El Blog de Francisco Margallo

Domingo: Incómoda traducción del Evangelio

28.09.08 | 10:13. Archivado en Liturgia
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Evangelizar liberadoramente I
Los favelados, los negros segregados, los clandestinos y presos torturados y muertos políticos de Brasil; los posseiros, los peones, los indios y las prostitutas de este Mato Grosso, de esta Amazonía...han sido y son mis jueces, mis maestros y mis profetas en Revolución; a ellos debo esta incómoda traducción del Evangelio de Jesús que ahora intento vivir.

A ellos y a tantos mártires _cristianos sabiéndolo o cristianos sin saberlo,_ leídos o conocidos, que dieron su vida por la Causa del Hombre Nuevo. A unos de ellos el Che Guevara, le dediqué un poema que apareció en "Clamor elemental" y que ha merecido el escándalo "los buenos" y el panfleto de la Represión. El poema nació así:

"Por la noche, hasta las once, solos, con la "ciudad" apagada y una inmensa luna despierta, Manuel y yo escuchábamos por el transistor, el final del Primer Festival Universitario de música popular brasileña: "Qué bacanal", "Sehora del luar", "Vem companheiro. ¡Che!" _homenaje y llamada al mártir del Continente.

Otra vez Che Guevara y América. Y la muerte. Y los Pobres. Con una grande Paz, porque sé, en Cristo, que todo es Gracia, y espero en Él a través de todas las circunstancias, por fútiles, dolorosas o paradógicas que éstas sean.

Rezo por Che. Siento que él, a estas horas, ya conocerá la fuerza suprema de la violencia del Amor. "Sin perder nunca la ternura", había pedido él...

En Araguaia, transido de luna, late a nuestros pies, como una arteria. Siento cerca de mí a muchos amigos concreto, Siento a América Latina. Recuerdo, con paz, la meditación de la mañana, unas palabras de Loew: en el apostolado es preciso saber esperar. Todo eso de las parábolas evangélicas que hablan de las lentitudes de la semilla. Yo aquí muy poca cosa ayudo a fructificar el Evangelio _y su Revolución_ en esta América del Che que ha de ser de Cristo.

Algún día escribiré un poema a mi amigo Guevara. ¡Dios lo tenga en su Paz" (Diario 1 de octubre de 1968).
Y escribí un día el poema

Che Guevara

Y, por fin, me llamó también tu muerte
desde la seca luz de Vallegrande.
Yo, Che, sigo creyendo
en la violencia del Amor: tú mismo
decías que "es preciso endurecerse
sin perder nunca la ternura...

Pero tú me llamaste. También tú.
(Los dolorosos gritos compartidos.
Las múltiples miradas moribundas.
La inerte compasión exasperante.
Las sabias soluciones a distancia...
¡América, los pobres, el tercer mundo ese,
cuando no hay más que un mundo,
de Dios y de los hombres!).

Escucho, al transistor, cómo te canta
la juventud rebelde´
mientras el Araguaia late a mis pies como una artyeria viva,
transido poe la luna casi llena.

Se apaga toda luz. Y es sólo noche.
Me cercan los amigos lejanos, venideros.
("Por lo menos tu ausencia es bien real",
gime otra canción...¡Oh la Presencia
en Quien yo creo, Che,
a Quien yo vivo,
en Quin yo creo apasionadamente!
...A estas horas tú sabes bastante
de encuentros y respuestas)

Descansa en paz. Y aguarda, ya seguro,
con el pecho curado
del alma del cansancio;
limpio de odio el mirar agonizante;
sin más armas, amigo,
que la espada desnuda de tu muerte.
(Morir siempre es vencer
desde que un día
Alguien murió por todos, como todos,
matado como muchos...)

Ni los "buenos" de un lado,
ni los "malos", del otro,
entenderán tu canto a mi memoria.
Dirán que soy poeta simplemente.
Pensarán que la moda me ha podico.
Recordarán que soy un cura "nuevo".
¡Me importa todo igual!
Somos amigos
y hablo contigo ahora
a través de la muerte que nos une;
alargándote un ramo de esperanza,
¡todo un bosque florido
de iberoamericanos jaracandás perennes,
querido Che Guevara!

Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del reino


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