El Blog de Francisco Margallo

Ley de hierro

24.11.08 | 10:10. Archivado en Ley
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La ley se ha hecho para el hombre y no el hombre para la ley, reza un dicho popular, que, posiblemente, deriva de un texto del historiador romano Tito Livio . Dice así: “Es la ley cosa sorda e inexorable, incapaz de ablandamiento ni benignidad ante la menor transgresión”.

Es probable que la opinión de nuestros conciudadanos sobre una nueva ley de extranjería por la que ha abogado Rajoy coincida con el texto del historiador citado. En ese caso, no sería aventurado afirmar que el sentir del pueblo español es que la razón de ser de la ley es proteger , liberar a las personas y no esclavizarlas.

Si esto es así, como parece reflejarse en la compasión generalizada de los ciudadanos con los emigrantes ilegales que trabajan en nuestros campos, eso no parece verdadera ley. Porque la suprema ley es la voluntad de los ciudadanos, hasta tal punto que el Estado, sus ministros y todas las instituciones no son otra cosa que “el órgano que ha de expresar y ejecutar esa voluntad” (Ortega y Gasset).

Una ley inexorable, rígida como el mineral, que no se conmueve con el desconsuelo de tantos hombres y mujeres empobrecidos, a los que se les prohíbe ganarse el pan con el sudor de su frente, no es válida para proteger al hombre, por tanto, niega su esencia, no es ley. A lo sumo es una ley de hierro, oprimente, que debe ser rectificada, porque de lo que se trata es de devolverle a la ley su sentido originario de protección.

La rigidez, el carácter punitivo, que es el que prevalece hoy en ella, es una degeneración de la ley. La expresión tantas veces utilizada “que caiga todo el peso de la ley sobre él”, lo corrobora. Una ley así no redime al hombre, sino que lo degrada.

Si nos volvemos a la historia, vemos que la ley primera es la consuetudinaria, la escrita en la conciencia de hombre y mujeres y que ha sido consensuada desde tiempo inmemorial por los demás hombres mediante la costumbre. Ella es la norma a seguir por las leyes estatutarias nuevas, en definitiva, es la que determina cómo hay que hacer las leyes.

Se dice que una ley contra la costumbre no es ley, sino pragmática. Por consiguiente, la ley no puede ser nunca emanación de una autoridad personal, al contrario, es fruto del consenso.

No en balde la historia del Derecho romano gira en torno al concepto de concordia, concordia ordinis, es decir, el llegar a acuerdos los distintos grupos políticos. Una gran lección para nuestro tiempo que hay que resucitar, particularmente entre los parlamentarios, incluidos los italianos.

En síntesis, la ley es mucho más simple de lo que es hoy, además con muy pocas nos basta. En cambio, los Estados actuales parecen ametralladoras que disparan leyes continuamente y en esa lógica tratan de hacer a los ciudadanos del mundo legales por encima de todo.

Pues no, antes que legales hemos de ser muchas cosas: honrados, justos, solidarios, compasivos, serviciales, dialogantes, amables…Siendo así, con una ley basta, dijo el Profeta de Galilea.


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