El Blog de Francisco Margallo

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13.08.08 | 10:59. Archivado en Teología de liberación

La Causa de la Tierra

Por J. Pedro Stédile

Para comprender la injusta y desigual distribución de la propiedad de la tierra en Brasil, por cuya democratización tanto ha trabajado Pedro Casaldáliga, poniendo en peligro su vida, conviene hacer un recorrido por la formación histórica de Brasil.

Hasta 1500 d.C. vivían en este territorio unos 250 pueblos, aglutinados en tribus, que vivían en nomadismo y que se aproximaban a cinco millones de habitantes. Dichos pueblos vivían en situación de comunismo primitivo; vivían y mantenían con la naturaleza, con la tierra, una relación de absoluto equilibrio y convivencia, ya que todas sus necesidades de alimentación vestuario y hábitat las extraían de los recursos que la naturaleza les ofrecía.

Y la naturaleza en toda la extensión de Brasil seguía siendo muy pródiga con esos pueblos que ya la venían habitando desde hace unos cincuenta mil años cuando llegaron, procedentes de Asia, atravesando el estrecho de Alaska y se distribuyeron por todo el continente americano.
Antes del 1500 esos pueblos sobrevivieron en lo que hoy llamamos Brasil, ateniéndose a la extracción de los productos de la tierra; estos hombres eran cazadores y pescadores, no eran todavía agricultores. De ahí su condición de nómadas: aprovechaban las dádivas que la naturaleza les ofrecía in situ y se desplazaban, buscando otras cuando aquellas se agotaban.

Hay indicios, sin embargo, de que algunos de esos pueblos llegaron a dominar alguna práctica agrícola incipiente cerca de las aldeas, que realizaban las mujeres. Se cultivó el tabaco, la banana, la mandioca y el cacao.

Todos vivían en sociedad con la tierra. Religiosa y filosóficamente veían en la tierra, en la naturaleza a la madre que les proveía en todas sus necesidades. Por eso sus creencias se dirigían al dios Sol y a la diosa Madre Tierra, bienes supremos de la naturaleza: el sol fuente de energía y producción permanente y la tierra sobre la que se reproducen todos los seres vivos con los que conviven.

Lo característico es que en esos pueblos no había ningún sentimiento de –ni individual ni colectivo- de propiedad ni de tenencia; eran pueblos organizados que circulaban por los territorios, ajenos a esos sentimientos, aun sabiendo que convivían con otras tribus y otras formas de vivir.

Pero a partir de 1500 nuestro territorio fue invadido por la avaricia de los europeos, que llegaron a colonizar Brasil movidos por el afán de acumular riqueza propio del capitalismo comercial. Por tanto no es verdad que aquí viniera sólo la gente pobre y humilde, ni que las monarquías vaciaran sus prisiones para liberarse de la gente indeseable, desembarcándola en nuestro territorio. Al contrario todo el período de colonización, 1400-1900, nuestro territorio fue dominado por la ganancia del europeo capitalista que venía aquí en busca de mercancías para llevárselas a Europa y así obtener altas cotas de lucro en la actividad mercantil.

No obstante, los primeros que llegaron se dieron cuenta de que no había las riquezas naturales que esperaban, porque las poblaciones que vivían en comunismo primitivo extraían de la naturaleza los bienes que necesitaban para su supervivencia. Entonces comenzaron a introducir en Brasil el cultivo de productos muy necesitados en Europa, que se importaban de Asia, particularmente de China e India. Introdujeron la caña de azúcar, el algodón, el café, la pimienta. Incluso trajeron ganado de las Azores para la producción de cuero.

Pensando en un modo de producción dedicado a la exportación, introdujeron la forma de cultivo en grandes extensiones de tierra especializada en algún monocultivo como la caña, el café, el cacao y crearon granjas ganaderas, utilizando técnicas avanzadas y sirviéndose de la mano de obra de los esclavos. Primero intentaron esclavizar a los pueblos nativos que no eran partidarios de ese tipo de trabajo agrícola y luego trajeron millones de seres humanos de
Africa esclavizados.

Para favorecer ese tipo de plantaciones la Monarquía portuguesa mantuvo, por ley, el monopolio de propiedad de toda la tierra y delegaba grandes áreas de terreno a los capitalistas europeos que venían a producir mercancías; y lo hacía en forma de concesión de uso con derecho a herencia. Esta situación se prolongó durante 400 años…Después se dieron en Brasil muchas revueltas de esclavos, causando muchos prejuicios en las haciendas por lo que la Corona brasileña, Pedro II, dictó la primera Ley de la Tierra, que en la práctica equivalía a la introducción de la propiedad privada en Brasil y al nacimiento del latifundio brasileño. En este contexto se mueve la labor de Don Pedro Casaldáliga.

Como otros muchos pequeños poblados Sao Félix do Araguaia era una pequeña población de ribereños mezclados con mestizos y pueblos indígenas , una especie de pequeño puerto ya en el Medio Araguaia que con la apertura de las autovías pasó a recibir grandes contingentes de población que venía del Sur hacia la Amazonía y las nuevas fronteras agrícolas.

La intención de los militares era poblar las zonas, pero eso no significaba que de las tierras de la Amazonía se hiciera una distribución justa, porque a toda la región oeste y a la amazónica se le aplicó el mismo modelo de concentración de la propiedad de la tierra heredado de la época colonial y de la industrialización. En lugar de democratizar la tierra los militares ofrecieron incentivos fiscales a grandes empresas transnacionales y bancos para invertir en las tierras de la Amazonía.

De este modo la mayor parte de las tierras de la Amazonía fueron apropiadas por grande empresas que las transformaron en inmensas áreas en haciendas. Casos como Bradesco que del día a la noche montó una hacienda de doscientas mil hectáreas; o el caso Pirelli, la fábrica de neumáticos italiana con las mismas hectáreas; el caso del Frigorífico Swfit, que montó asimismo una hacienda de doscientas mil hectáreas, o la empresa alemana Volkswagen con la misma dimensión al sur del Pará,

Aunque aún quedara algunas tierras para los pobres, la mayor parte vino a ser propiedad de las haciendas y los pobres emigrantes que se dispersaban por las autovías acabaron siendo mano de obra en las grandes actividades productivas: unos en la extracción de la madera en grandes empresas madereras, o en otro tipo de empresa industrial; otros trabajaron en haciendas montando una especie de retaguardia del comercio y de servicios, formando y transformando pequeños poblados en ciudades que servían de pol de atracción de mano de obra.
Todo esto ocurría en el marco de un régimen político extremadamente represor y dictatorial.

Los lectores pueden imaginar cuántos conflictos de tierra, cuántos conflictos sociales surgieron en esa violenta transferencia de millares de personas pobres del Nordeste y del Sur de Brasil para ocupar la nueva frontera agrícola. Aquello se transformó en un infierno , en una tierra sin ley, donde no había ninguna organización de sociedad civil; donde no había presencia del Estado, ni servicios públicos –salud, escuela, prefectura-, ni garantía de comercio. El objetivo del Estado era sólo el doblamiento para garantizar la presencia humana en poblaciones de frontera.

Hay que hacer notar también que las poblaciones que emigraron tenían poco conocimiento mutuo de manera que se fueron formando comunidades de emigrantes que no tenían ninguna afinidad cultural entre ellas, mezclándose en la misma región: gauchos, paranaenses, capixabas, nordestitos, baianos, maranhenses…Todo eso creó un clima de mucho conflicto, una especia de tierra sin ley y sin civilización.

En ese mundo la única fuerza o la principal fuerza civilizadora para conseguir llevar una palabra de aliento e introducir organización fue la Iglesia…(Continuaremos el miérc próx.)

Ver Pedro Casaláliga, libro homenaje AA.VV. Ed Nueva Utopía Madid 2007


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