Cuando Bush juró su cargo como Presidente de EE.UU una de sus sorpresaa banales fue un Desayuno Nacional de Oración en el que las invitadas de honor fueron las Iglesias del país. El milagro no podía estar ausente del banquete sagrado: el café con leche se transformó en un maná suculento que allí llaman dólar.
Una lluvia de millones de dólares fueron a depositarse en las arcas de las iglesias, sinagogas y mezquitas, para que ellas, con su buen hacer, las hicieran llegar a los treinta millones de pobres que había en el país más rico del mundo. Hoy hay 37 millones de pobres de solemnidad. Las protestas no esperaron. Protestaron los que veían amenazada la estricta separación entre la Iglesia y el Estado que consagra la Constitución. No sé si entre ellos estaba Obama.
Se quejaron asimismo los que interpretaban el gesto como una discriminación basada en la fe y los que no consideraban razonable que la gente tuviera que ir a la iglesia a recibir la ayuda del gobierno. Todas estas quejas tienen un sustento evangélico y teológico, pero creo que ni Bush ni las Iglesias hilaran tan fino, simplemente acordaron un matrimonio de conveniencia.
Bush que había sido elegido por los pelos, ir del brazo de la Iglesia le podía asegurar un segundo mandato, porque la religión está muy arraigada en el país y a la Iglesia también le gustaba verse halagada y protegida por el poder más grande del mundo, aunque esto la separara un poco más de la utopía evangélica.
Fuera lo que fuere, se confirmaba algo que se presentía: la religión recuperaba relevancia pública en la sociedad burguesa norteamericana. Una religión, evidentemente, al servicio del sistema imperante, en la que se sienten protegidos y confirmados en sus privilegios los que tienen una situación social relevante. Por cierto, esta es la manifestación más escandalosa del secularismo que puede darse y la expresión más flagrante de la reconversión del mesianismo cristiano en mesianismo burgués. Por esta vía no se reconduce al cristianismo a su autenticidad histórica.
Pero por tener que no quede. Estados Unidos tiene hasta una teología propia, la teología que Vázquez Montalbán bautizó como teología de la globalización. El teólogo norteamericano Michael Novak la llamó teología económica. Con ella trata de legitimar el capitalismo democrático y contrarrestar la legitimación que el socialismo obtiene de la nueva teología política europea y de la liberación latinoamericana.
A lo que vamos: que en los desayunos que Obama va a celebrar próximamente los invitados intuyo que no van a ser eclesiásticos, sino especialistas en materia económica y financiera, altos representantes de la Unión Europea, presidentes como R. Zapatero y otros muchos que están empeñados en sacar al mundo de esta crisis aguda en que está sumido. Muy especialmente personas que se distinguen por su sensibilidad en eliminar de una vez la pobreza de los países del tercer mundo.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia