5. Origen inmediato de la nueva teología
El origen inmediato de la nueva teología política, que coincide con el último tercio del siglo XX, hay que datarlo en 1965 y 1966. Dos acontecimientos de gran trascendencia para la Iglesia han tenido lugar en fechas muy próximas:
1) La clausura del concilio Vaticano II en diciembre de 1965, cuyo documento emblemático es la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual.
2) En julio de 1966 se celebra en Ginebra la Conferencia mundial del Consejo ecuménico de las iglesias, que versa sobre Iglesia y Sociedad.
De estos dos acontecimientos eclesiales va a surgir una teología que se distancia claramente de la teología tradicional imperante hasta entonces. Entre los teólogos más representativos destacan Johann Baptist Metz en la iglesia católica, Jürgen Moltmann de confesión evangélica y Harvey Cox baptista, ambos de la iglesia protestante. Los tres son considerados in solidum los promotores de la nueva corriente teológica, como adelanté en la introducción.
Efectivamente, por las mismas fechas todos ellos comienzan a utilizar un lenguaje teológico "ligado a una teoría de la fe como praxis pública, política y transformadora de la sociedad". Hay que resaltar también que las teologías surgidas en estas fechas son teologías ecuménicas. Es la primera vez, desde la reforma, que surge una teología interconfesional que aspira a superar la división entre los cristianos.
Mirando más allá de la confesionalidad de las iglesias, podemos decir que es esta nueva teología política la que mejor puede desempeñar hoy el mandato de servir al hombre y su mundo contenido en el mensaje salvador del cristianismo.
De modo que ante los graves problemas de pobreza existentes hoy en el planeta, sin que las grandes potencias hagan lo que deberían hacer para erradicarla, y ante la psicosis de guerra que se despertó en los dirigentes norteamericanos el fatídico 11-S, la teología y las Iglesias han de estar claramente al lado de los pobres. De lo contrario, a los ojos de la opinión pública, ellas mismas estarían implicadas en el problema, por lo que el ateísmo seguiría creciendo con toda razón.
La teología de la liberación muy emparentada con la teología europea habla el mismo lenguaje: la autocomunicación de Dios al hombre se da en el amor altruista y universal implicado en la praxis solidaria de la liberación del pobre y oprimido. Ahora bien, este amor humano reviste unas connotaciones políticas de compromiso en el cambio social, por tanto, no se reduce a los límites personales, sino que comprende todo el ámbito de la sociedad, incluyendo las estructuras socieconómicas y culturales . De esto tratramos en el epígrafe siguiente.
5,1. De una teología personalista a otra política
La teología humanista y existencial-personalista, que se refería a la humanidad de forma genérica o al hombre individual y que imperó en los últimos decenios desde 1930, va a dar paso a una teología de marcado carácter social o político. El objetivo de la nueva teología va más allá de lo meramente antropocéntrico; se propone desarrollar la orientación sociopolítica del cristianismo.
De modo que con ella la realidad política y civil queda incorporada a la teología: si el hombre tribal habló de Dios en un lenguaje mitológico y el de la edad media lo hizo en términos metafísicos, el hombre tecnopolita sólo puede hacerlo con categorías políticas. Harvey Cox al hablar así, se está oponiendo a la metafísica como mediación de la teología.
Por tanto, hablar hoy de Dios es un asunto político. Para el teólogo baptista, el mundo actual es el resultado de un proceso de secularización, por lo que el hombre contemporáneo siente dificultad para entender las cuestiones que están más allá o fuera del tiempo. Es un hombre que se ha liberado de la tutela religiosa y metafísica, para volcarse sobre el mundo y vive en un ateísmo práctico.
De este hecho deduce él la necesidad de encontrar un nuevo modelo de exponer el mensaje cristiano y de hablar de Dios, lo que intenta en su obra La ciudad secular. La idea que planea sobre el libro es la siguiente: la política está sustituyendo a la metafísica como modo característico de captar la realidad, por lo que hablar de Dios de una manera secular es una cuestión política.
Ciertamente, no faltan quienes encuentran una contradicción en su obra, ya que la secularización de nuestro tiempo sobre la que se apoya orienta hacia un ateísmo práctico, por una parte, y hacia la acción de Dios en la historia, por otra.
No obstante, lo mismo Cox que Metz ven la secularidad en sintonía con la encarnación de Cristo. Los dos están convencidos de que esforzarse por hacer volver la religiosidad a la sociedad actual es inútil, porque el proceso secularizador del hombre actual es irreversible. De modo que si le amamos y queremos comunicarnos con él, hemos de hacerlo en su inexorable secularidad.
Su conclusión es la siguiente: hablamos de Dios políticamente "siempre que damos ocasión a nuestro prójimo de hacerse el responsable, el agente adulto, el hombre plenamente postburgués y posttribal que Dios quiere que sea hoy día". Y Rubem Alves, estudioso de la obra de Cox, afirma en sintonía con él que el nuevo lenguaje anuncia el nacimiento de un hombre nuevo en la historia.
Desde otro punto de vista, la antagonista de la teología política de Moltmann es asimismo la de la subjetividad, porque se ocupa sólo de la persona y se desentiende de la transformación del mundo.
A ella opone el teólogo evangélico una teología de la comunidad cristiana como comunidad en éxodo, que, con su esperanza en las promesas bíblicas, entra en relación polémica y liberadora con la comunidad política transformadora de la sociedad. En todo caso, su teología de la esperanza está enraizada en la historia humana integral, que es también historia salvífica .
24 A. Fierro, El evangelio beligerante. Introducción crítica a las teologías políticas Verbo Divino (Estella 1975) 15-33.
25 G. Gutierrez, Teología de la liberación, Sígueme (Salamanca 1985) 108, 257.
26 H. Cox, La ciudad secular (Barcelona 1968) 271-278; JL. Illanes, Cristianismo, historia, mundo (Pamplona 1973) 69-73.
27 H. Cox, o.c., 177; JB. Metz, Teología del mundo Sígueme (Salamanca 1970) 148-151; R. Alves,Cristianismo ¿opio o liberación?Sígueme(Salamanca 1973) 30.
28 J. Moltmann, Teología de la esperanza, Sígueme (Salamanca 1989).
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia