El Blog de Francisco Margallo

Hacia una nueva sociedad

31.10.08 | 10:10. Archivado en Sociedad
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Si abordamos la crisis actual en un sentido positivo, hasta podemos ver en ella el camino hacia una nueva sociedad, porque son muchas la fuerzas políticas, sociales, incluso económicas y de toda índole, que quieren llegar al origen del problema, para darle una solución satisfactoria que beneficie a todos y no se repita en el futuro.

Ya en la primera mitad del siglo XX hubo otra crisis tal vez más grave que esta y entonces hasta la teología, liderada por Karl Barth, se propuso una orientación de sí misma, tratando de influir en la transformación de la sociedad y en la implantación de un nuevo orden político y social.

Las teologías que surgen a finales de los sesenta reafirmaron con nuevo entusiasmo la intuición del pastor de Safenwil. Ven asimismo que la sociedad está en crisis y se remontan a las exigencias de la Ilustración: todo un proceso de emancipación frente a muchas alienaciones económicas, políticas y culturales que están por cumplir.

También desde la entraña del tercer mundo el obispo de Sao Felix do Araguaia, Pedro Casaldáliga, ve necesario que nuestra sociedad renazca en mayor simplicidad; que surja una sociedad de criaturas humanas sobre las ruinas de esta sociedad de “sonámbulos electrónicos” y un corazón de carne sobre las cenizas calcinadas de nuestro corazón de piedra.

El obispo rechaza la sociedad consumista , porque sólo son bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, y ve en ella una profunda perversión del hombre. Lamenta que la Iglesia no haya protestado más contra esta situación.

(Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de la justicia,
poruqe ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los puros de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los constructores de
la paz, porque serán llamos hijos de Dios.)

(Mat.5)

El C. Vaticano II que supo captar todas estas inquietudes nos dice en Gaudium et spes que no es posible rehuir el compromiso político por parte de los cristianos y los ciudadanos en general, si queremos humanizar la sociedad, puesto que el destino de esta se decide en la actividad política.

Esta colaboración la consideran hoy urgente los teólogos moralistas, dada la penuria de ética civil de la sociedad actual, que se manifiesta en la falta de sensibilidad moral frente a las realidades públicas y en las lacras morales frecuentes en todas las esferas de la vida pública.

Todos ellos tienen razón, porque vivimos instalados en una sociedad que no se inmuta ante la corrupción de instituciones públicas y ciudadanos de alto rango en el mundo de la empresa, las finanzas y la política, sin olvidar a otros ciudadanos de menor cualificación. Aunque la corrupción anida con mayor facilidad en quienes tienen poder económico y político, según la frase acuñada: “las manos limpias no son fuertes, las fuertes no pueden permanecer limpias” (W. Bergengrüm).

Desde las instituciones del Estado se ha fomentado, a veces, la cultura del dinero fácil con el fin de introducirnos en una competitividad dura capaz de crear riqueza. Las consecuencias han sido perniciosas. Como decía, no sólo se da este peligro en los que ocupan un puesto de privilegio en la vida pública, sino que cada día nos topamos con gente que ve la empresa más como trampolín especulativo que como una función social.

Incluso personas con una cierta formación y práctica religiosa, habiendo dinero por medio, adoptan una actitud muy contradictoria con sus creencias. Como vulgarmente de dice, encienden una vela a Dios y otra al diablo. Tal vez esto sea fruto de que su educación en la fe no incidió en el compromiso de mejorar el mundo y la sociedad, que nos competa a todos los ciudadanos.

Dada la cruda realidad sobre
la que sea alza la Sociedad
del bienestar es lícito concluir
que sólo eufemísticamente se
puede llamar así.

Este término tan triunfalista
se ha acuñado en el islote del
rico Occidente, que, ávido de
vender su mercancía publicitariamente,
se ha convertido en la manzana
de la que todos queremos morder.
Pero, como en el mito bíblico, el
fruto está vedado y a él puede
acceder sólo una minoría

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Recuerdo que hemos comenzado un curso
sobre Teología política europea los
martes. Las dos primeras entregas
se pueden ver los dos martes pasados.

Os recuerdo asimismo que los jueves
continuamos el curso sobre Dios laico
y virtudes pública en Ortega y Gasset.
Ya estamos en el caítulo VI dedicado
a la educación. El jueves pasado,ayer,
decía algo muy interesante que puede
aclarar la polémica sobre la asignatura
Educación para la Ciudadanía.

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