El Blog de Francisco Margallo

Dios laico y virtudes públicas en Ortega

09.10.08 | 10:00. Archivado en Educacion
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La educación un proceso histórico
Cap. VI (continuación)

La realidad histórica de una generación, en la que Ortega y otros pensadores encuadran el proceso educativo, consiste en ser el punto de intersección de una generación anterior que la ha producido y otra posterior que deriva de ella: "cada generación es discípula de una más vieja y maestra de otra más jóven".Esa doble función de maestro y discípulo es lo realmente importante en la historia.

Lessing, el mayor exponente de la Ilustración alemana a finales del siglo XVIII, interpretaba la historia como el proceso de educación del linaje humano y, en este sentido, hay que ver la pedagogía como la médula de la historia. Cada uno hace lo que es capaz de hacer, pero su capacidad depende de su preparación.

Para Goethe, es preciso valer mucho si se quiere hacer algo grande y, además, ser heredero de algo grande y fuerte. Pero los españoles, en ese momento en que habla Ortega, sólo podemos realizar pequeñas hazañas, porque detrás de una generación inepta no puede venir una potente. Nos falta entusiasmo y sensibilidad moral, hemos perdido las antiguas virtudes y aún no hemos asimilado las modernas. No hemos heredado ideales ni virtudes, sino problemas (Discursos políticos, Alianza Editorial 1974, 16ss).

El tema pedagógico que Ortega califica como "divina operación educativa", lo razona de la siguiente manera: hay una serie de actos humanos que tienden a transformar idealmente una realidad dada. A la acción de convertir una realidad en otra, de convertir una cosa menos buena en otra mejor llamaban los latinos eductio, educatio, educación en español. Por la educación obtenemos con bastante frecuencia de un individuo imperfecto un individuo bondadoso y hasta un sabio.

La pedagogía en cuanto ciencia, que trata de modificar el carácter integral del hombre, tiene ante sí dos problemas: uno determinar la forma y el tipo normal de hombre en cuyo sentido ha de intentarse variar al educando: éste es el problema del ideal educativo. Pero el pedagogo no osará imponer al material humano que se le encomendó una forma caprichosa.

Además, el pedagogo comparte con los demás hombres la responsabilidad de darle una forma que esté en sintonía con cuanto le rodea. Y como él es el preparador de lo futuro, pesa también el porvenir sobre su responsabilidad..."La ciencia pedagógica tiene que ser la determinación científica del ideal pedagógico, de los fines educativos".

El otro problema consiste en hallar los medios intelectuales, morales y estéticos por los que se logre conducirle hacia ese ideal. Para que quede más clara esta operación pedagógica, la compara ahora con la acción de la física: así"como la física estatuye las leyes de la naturaleza, y luego en las técnicas particulares se aplican estas leyes a la fabricación, así la pedagogía anticipa lo que el hombre debe ser, y después busca los instrumentos para hacer que el hombre llegue a ser lo que debe.

El sujeto de esta labor pedagógica es el hombre, algo sagrado para Ortega. También para Leibniz es el hombre un petit Dieu (un pequeño Dios). Y después de haber hecho una disgresión hacia Jesucristo clavado en la cruz y apoyándose en la Cristología de Hegel, que considera la mejor interpretación laica del símbolo cristiano, Ortega asume su tesis, según la cual, Cristo es el ensayo más enérgico que se ha realizado para definir al hombre.

Una vez que nos sentimos embargados de un respeto ilimitado hacia este problema, el más humano de todos por ser el hombre mismo el problema, llegaremos a la pedagogía con religioso temor. En este sentido advierte a los padres en estos términos: "ved ahí a vuestros hijos: poneis vuestro oro en las manos de un orífice cuyo arte desconocéis. ¿Qué idea del hombre tendrá el hombre que va a humanizar a vuestros hijos? Cualquiera que sea, la impronta que en ellos deje, será indeleble (Educación I, 508-510.

Entre tanto, hoy nosotros nos enfrentamos a un serio problema de violencia en los colegios, que sin duda estará motivado, en parte, por algunos factores pedagógicos poco adecuados, pero en el que está muy implicada también la sociedad competitiva, consumista y hedonista, que es quien programa en última instancia la vida de los ciudadanos. Y no podemos olvidar que la sociedad la componemos los mismos ciudadanos, por lo que se da un círculo vicioso difícil de romper.

Es claro también que la sociedad, que tan alegremente hemos calificado de "bienestar" en los países desarrollados, no es tal, es una falacia. Por tanto, urge que todos nos pongamos a buscar otro modelo de sociedad, en la que primen los valores o bienes de la justicia social, la libertad, la igualdad y el bien común por encima de intereses de grupos privilegiados. Mientras no se consiga esto, no podemos esperar un cambio de sociedad y éste es necesario para eliminar cualquier género de violencia en nuestra convivencia y reine la paz en la sociedad y en el mundo.


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