Capítulo Primero
Evolución del pensamiento teológico preconciliar
Como decía en la introducción, ni la teología presente en Gaudium et spes ni la nueva teología política emanada de ella surgen de improviso, sino que se han ido gestando en un proceso de más de un siglo, que ha puesto fin a un largo ciclo teológico medieval que llegó a las puertas del Concilio Vaticano II.
A la luz del análisis que el teólogo y escriturista Joseph Comblin ha hecho de este período, se deduce que la presencia de la teología de la edad media en plena era técnica y científica ha perjudicado mucho al mensaje cristiano, que es dinámico y quiere encarnarse en la historia que viven los hombres en todo momento. Señala, además, otra faceta de este período que conviene retener en la memoria, para que no se repita en el futuro.
Acusa a las teologías tradicionales: de invocar la ciencia divina inmutable, para justificar su pretensión de ciencias eternas llamadas a decir la última palabra en todo, ignorando a las ciencias humanas modernas. Las acusa asimismo de no adaptarse a las exigencias de los tiempos nuevos. En el epígrafe siguiente, el mismo autor nos dice que esta problemática se ha superado en la nueva teología, que es objeto de nuestro estudio. Por tanto, ambas pretensiones han quedado zanjadas en la teología postconciliar.
1. Teología y ciencias modernas
Las palabras y los conceptos que maneja la teología son humanos, pertenecen al mundo y son un discurso humano sobre Dios. De donde surge la necesidad de que la teología se someta al análisis de las ciencias modernas y se beneficie de sus adquisiciones como cualquier otra palabra humana. De hecho la historia, la antropología, filología, sociología, e incluso la política y la economía están beneficiando a la teología, particularmente a la nueva teología política europea y la de la liberación. ¿Por qué no abrirse a dichas ciencias en toda reflexión teológica?
Es cierto que en la teología se trata de averiguar la verdad sobre Dios, pero ésta, tal como se ha manifestado en Jesucristo, está más en la caridad que en la inteligencia, es una verdad vivida. Por consiguiente, fuera de toda vana pretensión, la teología no puede ser más que una humilde aproximación al misterio insondable de Dios.
La filosofía, señala Karl Rahner a este propósito, ha dejado de ser ya la única fuente donde la teología adquiría sus conocimientos. Consecuentemente, en lo sucesivo el teólogo debe estar en contacto directo con las ciencias modernas, que, por otra parte, se han independizado de la filosofía. El mismo Vaticano II, al proclamar la autonomía de la ciencia, lamenta que a lo largo de la historia se haya llegado a establecer oposición entre ciencia y fe (GS, 33, 36, 44).
Intereses particulares inconfesados, dirá nuestro filósofo Ortega y Gasset, le han declarado continuamente la guerra a la ciencia en nombre de la religión. Galileo sabe mucho de ello, ya que fue una de sus primeras víctimas. Los brotes periódicos de sospecha hacia la ciencia por parte de los creyentes ponen de manifiesto una gran miopía y hasta una contradicción, porque se oponen en nombre de Dios al progreso de su propia obra en la creación. El caso Galileo, calificado por Ortega como escena lamentable, se originó, más que por reservas dogmáticas de la Iglesia, por intrigas de grupos particulares.
Todo esto le induce a escribir en 1908: "Con una terquedad incomprensible (España) viene cometiendo, desde hace tres siglos, el gran pecado contra el Espíritu Santo: la incultura, el horror a las ideas y a las teorías". Y concluye así: Si Europa es ciencia, habremos de simbolizar a España en la inconsciencia, terrible enfermedad que cuando infecciona a un pueblo lo convierte en uno de los barrios bajos del mundo.
Los grupos a que se refería Ortega son los mismos que Bloch ha calificado como casta de involucionistas, hablando de la manipulación de los textos bíblicos. En efecto, el filósofo-teólogo alemán se remonta a los orígenes de la humanidad, concretamente al mito del paraíso terrenal para descubrir ya en torno a él una casta enemiga del progreso, que se opuso a los planes de la creación de Dios y los abortó. Estos son los responsables del retraso de la ciencia en su desarrollo primero.
Pero gracias al tesón de los científicos la ciencia ha podido abrirse camino por sí misma, ha crecido y lo hará más en el futuro. En definitiva, el mito del paraíso ha sido desmitificado e interpretado de manera correcta a la luz de la propia ciencia: el verdadero pecado es no querer ser como Dios, ni conocer el bien y el mal, permaneciendo como animales en el paraíso . No obstante, la herida abierta en tantos combates contra la ciencia seguirá abierta y no cicatrizará jamás, si nos empeñamos en oponer ciencia y religión.
Por este contencioso muchos científicos han abandonado el mundo de lo religioso, cosa que a Ortega y Gasset le produce desasosiego, porque no concibe ningún hombre que aspire a realizarse plenamente que pueda renunciar sin dolor a dicho mundo. Y es que existe un sentido de lo religioso como hay un sentido estético, del olfato o el tacto. El científico es por naturaleza un hombre religioso. Para Goethe, el hombre es productivo mientras es religioso, cuando le falta la vena religiosa se ve reducido a imitar, a repetir en ciencia, en arte etc.
¿Por qué entonces la desconfianza de la Iglesia hacia el científico?. El científico es el más directo colaborador de Dios en la creación continuada en la historia, pero en ningún caso es usurpador del lugar que le corresponde al Creador, como ha reconocido el C. Vaticano II (GS 41). La emoción de lo divino ha sido con frecuencia el lugar de la ciencia y posiblemente lo sea siempre, porque todo hombre que piense "la vida es una cosa seria", es un hombre profundamente religioso.
Bibliografía
J. Ortega y Gasset, Obras Completas, Alianza Editorial, Madrid 1983,
Galileismo de la Historia V, 13ss; Id., La conservación de la cultura X, 39 y 44; Id., Asamblea para el progreso de las ciencias I, 99 y 104.
E. Bloch, Ateísmo en el cristianismo Ed. Taurus (Madrid 1983) 8O-166; F. Margallo, 'El Vaticano II proclama la autonomía de la ciencia' en Id., Teología y vida pública, ed. paulinas (Madrid 1993) 39ss.
J. Ortega y Gasset, oc., 'Sobre "El Santo" I, 430-436.
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Cristianismo y Secularidad
Manual de Nueva Teología Política Europea
Por Francisco Margallo Bazago
Edit. Tirant lo Blanch, Valencia 2007
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Quiero recordar a sacerdotes y seglares comprometidos en la pastoral parroquial o diocesana, que quieran conocer la teología surgida del Vaticano II, que sigan con atención este curso, que les servirá de mucho provecho. Y si quieren tenerlo en la mano que pueden conseguir el libro: Cristianismo y secularidad. Manual de Nueva Teología Política Europea, edit. Tirant lo Blanch, Valencia 2007)
Miércoles, 30 de mayo
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