Con la "civilización del ocio" que está a las puertas, cada vez es más frecuente que un partido de futbol o de tenis paralicen la vida del país, porque hay varios millones de personas pegados al televisor viendo un partido.
Así ha sucedido recientemente con la Copa Davis. En este caso, la cosa no quedó ahí, porque en el encuentro que tuvvieron los deportistas con el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, al regreso de Argentina, su capitán, Sánchez Vicario, le pidió que hiciera un ministerio de deportes y parece ser que accedió a hacerlo en la próxima remodelación del gabinete. A algunos les ha parecido una frivolidad, pero yo no lo veo así.
Los biólogos y psicólogos nos han hecho ver que el organismo humano, que parecía una unidad independiente capaz de obrar por sí mismo, sin tener en cuenta el medio en que se mueve, no actúa tan mecánicamente como se creía. No es él quien ordena su vida, sino el medio en que se deaarrolla.
En ese sentido están sobrados de razón los que dicen que vivir es adaptarse y adaptarse es dejar que el entorno social nos invada un poco. No hasta hacer desaparecer nuestra individualidad, pero sí exige algo de renuncia de unos mismo para poder convivir. Y así va a suceder más en la nueva cultura tecnológica que se va a imponer, como veremos otro día.
Tal vez se trate de buscar un punto en el que se sostenga la felicidad humanana. Y esto, como estamos viendo en muchos casos, lo consigue muy bien el deporte. Puede que sea el resultado de que la política, la religión, la justicia o el arte han quedado huecos por dentro y no nos satisfacen. Aunque, por otra parte, hay personas satisfechas en estas áreas que son forofos de un equipo de futbol.
Yo en cambio, preferiría que esta pasión por el deporte se trasladara a la vida pública, prestándole mayor atención. Vivir es tratar con el entorno que nos rodea en todo momento y ocuparse de él, no sólo en lo que a cada uno nos atañe, sino con una visión más generosa. Hasta conseguir la utopía de una vida digna para todos basada en la justicia social.
Este es mi deporte favorito. Es cierto que tiene mucho de idealismo, pero la utopía de la dignidad humana es una necesidad que tiene que hacerse realidad. El hecho de que esto no se realice de manera inmediata, no nos permite que nos dediquemos a hablar mal de la política y a abandonar nuestro compromiso con la sociedad. No caigamos en la torpeza de la zorra ante las uvas. El deporte no debe alienarnos de la vida pública, eso sería ludopatía.
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La vida plena se manifiesta siempre como un esfuerzo
que tiene dos sentidos: el que hacemos por mero gusto
o capricho y el que nos sentimos obligados a realizar
presionados por la necesidad.
F. Margallo, La vida como deporte, en Ya 21-X-1995.
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Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia