El Blog de Francisco Margallo

Una copa de champán

13.11.09 | 18:30. Archivado en Pobreza
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Ciertamente, no se trata de celebrar algún acontecimiento en estos tiempos de escasez, particularmente en los países en desarrollo.

Es la idea genial de un economista centroamericano, que se ha servido de una copa de champán, ancha por arriba a pesar de su poca altura y sumamente estrecha y alargada por abajo para explicar de manera gráfica el reparto de la riqueza en el mundo.

Según Informe de Naciones Unidas, la desigualdad entre ricos y pobres ha aumentado escandalosamente en el mundo. Un 1/5 de la humanidad para paladear con mezquina fruición su riqueza, parte ancha de la copa, necesita apropiarse de la mayor parte 4/5 que se produce en todo el planeta.

Los países más ricos consumen el 70% de la energía, el 75% de los metales, el 85% de la madera y el 60% de los alimentos.

El Informe dice que 250 millones de personas por año padecen enfermedades diarreicas y mueren 4 millones; hay 1.300 millones de personas que no tienen acceso al agua potable y 2.500 millones que no lo tienen a servicios sanitarios.

Lo que quiere decir que crecimiento económico, de lo que alardea tanto el rico Occidente, no equivale a desarrollo humano. El crecimiento por sí mismo no basta, hay que repartirlo equitativamente entre todos los ciudadanos del mundo.

El Informe de Naciones Unidas considera indispensable un pacto mundial entre países ricos y pobres para posibilitar un mundo justo y pacífico.

En los países en desarrollo cada año 38 millones de personas en edad de trabajar se agregan a los más de 700 millones de desempleados o subempleados. Si no se les ofrecen oportunidades se verán obligados a emigrar.

Por eso más de 80 millones de personas abandonan su tierra para emigrar por razones económicas. También a los países desarrollados les está afectando muy fuertemente la escasez de trabajo a causa de la crisis económica actual desencadenada precisamente en los países desarrollados.

Conocida esta cruda realidad, la copa de champán que mencionábamos al principio, le va a saber amarga a más de uno. Pero no se trata de amargar la vida a nadie, sino de concienciarnos de que el mundo no es de color rosa como le pintan a veces y que nosotros podemos colaborar solidariamente para que esta situación cambie. “Un mundo mejor es posible”.
(El abismo de la desigualdad. Cristianisme i Justicia n.5o


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