo podría ser "socialista" en algún momento de su vida adolescente y juvenil. Cuando se crece y madura y se observan las consecuencias (un observador agudo notaría su futuro real, contenido en sus teorías) pocas personas serias, ilustradas, desapasionadas y que no vivan "del cuento", creo que serían socialistas. No soy tan "bueno"... y no lo siento.

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 14.01.10 | 20:01

    No sé si te dije, Moisés, que Ortega mantenía una gran amistad con Pablo Iglesias, en el Congreso de los diputados donde coincidieron. J. L.Abellán que tiene un libro sobre Ortega, dice que incluso ingresó en el partido socialista, aunque en alguna ocasión se resistiera a ello. Y desde luego todo lo que dice del socialismo es elogioso; llega a decir: el único Estado moralmente admisible es el Estado socialista. En alguna ocasión le invitaron sus dirigentes a darles algunas charlas y les hablaba con toda libertad reprochándoles sus errores. El cuarto capítulo de este curso sobre las virtudes públicas trata sobre el socialismo y el anterior a éste sobre la política.
    Un cordial saludo. Se me olvidaba decir que el elogio mayor que he oído de Ortega lo ha hecho el obispo auxiliar de Madrid, Mons Franco, inspirándose en El Santo el libro del modernismo italiano, del que habla Ortega en el tomo I de su obra, edic de 1983.

  • Comentario por Moisés 14.01.10 | 18:06

    Admirado don Francisco: le observo muy entusiasta (casi en sentido etimológico) y un tantico exagerado. Lo que dice de Ortega (referido a la cultura) grosso modo (muy grosso) podría admitirlo; que Marías dedicó toda su vida a difundir la filosofía de Ortega me parece un tanto excesivo; hizo más, mucho más, algunas de las cosas muy originales (podría comentarle ahora, con ocasión de la ley del aborto; dice cosas muy interesantes, actuales y graves). Le pasa que no escribía con aquella galanura excelsa del maestro. Respecto de la influencia de Ortega tenga cuidado con lo que escribe en esta época: fué considerado fundamento de cuestiones esenciales del falangismo. ¡A ver si le van a llamar la atención D. José Luis Rodríguez Zapatero, don José Blanco o doña Leire Pajín, al parecer, lectores impenitentes y profundísimos y seguidores fidelísimos del inmortal tipógrafo ferrolano!

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