La fusión de empresas y la subsiguiente concentración de riqueza en pocas manos, que la crisis económica actual está demandando, debe inquietarnos. Creo que invalida lo conseguido con mucho esfuerzo e incluso sangre, en un pasado no lejano.
Esto que algunos consideran un avance de la civilización y de las institucionnes modernas, no es más que volver a privatizar el poder social, lo que supone un retroceso en la historia de la humanidad. Las graves consecuencias que pueden seguirse de la fusión de las grandes empresas, no se han valorado sufucientemente. La avaricia es ciega y no ve ni deja ver. Una de esas consecuencias dañinas va a ser, como indicaba, que el poder social se privatice e impida la gestión del bien común, que es cometido del Estado social de derecho.
Y sucede porque poderes alternativos, que escapan al control del Estado, lo inhabilitan para realizar la política económica y social que está obligado a hacer. Lo que Galbraith considera la versión más compleja del "nuevo estado industrial". Eso explicaría que los polítcos europeos en este momento hablen de conciertos para fusionar pequeñas empresas. Sólo en España se habla "con cautela" de la fusión de estas empresas.
Los ciudadanos no ganamos nada con las grandes empresas, al contrario, perdemos mucho. Porque pasamos de depender del poder del Estado, sobre el que podemos ejercer alguna influencia como parte de él que somos, a depender de otro poder, cuyo centro de decisión no nos es accesible en modo alguno. Estas empresas no tienen apenas control, están por encima del bien y del mal. Y no tienen que rendir cuentas a votantes, a contribuyentes ni a la opinión pública. Ejercen el poder de un modo absoluto.
Con los oligopolios del poder económico, perdemos los ciudadanos muchos de nuestros derechos sociales, como se está palpando estos días con pérdidas de los ahorros en algunos países y de puestos de trabajo en todos ellos. Y la misma democracia pierde su credibilidad. No en vano Charles Bindbloom considera a las grandes empresas enemigos de la democracia, porque "se adaptan mal a la teoría y a la visión democrática. A decir verdad, no se adaptan en absoluto". Hay que estar atentos a esta crisis, porque la democracia sale perjudicada si sigue ligada a la economía de mercado.
Ahora en la crisis nos estamos percatando de que estamos ligados a un modelo de capitalismo a nivel mundial mucho más feroz de lo que pensábamos. Creíamos que le habíamos hecho evolucionar al conseguir ciertas contraprestaciones sociales en favor de la sociedad. Incluso que habíamos logrado algunas limitaciones a su expansión. Ahora vemos que no. Incluso algunos políticos favorables al capitalismo hablan ahora de controlarle y no abandonarle a su libre albedrío. Esperemos que eso sea verdad y no se repita esta grave crisis nunca más. De lo contrario habría que hablar ya de ausencia de democracia.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia