El Blog de Francisco Margallo

Testamento político de Tarancón

12.12.08 | 11:00. Archivado en Política
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El cardenal Tarancón tuvo un protagonismo indiscutible en la transición política española. En todo su pontificacado la política ha ocupado un lugar importante en su tarea pastoral y evangelizadora.

Siendo obispo de Solsona, en 1947, una pastoral titulada "El pan nuestro de cada día", en la que responsabilizaba a los políticos del hambre del pueblo, por consentir el estraperlo de gente que quería enriquecerse de prisa,lecarreó las iras del régimen de Franco que le retuvo 18 años en esa diócesis de Lérida. Gracias al Concilio Vaticano II, en que cambiaron un poco las relaciones entre la Iglesia y el Estado, se liberó de ese concinamiento.

Ese caso no fue el único. Un tío mío, D. Antonio Senso Lázaro, famoso biblista, recibió el mismo castigo en Astorga por una carta pastoral en defensa de los maragatos. Murió antes de que llegara el Concilio.

Siguiendo con el caso de Tarancón he de decir que, desde que le conocí como arzobispo de Madrid admiré su talante pastoral, que estaba muy idendentificado con la Constitución Pastoaral sobre la Iglesia en el mundo actual. El documento emblemático del Vaticano II insiste mucho en la participación responsable de los ciudadanos en la vida pública, para para hacer una sociedad en la que todos gocen de la misma dignidad y derechos.

El hecho de residir en la capital del Estado le dió la oportunidad de dar más realce a su dimensión pastoral. Así se puso de relieve en la misa celebrada en la parroquia de los Jerónimos con motivo de la exaltación del Rey Juan Carlos I al Trono. La homilía que pronunció en aquella ocasión fué una lección magistral de verdadera política al pueblo español, que la acogió enfervoreciso en su gran mayoría.

El cardenal dice ante el Rey: "Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacioanal y sienten muy viva su responsabilidad como tales". Con estas palabras recoge la euforia de todo el país en ese momento por participar en la vida pública, lo que le había sido prohibido en el régimen anterior.

Seguidamente aclara: no pertence a la Iglesia presentar opciones de Gobierno, y por lo mismo no patrocina ninguna ideología política, "dado que ningún sistema scial o político puede agotar toda la riqueza del Evangelio". (La utopía de la comunidad cristiana de poner todos los bienes al servicio de todos los ciudadanos desborda a cualquier sistema político hasta ahora, agrego yo).

En cambio, por imperativo del Evangelio, continúa el cardenal, la Iglesia sí debe "promover los derechos humanos, fortalecer las libertades justas y promover la paz y la justicia". Este mensaje lo iría desmenuzando después en la "Cartas cristianas" que comienza a dirigir a los madrileños en 1977. Cartas que dirigió más adelante a todos los españoles en la revista Vida Nueva hasta las vísperas de su muerte.

Con este hombre clave en la vida española de la transición, entró en nuestra Iglesia el aire fresco del Concilio Vaticano II, pero sus sucesores, en tiempos ya de Juan Pablo II, no siguieron su ejemplo y comenzaron a desandar el camino conciliar y así nos va. No sabemos dialogar con el hombre laico de nuestro tiempo ni con el mundo moderno, que es lo que se propuso el Concilio, siguiendo la dinámica encarnatoria del cristianismo a lo largo de su historia.

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Juan Pablo II

Deja la curia Pedro

Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla´
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida temblorosas.

Vamos al huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sagre de los pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.

El Pueblo es sólo un "resto",
un "resto" de Esperanza.
No lo dejemos solo entre guardias y príncipes.
Es hora de sudar en Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa -ley y sello- del sepulcro romano
y amanecer
de Pascua.

Pedro Casaldáliga, obispo.
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3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por sofía 20.12.08 | 12:19

    Gracias por este recuerdo a Tarancón.
    Es una vergüenza que se le quiera ningunear incluso desde los que se supone que son progresistas amantes de la libertad, pero que a la hora de la verdad niegan la libertad y la transición y la democracia y las cosas positivas que hay en nuestra Iglesia, en donde hay de todo, porque la Iglesia somos todos.

  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 17.12.08 | 00:46

    Juan Lázaro, he entrado en espiritanos y no he visto tu nombre, sólo aparece cáritas de Montánchez y el resto es información sobre los misioneros espiritanos. ¿Dónde vives, eres misionero? Yo soy del curso de Eloy Meca, tú serás más jóven.
    En una ocasión me puso un comentario también un Francisco Sánchez Margallo de Montánchez. Mi abuelo paterno era montanchego y se llamaba Juan Margallo Senso. Si vives en Madrid podemos vernos.

  • Comentario por Juan Lázaro 15.12.08 | 19:48

    No sabía que eras sobrino del Obispo Don Antonio Senso Lázaro. Yo también lo soy, mi bisabuelo Modesto era hermano del obispo. Y justamente en el Hoy de ayer hay un reportaje sobre Montánchez donde también citan al obispo. Para más información sobre mí, visita: www.espiritanos.es.

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