Las invectivas del Vaticano y de un sector del espiscopado español al Gobierno de Rodriguez Zapatero estriban en que estos no conocen el credo socialista. Por lo que el presidente del Gobierno se ve resignado a decir: perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen.
Efectivamente, la Iglesia no conoce el socialismo, porque no ha reparado en que el hombre/mujer es constitutivamente social. A esta conclusión llega nuestro mayor filósofo J. Ortega y Gasset. Pero claro, los obispos tampoco conocen la obra de Ortega, excepto uno, Mons. César Franco, obispo auxiliar de Madrid, y uno solo poco puede hacer.
Dice así nuestro gran filósofo-teólogo: "Es una verdad científica adquirida para in aeternum que el único estado social moralmente admisible es el estado socialista: si bien no he de afirmar que el verdadero socialismo sea el de carlos Marx, ni mucho menos que los partidos obreros sean los únicos partidos altamente éticos.
Pero en en esta o la otra interpretación, frente al socialismo toda la teoría política es anarquismo, porque niega los supuestos de la cooperación, sustancia de la sociedad y régimen de la convivencia". La vida privada no tiene sentido: el hombre es todo él social, no se pertenece; la vida privada como distinta de la pública suele ser un pretexto para conservar un rincón al fiero egoísmo".
En un estado idealmente socializado lo privado no existe, todo es público, popular, laico. La moral se hace asimismo pública, moral política, la moral privada es estéril, porque no sirve para crear y engrandecer ciudades (Socialización de la escuela I, 517-518; la escuela laica, I, 519).
Y, culminando el proceso de secularización que el socialismo supone, ha escrito:"Los pensadores eclesiásticos parecen querer olvidar que la idea de Dios halla en su interpretación social el máximum de reverberaciones". 'Siempre que estéis juntos me tendréis entre vosotros, dijo Jesús. No creo que haya apotegma más suave, más rico en promesas, más significativo de la divina misión del Hijo...Dios es el cemento último entre los hombres, el aunador, el socializador..." (Teología social I, 520-521).
Ortega no duda en presentar el socialismo como teología social y democrática o como la secularización política de la comunidad religiosa. Y para explicar el credo socialista hace suya la tesis de Unamuno, según la cual, el socialismo es un movimiento cultural y un método más que una doctrina. No hay en él dogmas sino tendencias, propósitos. Tampoco puede haber en él ortodoxia y heterodoxia, ni excomuniones, pero sí disciplina, pues sin disciplina no hay método.
El socialismo es un método para el mejoramiento de las condiciones de trabajo humano, tendente a poner al hombre en condiciones de ahondar más y más en la cultura, en el conocimiento de la vida y del universo.
Si la Iglesia supiera todo esto no trataría a un gobierno socialista como le trata, sino todo lo contrario. ¿Es que no le agradan algunas de las leyes que presenta al Parlamento para que se debatan y aprueben? Posiblemente, pero la obligación de legislar pertenece al poder político no al religioso.
Además, aunque la Iglesia católica en España tenga aún mucho peso, el Gogierno al legislar piensa en todos los ciudadanos con otras religiones o con ninguna que son mayoría en la práctica. Tal vez porque la Iglesia no hace visible el ideal del Evangelio que socialmente hablando aventaja al credo socialista. En ese sentido la Iglesia jerárquica, el bajo clero menos, no debería respirar en favor del capitalismo o neoliberalismo, como lo está haciendo actualmente, sino en favor del socialismo que se proxima más al ideal evangélico.
Ese favoritismo capitalista existe, a pesar de que el cardenal Rouco haya declarado recientemente que el 7º mandamiento hay que tenerlo en cuenta en la economia. Hay que ser más coherente en lo que se dice y lo que se hace.
www.porunmundomasjusto
Los comentarios para este post están cerrados.
Considero muy enriquecedora tu aportación, "Qué chocante". Me gustaría que intervinieras más veces en el blog, todos te lo agradeceríamos. Un saludo
Eso mismo seguro que también lo piensa del Gobierno el parado anónimo sin subsidio y la pensionista que jamás llega a fin de mes, pero ellos qué más dan. Importa el sabio que a nadie sonaba en Heidelberg ni en Leipzig. Aunque seguro que Ortega no repitió esas frikadas después: cuando volvió a España y estaba a pachas con el franquismo. Después de haberse despachado a gusto de la República --exiliado por temor a morir a manos socialistas--, junto con sus compadres Pérez de Ayala y Marañón. Yo creo que a estos tres se les llama con justicia "intelectuales comprometidos" porque se las apañaban como nadie, qué tíos...
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia