Con grandes fastos se está celebrando hoy el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín, a pesar de la crisis económico-financiera que azota a todo el mundo, particularmente a los países en desarrollo. En su día se dijo que el Vaticano, concretamente, Juan-Pablo II, influyó mucho en la caída.
Sea cual sea la realidad, lo cierto es que caen unos muros e inmediatamente se levantan otros, tal vez mayores: Norte/Sur, Primer Mundo/Tercer Mundo, blancos/de color, legales e ilegales. Cada día se levantan nuevos muros en el mundo entre ciudadanos de primera y de tercera, en los países desarrollados y más en los que están en vía de desarrollo.
Todavía hoy en Estados Unidos que, con Ronald Reagan a la cabeza, tuvo mucho protagonismo en la caída del muro, está en vigor el muro entre los que tienen acceso a la Sanidad y 37millones de ciudadanos que no tienen acceso a ella. Las víctimas son 37 millones de ciudadanos entre nativos e inmigrantes mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños… EE.UU mantiene aún el muro de Guantánamo y el de Palestina.
Muros como estos son posiblemente más nocivos que el que ayudó a derribar en Berlín en 1989 que le convertiría en primera potencia mundial ¿Cómo puede suceder esto en un país que airea a Dios hasta en el dólar y tiene tantos misioneros por el mundo con la Biblia en la mano?
Ciertamente, su Dios no es el mío ni el de todos los que quedaron más allá del muro. Veinte años después de la caída del muro de Berlín, se ha creado una gran pesadilla, porque en su lugar se ha alzado una economía salvaje sin control alguno, que ha puesto a muchos pueblos al borde del abismo. Si el Vaticano influyó o no en la caída del muro de la vergüenza, como se le calificó, no lo sé.
Lo que sí sé es que la economía neoliberal en vigor carece de toda referencia ética, ya que “en la vida económico-social deben respetarse y promoverse la dignidad de la persona humana…y el bien de toda la sociedad. Porque todo hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social...
En un momento en que el desarrollo de la vida económica, con tal que se la dirija de manera racional y humana, podría mitigar las desigualdades sociales, con demasiada frecuencia trae consigo un endurecimiento de ellas y a veces hasta un retroceso en las condiciones de la vida de los más débiles y un desprecio de los pobres”. Así se expresa el Vaticano II (GS 63).
La pastoral de la salvación seguida por la Iglesia durante mucho tiempo levantó un muro que dividió al hombre consigo mismo y le apartó de su tarea primera de edificar un mundo solidario, sin desigualdades sociales en la que se respete la dignidad de todos, como nos pide el Evangelio. Hay que estar vigilantes, porque el fundamentalismo religioso está al acecho para hacerse pasar por evangelio.
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No, Moisés, lo que yo digo es que no hay que mitificar tanto el derribo del muro, porque las consecuencias que se derivaron de él han sido muy funestas, al imponerse una economía de libre mercado que nadie ha podido controlar. Y esto evidentemente ha perjudicado a las clases más bajas de la sociedad con las crisis padecidas, que han sido varias. Y las que vengan serán peores, si no se pone remedio, porque el capitalismo es insaciable. Los cristianos con el Evangelio en la mano
no podemos admitir este pecado social, que se cobra tantas vidas humanas en el mundo. Acumular mucha riqueza sin erradicar la pobreza es inmoral.
Sr. BLOGGER : ¿debo entender que Vd. opina que estaba mejor el muro enhiesto que derribado?
Amigo Hermes, tu información es bien recibida y los lectores pueden juzgarla. Yo no sigo la información de Octava Dies del Vaticano,que dirige el P. Lombardi. Pero sólo sé que Juan Pablo II como polaco que era y la amistad que le ligaba con el presidente noreamericano R. Reagan influyó, junto con él y otros mandatario afines, en la caída del muro.
Dices que cambió la historia de la humanidad, bien, pero con el tiempo se verá si ha sido para bien o para mal. Porque las crisis económicas que llevamos padeciendo de entonces para acá, con una economía capitalista que perjudica a los obreros, a los pobres, no se casa con el mensaje del Evangelio.
Amigo Blogger:
El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha analizado en el editorial del último número de “Octava Dies”, semanario del Centro Televisivo Vaticano, el papel que desempeñó Juan Pablo II en aquel acontecimiento que cambió la historia de la humanidad el 9 de noviembre de 1989.
Que por otro lado, son cosas ya muy conocidas.
Debe usted leerlo y ponerse al día.
Le observo muy indocumentado y desorientado sobre este importante asunto.
Saludos.
El asunto se ha mitificado, Moisés, en un tiempo de secularización, en que creíamos superados todos los mitos. Así somos, danos un paso hacia adelante y otro hacia atrás.
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