Dios laico y virtudes públicas en Ortega (curso)
25.06.09 @ 10:30:26. Archivado en Filosofía de Ortega
Capítulo X
El Socialismo
Socialismo y anticlericalismo
(continuación)
Aun aprobando el sentido de las conferencias, insiste Ortega en que de lo que menos deben preocuparse es de ser anti-clericales o antimonárquicos o antiburgueses: es preciso que antes trabajemos por hacernos nosotros, por enriquecer nuestro espíritu, por hacer poderosa y enérgica nuestra fisonomía. No somos sólo enemigos de nuestros enemigos: sería convertir el mundo en una negación. De esto es de lo que protesto les dice.
"Socialismo, la palabra más grave y noble, la palabra divina del vocabulario moral moderno, no puede significar sólo una negación...El socialismo no es para mí un vocablo aprendido, como suelen serlo los términos científicos, no es algo externo a mí o que pueda yo poner o quitar de mi espíritu.
Para mí, socialismo es la palabra nueva, la palabra de comunión y de comunidad, la palabra eucarística que simboliza todas las virtudes novísimas y fecundas...Para mí, socialismo y humanidad son dos voces sinónimas, son dos gritos varios para una misma y suprema idea, y cuando se pronuncian con vigor y convicción, el Dios se hace carne y habita entre nosotros".
Y continúa diciendo: "Para mí, socialismo es cultura. Y cultura es cultivo, construcción. Y cultivo, construcción son paz. El socialismo es el constructor de la gran paz sobre la tierra. El socialismo, antes que una necesidad económica, es un deber, una virtud, una moral, es la verdad científica, es la justicia. Y la justicia, ¿qué es sino la exactitud aplicada a lo caritativo, la matemática de la caridad, tercera de las virtudes teologales?.
¿Cómo no he de trabajar para que el socialismo deje de significar principalmente enemistad, negación, lucha? No, no; los socialistas no somos sólo enemigos de nuestros enemigos, no somos un principio de enemistad. Somos, antes que esto y más que esto, amigos de nuestros amigos; tenemos un ideal de ubres inagotables en torno al cual se agrupan, se aúnan, comulgan, comunican y se socializan los hombres; antes que nada y más que nada, somos un principio de amistad" (La ciencia y la religión como problemas políticos X, 119-126; Ib.Pablo Iglesias, 139-41.
Con tantos elogios al socialismo parecería que Ortega pertenece al partido socialista, pero ha dicho anteriormente que sólo era socialista de corazón, vivía el socialismo y lo difundió cuanto pudo, pero no estaba afiliado al partido socialista, al menos hasta este momento. Y da la razón de por qué no lo estaba de esta manera: "a vosotros se os ha ensañado que la fórmula central del socialismo es la lucha de clases. Por ello yo no estoy afiliado a vuestro partido, aun siendo mi corazón hermano del vuestro. Sólo un adjetivo nos separa: vosotros, sois socialistas marxistas; yo, no soy marxista" (Ib., 120ss).
Posiblemente Ortega pudo evlucionar después hacia 1913 y adscribirse al partido socialista, como sostiene José Luis Abellán. Hasta es posible que se hiciera marxista, si nos atenemos a lo que dice en su lucha furibunda contra el capitalismo (ver el epígrafe siguiente al final), como lo han hecho otros muchos filósofos, teólogos e intelectuales.
Estos, convencidos de que el idealismo es inviable en una filosofía práctica, han dirigido su atención al marxismo, que ha hecho una gran aportación en este sentido. A esta conclusión han llegado incluso filósofos y teólogos cristianos, que han visto en él un método para entender el mundo y transformarlo. Para ellos, cristianismo y marxismo se complementan, porque el marxismo ha aportado a la fe cristina su dimensión histórica militante, y el cristianismo vivido en el marxismo puede aportar a éste apertura y trascendencia (Un ejempo de lo que acabo de decir es el teólogo Ignacio Ellacuría y en general los tólogos de la liberación).
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Francisco Margallo
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