El triunfo de Obama en Estados Unidos significa el fin de las barreras raciales y, a la vez, del capitalismo sin rostro humano que se produce no sólo en EE.UU, sino en el mundo entero. Este cambio que ha protagonizado sabiamente el pueblo nortamericano le purifica del estigma económico y financiero salveje que le imprimieron Reagam y la saga Bush. Con Obama se produce, pues, el nacimiento de una sociedad solidaria a escala mundial
Por extraño que parezca, pocos han acentuado tanto los rasgos negativos que entraña el capitalismo como el multimillonario Marshal. Contrariamente, pocos como Marx han subrayado las grandezas de la forma capitalista de producción.
Extraña asimismo que Marx hablara de la sociedad socialista solamente de manera indirecta. Sin embargo, así es porque todo su trabajo científico en El Capital se centró en un análisis crítico de la economía capitalista que él conoció en su época. En su obra no se encuentra un estudio ni una descripción de cómo funciona la economía en una sociedad socialista. Las observaciones que pueden encontrarse sobre ella están dentro del análisis que hace de la forma de producción capitalista.
En ese análisis intuye la sociedad socialista como el parto histórico del desarrollo mismo del capitalismo. Es decir, en la contraposición capitalismo/socialismo la evolución histórica del capitalismo va a desembocar inevitablemente en la sociedad socialista. No obstante, lo considera un parto que va a ser muy doloroso y no deseable por la élite económica, como se pone de manifiesto en todas las crisis ecónómicas pasadas y en la actual.
Pero es que en el mismo mecanismo capitalista de incrementar continuamente las inversiones, a costa de niveles muy bajos en la parte dedicada al consumo de los asalariados, descubre Marx el camino que lleva al socialismo y a la liberación del hombre. Así se expresaba en una carta a Kuguelmann en 1868: "Yo veo a la gran industria no solo como la madre del antagonismo, sino que la presiento como la creadora de las condiciones materiales y espirituales para la solución de esos antagonismos, cosa que por lo demás no puede ir ocurriendo por un camino agradable".
Y después de haber presenciado escenas deplorables de obreros que trabajaban dieciocho horas diarias por un salario de hambre, que les llevaba a enfermedades y muerte temprana, escribe en El Capital: "La fuerza motriz del capitalismo no es la producción de valores de uso y disfrute, sino la producción de valor de cambio y su acrecentamiento.
El fanatismo capitalista obliga a la humanidad a producir despiadadamente y de aquí se deriva el desarrollo de las fuerzas productivas sociales y la creación de las condiciones materiales de la producción que son imprescindibles para poder construir una forma más elevada de sociedad cuyo principio fundamental es el desarrollo pleno y libre de cada uno de los individuos que la integran". (Ver EM. Ureña, El mito del cristianismo socialista).
Hay síntomas evidentes de este parto o tránsito doloroso de la sociedad capitalista a una sociedad solidaria y humanizadora: las innumerables víctimas de la pobreza de los terceros mundos no pueden esperar más y sus gritos están siendo escuchados cada vez más por amplios sectores de la sociedad occidental, que se sienten culpables de la situación de abandono y marginación en que se encuentran.
El mismo pueblo norteamericano ha querido, como decía al principio, dar un cambio radical a las políticas capitalistaa de R. Reagam y Bush padre e hijo, causantes de la crisis económica y financiera actual del mundo y que en su propio país han creado 37 millones de pobres, que viven de la caridad. Todo el mundo ha estado pendiente de la elección del presidente americano que con otras grandes potencias protagonizarán el cambio necesario para la erradicación de la pobreza, que sufre la gran mayoría de la población mundial, y que el capitalismo no ha sabido erradicar.
El parto de la sociedad socialista, que anunciaba Karl Marx, lo ve próximo el cardenal arzobipos de Munich, Reinhard Marx, secretario de la Conferencia Episcoapal alemana, en un libro titulado El Capital, una defensa del hombre, que saldrá proximamente. El cardenal sostiene que su homónomo Carlos Marx tenía razón (recuerde el lector que el libro más significativo de Carlos Marx se titula El Capital). El mundo, dice el cardenal alemán, está sacudido por una crisis económicofinanciera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado, porque "un capilalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano". Marx no está muerto y hay que tomarle en serio, concluye el cardenal. Que tomen nota los cardenales españoles.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia