Los dirigentes de la Fundación San Pablo (CEU) con su presidente, D. Alfredo Dagnino, a la cabeza, están pensando dar un paso a la actividad política, dado el desorden que observan en el Partido Popular, que es el más afín a su ideolgía económica neoliberal y a sus creencias religiosas.
Yo, aunque no comparto esa ideología, suelo asistir a sus congresos, porque versan sobre católicos en la vida pública y he escrito bastante sobre el tema desde el punto de vista filosófico y teológico.
Conocido su deseo de formar un partido político, quiero recordarles, con la nueva teología política emanada del Vaticanno II en la mano, algo que es esencial en el cristianismo y, consecuentemente, debe caracterizar la vida de los cristianos. Es lo siguiente:
La condición utópica y encarnatoria de la fe cristiana que se despierta en el renacimiento, la lleva a tomar una actitud vigilante ante los conflictos que se originan en la transición de la economía feudal a la primera industrialización.
Los utopistas advierten del carácter deshumanizador de la acumulación de riquezas del incipiente capitalismo, que permite a los que las poseen decidir sobre la vida de los hombres que les están sometidos, una nueva servidumbre.
De modo que el talante humanista que se aprecia en los utopistas les lleva a criticar la vida inhumana que implanta la nueva forma de economía y proponen alternativas o nuevos modelos de convivencia social y política.
Entre los utopistas primeros hay que mencionar a Tomás Moro y a Campanella, que tuvieron la valentía de culpar de esa nueva servidumbre aludida a la acumulación de riquezas de unos pocos. Por lo que ambos, desde su fe cristiana, idearon nuevos órdenes sociales justos y utópicos.
La utopía, pues, en su primera forma renacentista con Tomás Moro a la cabeza lo que hace es describir ejemplarmente lo que debiera ser una sociedad cristiana, porque la que él conoce no lo es.
A principios del siglo XIX, los primeros socialistas Owen, Fourier y Saint Simónpresentan una nueva forma de utopía, que no era de inspiración cristiana, pero se asimilaba mucho a la del renacimiento. Después Marxs y Engels
ofrecen un socialismo científico basado en la utopía de una sociedad sin clases.
Actualmente hay muchos teólogos que han recuperado el pensamiento utópico y otros que se niegan a identificar fe cristiana y conservadurismo, porque en los profetas y en el Evangelio hay muchos elementos utópicos de crítica social.
Celebraría mucho que los congresos y las actividades que organiza y lleva a cabo la Fundación San Pablo llevaran la impronta de la mencionada utopía y que aceptaran sin miedo en su actividad política la secularización imperante hoy, porque es un fenómeno originario del cristianismo. Eso significa la encarnación de Jesucristo en el mundo.
El agustinismo políto, que quiere hacer depender el orden temporal de su conformidad con el Magisterio eclesiástico ha sido abolido por el último concilio. Además la Constitución española ha aprobado el carácter laico del Estado Español, porque tiene que servir a creyentes y no creyentes por igual. Es simplemente un Estado aconfesional, que no equivale a ser ateo.
Estoy seguro que el cardenal Herrera Oria, impulsor de la Fundación de Propagandistas, hubiera aceptado la evolución de este pensamiento teológico y político de haberlo conocido.
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Las hermanas y hermanos de Foucauld, jalon, son unos mágnificos vecinos para los cristianos, porque ellos viven la pura esencia del evangelio, que es la opción radical por los pobres. Tienes muy buenos amigos, te felicito.
Efectivamnete, Luis Alberto, vivimos en la ciudad secular, que es la opuesta a la situación de cristiandad del nacional-catoliscimo, que imponía sus leyes obligatoriamente y mantenía al mundo en estado infantil porque lo absorbía la Iglesia. La tutela que ella ejercía sobre el mundo, dicen los teólogos, contravenía en cierta manera la voluntad de Dios expresada en Gén 1, 28. Como bien dices hemos de tender puentes comunicantes entre el mundo religioso y el mundo secularizado. La situación histórica en que está inserta hoy la fe, y en la que ha de dar prueba de sí misma como esperanza, es la situación del tránsito de un mundo divinizado a un mundo hominizado. No nos cruzamos, pues, de brazos, pero hemos de saber asimilar la realidad mundana en la que el Hijo de Dios vive desde su encarnación.
Lo de proponer, no imponer, lo he oído recientemente. No es mala la frase de Roma, en especial para esta iglesia franquista. Lo de dar testimonio conviviendo, como un vecino más, me lo ha explicado una monja obrera de Foucauld.
Post data.- He conocido a una docena de obispos, y no me gustaría tenerlos de vecinos, excepto a D. José, el jubilado de Lugo.
Pero entonces ¿qué hacer?, ¿quedarnos de brazos cruzados?, ¿decir a los demás que aunque rechazamos la práctica del aborto (según la idea de Ciudad de Dios) no nos oponemos a que haya una ley que lo ampare porque aceptamos la Ciudad Secular?
Me parece tan fácil la respuesta que se la voy a pisar al blogger. Ni quedarnos, ni decir. Hay que dar testimonio de vida. Hasta hora se ha dado testimonio de odio, de crueldad, de violencia. Vivir conforme a tus creencias ya es proponer. Dar testimonio de generosidad, de acogimiento, de comunicación de bienes, Es lo pocas veces visto en un cristiano. Y nunca nunca la religión franquista impuesta.
Que vivimos en la Ciudad Secular y no en la Ciudad de Dios agustiniana puede explicar que,en efecto,aunque los católicos estemos en contra del aborto, no debemos imponer a losno católiocos que acepten nuestra condena de esa práctica derogando la actual ley existente, o la que venga.
De acuerdo. Pero entonces ¿qué hacer?, ¿quedarnos de brazos cruzados?, ¿decir a los demás que aunque rechazamos la práctica del aborto (según la idea de Ciudad de Dios) no nos oponemos a que haya una ley que lo ampare porque aceptamos la Ciudad Secular? Arduo equilibrio; ese buscar puentes comunicantes...
Pero, de eso se trata el mero vivir en el seno deuna sociedad secularizada, ¿no?
¿Cómo voy a censurarte, jalon. si tus aportaciones son muy valiosas y enriquecedoras?. Todo lo contrario. Yo pienso que hay muchos católicos que no son cristianos y ante todo hemos de ser cristianos en la fe y en la acción. Posiblemente, si Herrera Oria hubiera conocido a fondo el Vaticano II y la nueva teología que propiciaron Yves Congar, Karl Rahner, Schillebekx, grandes teólogos del Concilio, se hubiera aproximado a la utopía de Tomás Moro. Esperemos que la Asociación de Propagandistas lo haga.
He conocido y sufrido en mis carnes la persecución de la dictadura a los no católicos. Siempre cristo entre franco y jose antonio. Por lo que leo en la historia, Herrera Oria y Gil Robles estaban lejos de Tomás Moro, y cerca, muy cerca, de su coetáneo Maquiavelo. Cayo Lara, Juan Carlos, son capaces de contemplar con calma una tercera república, no así el clericalismo español. Gracias por no censurarme.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia