Con demasiada frecuencia obsevamos que los políticos de los partidos mayoritarios, que se alternan en la noble tarea de gobernar, no hacen más que gritar y protestar contra lo que hace el gobierno de turno. Leonardo da Vinci decía: dove si grida non è vera scienza, donde se grita no hay verdadero conocimiento. Tenía mucha razón. Esta actitud negativa pone de manifiesto un grave error, como es considerar la consecución del poder lo más importante de la actividad política.
EL querer perpetuarse en el poder, propio de la vieja política, está muy arraigado entre los partidos políticos mayoritarios. ¿Cuando llegará el día en que ganar las elecciones no sea lo más importante para el político que aspira a gobernar un país? Muchos no lo conoceremos y esto debería preocuparnos a todos los que deseamos lo mejor para las futuras generaciones. Los pensadores que han reflexionado sobre el tema, dicen que el poner en primer término la consecueción del poder por encima de todo, es la causa del malestar social que padece nuestro pueblo.
Urge dar el paso a una nueva política que nos haga tomar conciencia de este error y sacar a la sociedad de la alienación y despreocupación en que está sumida. Ella debería estar más informada del protagonismo que puede tomar como verdadero y único sujeto de la vida nacional en un Estado democrático. Y sus representantes deben ser conscientes de ello y tenerlo presente en todas sus actuaciones. Más aún, yo diría que los gobernantes deberían estar en diálogo permanente con la sociedad. ¿Cómo? Ellos han debuscar la forma de conseguirlo.
Ciertamente, el Gobierno, es uno de los órganos fundamentales de la vida nacional, pero no el único y decisivo. "Hay que exigir a la máquina Estado mayor rendimiento de las utilidades sociales que ha dado hasta aquí; pero aunque diera cuanto idealmente le es posible dar, queda por exigir mucho más a los otros órganos nacionales que no son el Estado, que no es el Gobierno, como es la libre espontaneidad de la sociedad". La actuación política que corresponde a los ciudadanos tiene una doble dimensión: contribuir a que la máquina del Estado funcione eficazmente y a participar en la estructuración y aumento de la vida nacional en lo que es independiente. Hoy nadie defiende ya que la nación esté al servicio del Estado, sino éste al servicio de aquella.
Al final del siglo XIX la Liga de Educación Política echa en falta los ideales políticos de los intelectuales y de la ciudadanía en general en tiempos anteriores a la Restauración y trata de despertar esos mismos ideales. Se quiere una nueva conciencia política desde las bases hasta su cima. En ese momento, Ortega se hace portavoz de la Liga y dirigiéndose a los privilegiados de la sociedad injusta les dice: "yo no puedo daros hoy otro programa que éste, compuesto de dos proposiciones: los programas usaderos son caducos e inútiles, venid a trabajar en un nuevo edificio de ideas y pasiones políticas". (J. Ortega y Gasset, Vieja y nueva política I, 285ss).
Esto puede parecerles a algunos políticos una utopía, pero es que sin un futuro utópico en el que esperar y por el que poder comprometerse carece de sentido nuestro presente. Si queremos una sociedad mejor, lo que no es ninguna utopía, sino un ideal muy razonable, no podemos conformarnos con la táctica realista de lo que se puede hacer en este momento y olvidarnos de más pretenciones. Esta postura no es admisible, porque aunque la sociedad real es previa a la sociedad ideal, es ésta la que da sentido a la primera al proporcionarle el carácter ético.
Tal actitud ha sido calificada por los analistas políticos como "optimismo militante", porque ni el hombre ni el mundo han conseguido aún la plenitud a la que aspiran. Por otra parte, una política pragnática en la que no fuera posible soñar algo nuevo sería inhumana. Libertad, igualdad y fraternidad cuentan entre las exigencias no satisfechas y se encuentran pendientes. Tengámoslo muy en cuenta gobernantes y ciudadanos.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia