El Blog de Francisco Margallo

Euskadi, ley del péndulo

21.11.08 | 10:36. Archivado en Libertad democrática
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Algunos ciudadanos, atemorizados por el vértigo que produce la libertad democrática, parece como si pudieran abdicar de ella, les asusta tanto que hacen cuanto pueden por perderla (Goethe).

La conducta de estas personas es verdaderamente infantil. En sentido contrario están los ciudadanos adultos que han asimilado la democracia y defienden los valores inalienables de la libertad. Estos consideran la renuncia cobarde a la libertad como la destrucción de sí mismos y de la sociedad; renunciar a la libertad les parece renunciar a su condición de hombres, a sus derechos e incluso a sus deberes.

La libertad interior que se ofrece como sustitución desde otras instancias la ven como un puro engaño idealista (Ortega).

Si observamos hoy la situación del pueblo vasco, atemorizado por la lacra del terrorismo incrustado en su seno, nos percatamos en seguida de que las palabras más repetidas últimamente son libertad y democracia.

Este parece ser el grito angustioso de la mayor parte de los ciudadanos de Euskadi, cuando todos creíamos que con la desaparición del antiguo régimen desaparecería también el terrorismo. Pero no ha sido así.

¿Cómo se explica eso? La mejor explicación que se me ocurre es la de la ley del péndulo. Esto es, los sectores nacionalistas radicales, tal vez por el plus de coacción que soportaron largo tiempo, decidieron dar el salto de la dura represión a una libertad sin fronteras, soberanía nacional o independencia de España.

Lo que en el caso del terrorismo derivó en libertinaje sangriento. Esto en democracia no es admisible, porque en ella las armas son la razón y la palabra.

Si somos realistas, hemos de admitir que la libertad absoluta no existe, aunque sea un atributo esencial de la persona, esta no puede eludir la presión natural permanente que ejerce sobre él la vida en común de la sociedad. Esta coacción muchos pueblos han sabido encauzarla y adaptarla a sus exigencias mediante el llamado Estado democrático, con todo lo que esto significa.

Pues bien, eso y no otra cosa es la vida como libertad, mucho más que unas cuantas libertades individuales. En estos años de democracia que llevamos, el mismo pueblo vasco ha podido observar que el Estado de las autonomías que hemos labrado es muy abierto, tolerante y la libertad general que nos ofrece es compatible con la libertad personal de cada uno. El único freno que tiene está recogido en un aforismo muy gráfico: “La libertad de movimientos de tus puños está limitada por la nariz de tu vecino.”

La libertad sin fronteras y más el libertinaje a la larga produce una extrema servidumbre, como intuyó Platón y más recientemente el C. Vaticano II (GS 17).


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