La ética vuelve a estar de moda y, además es importante en cualquier época del año. Pero hay que tenerla en cuenta especialmente en el otoño, cuando comienza el nuevo curso en las grandes ciudades particularmente. Terminadas las vacaciones estivales se abre el curso político, laboral, judicial, escolar etc. Es decir, la vida del país comienza a andar de nuevo.
Pues bien, para que toda esta actividad sea útil y provecosa ha de estar guiada por la Ética. Es una asignatura de la que hombres y mujeres mientras vivamos tenemos que rendir cuentas, puesto que trata de nuestras obligaciones en la vida. Por consiguiente, es una asignatura pendiente que todos los ciudadanos tenemos, no sólo los hombres públicos.
Los filósofos de todos los tiempos han tratado de ella y tienen argumentos suficientes para hacernos apreciar una vida fundamentada en la ética. Su raíz está en lo que primero se llamó eligentia y luego elegantia y de este vocablo viene posiblemente nuestra palabra inteligencia. De todaas formas Elegancia debiera ser el nombre que diéramos a lo que llamamos Etica, ya que esta es el arte de elegir la mejor conducta.
Por nuestra condición de seres racionales y libres tenemos que elegir y elegir bien, elegantemente. Una persona ética es quien prefiere el bien al mal, lo justo a lo injusto etc. Lo contrario sería una perversión moral. Elegante es la persona que no hace o dice cualquier cosa, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir. Lo que Kant llama una persona con dignidad.
Una faceta importante de la ética es que ha de ser social, puesto que el hombre lo es constitutivamente. Para el profesor Aranguren especialista en el tema, la ética es personal y social a la vez,añadiendo que la pérdida de moralidad social que padecemos no parte de nosotros, la venimos arrastrando como herencia de la ética burguesa del siglo XIX, que era eminentemente individualista.
Hoy tenemos claro que el hombre privado tiene que sufrir una metamórfosis y convertirse en hombre público, en el sentido de saber anteponer el interés general al suyo propio o, lo que es lo mismo, vivir pensando menos en sí mismo y más en los otros. Pero para llegar a este tipo de hombre público es necesario un estímulo, el hombre privado necesita ser estimulado para salir de su vida individualista. Para ello el testimonio de los que se dedican a la activid pública es determinante. Sin embargo, hoy se echa en falta una vida pública más digna de crédito, de ahí que Victoria Camps proponga la ética como conjunto de virtudes o valores capaz de despertar tales sentimientos.
Para la profesora de esta parte de la filosofía, ética es voluntad de justicia. Y si tenemos en cuenta que ya desde los filósofos griegos es una necesidad social, puesto que persigue el bien colectivo, llegamos a la conclusión de que lo que fortalece a la sociedad es la sana moral pública. No obstante, se insiste en que la nueva civilización se presenta bajo el signo del hihilismo que anuncio Nietzsche, es decir, carente de valores. ¿Hemos de resignarnos a esta situación o podemos hacer que no sea así? ¿Qué os parece?
El Concilio Vaticano II nos pide hacer frente a esta civilización pertrechados de virtudes morales, sintiéndonos creadores de una humanidad nueva (GS 32, 2). Por tanto, si somos responsables y acogemos el mensaje conciliar, podemos dar pasos a la esperanza porque la carencia de valores puede superarse como se han superado otras carencias a lo largo de la historia.
Esto significa que en lugar de ver negativo todo lo que sucede en el mundo que nos rodea, lo veamos como algo que nos pertenece y hagamos lo posible y lo imposible para mejorarlo con una actitud de apertura a los valores seculares y laicos que le caracterizan, porque en ellos se revela el Dios bíblico y cristiano. El Concilio quiso reconciliarse con este mundo de hoy con estas carácterísticas y hemos de exigir a la Iglesia que no obstaculice más tiempo su implantación.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia