
La tierra nuestra libertad
Pueblos indígenas 2
En nuestro tiempo destacan figuras semejantes a Las Casas, que han hecho mucho en favor de los indígenas. En México está moneseñor Ruiz que fue secretario del consejo de misiones del CELAM. Se podría destacar también al padre Meliá, catalán en el Paraguay que trabaja con los indios o guaranies, antropólogo y misionero.
Y otros núcleos de misión que en varios lugares de América Latina ya hace tiempo partieron de una autocrítica, se han despojado de prejuicio religioso latino, romano, occidental y han sabido distinguir entre religión y fe, han asumido los descubrimientos de la antropología, de la etnografía, y han superado incluso el neocolonialismo que hubo en el propio concilio y que se ha dado en el posconcilio.
El mismo Medellín, prácticamente, ni siquiera pensó en los indios, a pesar de la lucidez con que supo enfrentar el continente y sus problemas mayores. Y son 50 millones de indios en América Latina.
Varios núcleos misioneros han superado estas actitudes neocolonialistas. En Brasil esto se ha dado sobre todo a partir del CIMI, el Consejo Indigenista Misionero que funciona hace unos años. Además de su actual presidente, Dom Tomás Balduino, tiene otras figuras que dedican su vida al indio y al CIMI y que ya han sido perseguidos.
A ellos y a mí mismo se nos ha prohibido por parte del propio presidente de la FUNAI, entrar en cualquier aldea india del país, dando incluso orden a los jefes de puesto policial de las diferentes aldeas de que si entráramos deberíamos ser presos automáticamente.
El CIMI ha recogido todo el legado, pasado y actual, sobre todo actual, de la etnología y antropología, que ha dejado de ser no sólo romántica o rusionana, sino que también ha dejado de ser europeísta y cientifista y se ha vuelto bastante más humana y más pragmática en el mejor sentido de la palabra. Y ha sacudido la conciencia de todos los misioneros en territorios indígenas o aldeas aquí en Brasil. Han sacado publicaciones importantísimas (el propio boletín del CIMI es un monumento histórico.
Y ha organizado ya siete encuentros de jefes indígenas que marcan historia; desde hacía cuatro siglos no se reunían. Esos encuentros están siendo muy perseguidos por la FUNAI, por el latifundio y el poder económico. El CIMI ha organizado también cursos de formación pastoral indigenista, teología, antropología, hstoria de las misiones, todo lo referente a culturas, cursos de lenguas; ha organizado las comisiones regionales.
Es importante decir que en términos político-sociológicos, y en términos pastorales de evangelio, el indio, los pueblos indios, sentidos realmente, asumidos de verdad a partir de una auténtica encarnación, por un lado ofrecen una alternativa nueva a nuestra sociedad capitalista de consumo, y por otro nos fuerzan a descubrir el evangelio en su simplicidad.
Y por un lado y otro, en una convergencia maravillosa en que se conjugarían el evangelio con la nueva sociedad, que sería mucho más sencilla y armónica del hombre consigo, con la natiraleza y con los otros hombres hermanos (entre los indios ho hay neuróticos), me parece que nos dictaría a la iglesia el modo y la manera de encarnarnos con el pueblo, que tiene las características del indio pero que no tiene ni la paz ni la felicidad del indio, y que ha perdido incluso el sentido comunitario que aún el indio tiene.
Con esto no pretendo negar las raíces en los pueblos indígeneas de lo que los teólogos llaman "pecado original". Simplemete comparo una sociedad con otra, y un modo de vivir el evangelio en las mil posibilidades que la vida indígena proporciona. Muchas veces no tengo esperanza en que fructifique esta opción en favor de los pueblos indios. Y otras veces sí, sobre todo si conseguimos que la causa se haga continental.
Y que la iglesia siempre dormida recuerde que no hay que amar en general sino en concreto; y que la pastoral no puede ser nunca una gran teoría, sino que ha de ser un gran amor encarnado, comprometido, arriesgado, enfrentando lo que haga falta. Si se consigue una pastoral continental y una federación de pueblos indígenas se podrían salvar a estos pueblos.
Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del Reino
Pobreza
En la paz de mi noche sin frontera
pensaba
en la negra soledad del oprimido,
en la noche del obrero
cuando le dan el despido
y pensaba en la quimera
que es la libertad del hombre.
La dignidad del pobre
es la miseria,
el devorar en silencio
el pan de la tristeza
el dormir su negra
noche en el olvido,
el vivir y morir
sin hacer ruido.
En la paz de una noche verdadera
sentí, pobre,
que era mía tu pobreza.
Gaspar García Laviana
A corazón abierto
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia