Asociación Católica de Propagandistas
04.11.09 @ 21:20:11. Archivado en Política
Los dirigentes de la Fundación San Pablo (CEU) con su presidente, D. Alfredo Dagnino, a la cabeza, están pensando dar un paso a la actividad política, dado el desorden que observan en el Partido Popular, que es el más afín a su ideolgía económica neoliberal y a sus creencias religiosas.
Yo, aunque no comparto esa ideología, suelo asistir a sus congresos, porque versan sobre católicos en la vida pública y he escrito bastante sobre el tema desde el punto de vista filosófico y teológico.
Conocido su deseo de formar un partido político, quiero recordarles, con la nueva teología política emanada del Vaticanno II en la mano, algo que es esencial en el cristianismo y, consecuentemente, debe caracterizar la vida de los cristianos. Es lo siguiente:
La condición utópica y encarnatoria de la fe cristiana que se despierta en el renacimiento, la lleva a tomar una actitud vigilante ante los conflictos que se originan en la transición de la economía feudal a la primera industrialización.
Los utopistas advierten del carácter deshumanizador de la acumulación de riquezas del incipiente capitalismo, que permite a los que las poseen decidir sobre la vida de los hombres que les están sometidos, una nueva servidumbre.
De modo que el talante humanista que se aprecia en los utopistas les lleva a criticar la vida inhumana que implanta la nueva forma de economía y proponen alternativas o nuevos modelos de convivencia social y política.
Entre los utopistas primeros hay que mencionar a Tomás Moro y a Campanella, que tuvieron la valentía de culpar de esa nueva servidumbre aludida a la acumulación de riquezas de unos pocos. Por lo que ambos, desde su fe cristiana, idearon nuevos órdenes sociales justos y utópicos.
La utopía, pues, en su primera forma renacentista con Tomás Moro a la cabeza lo que hace es describir ejemplarmente lo que debiera ser una sociedad cristiana, porque la que él conoce no lo es.
A principios del siglo XIX, los primeros socialistas Owen, Fourier y Saint Simónpresentan una nueva forma de utopía, que no era de inspiración cristiana, pero se asimilaba mucho a la del renacimiento. Después Marxs y Engels
ofrecen un socialismo científico basado en la utopía de una sociedad sin clases.
Actualmente hay muchos teólogos que han recuperado el pensamiento utópico y otros que se niegan a identificar fe cristiana y conservadurismo, porque en los profetas y en el Evangelio hay muchos elementos utópicos de crítica social.
Celebraría mucho que los congresos y las actividades que organiza y lleva a cabo la Fundación San Pablo llevaran la impronta de la mencionada utopía y que aceptaran sin miedo en su actividad política la secularización imperante hoy, porque es un fenómeno originario del cristianismo. Eso significa la encarnación de Jesucristo en el mundo.
El agustinismo políto, que quiere hacer depender el orden temporal de su conformidad con el Magisterio eclesiástico ha sido abolido por el último concilio. Además la Constitución española ha aprobado el carácter laico del Estado Español, porque tiene que servir a creyentes y no creyentes por igual. Es simplemente un Estado aconfesional, que no equivale a ser ateo.
Estoy seguro que el cardenal Herrera Oria, impulsor de la Fundación de Propagandistas, hubiera aceptado la evolución de este pensamiento teológico y político de haberlo conocido.
Comentarios:
Post data.- He conocido a una docena de obispos, y no me gustaría tenerlos de vecinos, excepto a D. José, el jubilado de Lugo.
Me parece tan fácil la respuesta que se la voy a pisar al blogger. Ni quedarnos, ni decir. Hay que dar testimonio de vida. Hasta hora se ha dado testimonio de odio, de crueldad, de violencia. Vivir conforme a tus creencias ya es proponer. Dar testimonio de generosidad, de acogimiento, de comunicación de bienes, Es lo pocas veces visto en un cristiano. Y nunca nunca la religión franquista impuesta.
De acuerdo. Pero entonces ¿qué hacer?, ¿quedarnos de brazos cruzados?, ¿decir a los demás que aunque rechazamos la práctica del aborto (según la idea de Ciudad de Dios) no nos oponemos a que haya una ley que lo ampare porque aceptamos la Ciudad Secular? Arduo equilibrio; ese buscar puentes comunicantes...
Pero, de eso se trata el mero vivir en el seno deuna sociedad secularizada, ¿no?
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Francisco Margallo
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