La tierra nuestra libertad
La historia viene de lejos. Como viene de lejos la codicia de la Tierra en este Brasil, en todo este Continente latinoamericano. Los sucesivos imperios y las oligarquías de siempre hicieron, hacen de la Tierra una especie de "capital de reserva" acumulado y un campo de batalla. La Tierra de Brasil -la tierra latinoamericana- está empapada de tierra indígena, de sangre campesina, de sagre "pastoral".
Yo mismo, mi Iglesia local de sao Félix do Araguaia, somos testigos de este largo martirio a causa de la Tierra. Y muchas veces he pensado _que morir, matado, por causa de la Tierra, la Tierra de los Pobres, libre, repartida_ sería una muerte incluso normal para un obispo, para un cristiano, en este Brasil, en esta Patria Grande Amerindia, de los latifundios, de las multinacionales de empresas mineras y madereras, de la Seguridad nacional y de la Geopolítica continental.
Callar ante el latifundio -siempre inicuo, productivo o no, siendo particular o de una empresa privada_ es aceptar la acumulación, el privilegio, la exclusión de las mayorías, la explotación de la mano de obra barata. Callar ante las multinacionales _el "grande Carajás", el Jica...o la hacienda Suiá-Missu, de la Liquigás, dentro de la región de la Prelatura_ es consentir la división del mundo en primero, segundo y tercero: este útimo siemptr dependiendo del primero y a su servicio; el tercero _para bien del primero_ en la miseria y la ignominia y una creciente mortalidad.
El problema de la tierra es un problema teológico, urgentemente pastoral. "Tierra de Dios, Tierra de los hermanos", proclamaba oportunamente el lema de la Campaña de la Fraternidad de 1986, organizada por la CNBB en el tiempo fuerte de la Cuaresma.
La Tierra es el hábitat, la cultura, la vida, para los pueblos indígenas. Es el suelo, la comida, el trabajo para los labradores. Es, en la ciudad, la vivienda, el mínimo de dignidad que una familia humana puede exigir. Porque hay que recordad que el problema de la Tierra es tan agudo en el campo como en la ciudad. Casi la mitad de la población de Sao Paulo vive en favelas o en "cortijos" deshumanizantes.
El éxodo rural masivo provoca la aglomeración en las ciudades, la desestabilización cutural y familiar, el desempleo acumulativo, la desesperación, la violencia. En cierta ocasión, dentro de una Asamblea Nacional de la CNBB, Dom Paulo Evaristo Arns, arzobispo de Sao Paulo, conversando conmigo, reconocía la "migración" interna _con sus causas y sus efectos_ como el mayor problema pastoral de Brasil.
La CNBB hace tiempo que reconoce la gravedad extrema de ese problema y está tomando medidas con grandes documentos sobre la Tierra rural, sobre el Suelo urbano, exigiendo la Reforma Agraria, potenciando la Pastoral de la Tierra y de las Favelas, denunciando la codicia, la prepotencia y el crimen del latifundio y de sus secuelas. El mismo Juan Pablo II, al que nadie considera comunista o guerrillero, tuvo que recordar al presidente Sarney lo necesaria que es la Reforma Agraria en Brasil para que se pueda pensar en una democracia.
La CPT (Comisión Pastoral de la Tierra) después del CIMI (Consejo Indigenista Misionero) ha sido la más feliz (contestada, perseguida, incomprendida, animosa, mártir) expresión de la preocupación pastoral en torno a la Tierra: uno de los más característicos "rostros rurales" de la Iglesia latinoamericana de todos los tiempos. Los labradores de hoy y los historiadores de mañana tienen la palabra.
Los 500 años de la conquista-invasión, de la evangelización más o menos impositiva, que vamos a "celebrar" y a "deplorar" _simultáneamente_ son un marco histórico para que de un lado y otro del océano, en el mundo de los colonizadores y en el de los colonizados, una Iglesia y otra, asumamos la problemática de la Tierra en América Latina, con todo su alcance, como un gran desafío de profecía, de solidaridad y de pastoral. La Tierra "robada" a los pueblos indígen, como recordaba el mátir Tupa´i al Papa, y siempre "prohibida" a los "sertanejos", a los "campesinos", debe ser devuelta a sus legítimos dueños, repartida, con-vivida, pacificada. La "Tierra Prometida" al Pueblo de Dios, a todos sus hijos, debe ser una tierra ya en la Tierra.
Un día, acompañando una tala comunitaria, bajo la vigilancia de los pistoleros de la hacienda Bordon, en Serra Nova, compuse un poema canción,que después se popularizó en Brasil adentro
"Somos un Povo de gente,
somos o Povo de Deus.
Queremos terra na Terra,
ja temos Terra nos Ceus".
Somos un Pueblo de personas
somos el Pueblo de Dios.
Queremos tierra en la Tierra,
ya tenemos Tierra en el cielo.
(Del Prólogo "Chiesa e Terra
in Brasile". SIAL-ASAL, Roma 1988)
Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del Reino
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Hoy Domingo del DOMUND
Pedro Calsaldáliga,
como Pablo
misionero
por vocación.
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"Evangelizar constituye la dicha
y la vocación propia de la Iflesia,
su identidad más profunda"
Pablo VI,
Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia