El Blog de Francisco Margallo

Estado Moderno, historia

04.08.08 | 12:07. Archivado en Estado
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España sin ser avanzada en el campo de la ciencia ni el orden religioso, en la dimensión política logra en el siglo XV una madurez mayor que todos los pueblos de Europa. Los Reyes Católicos crean el primer Estado Europeo e inventan la razón de Estado.

El Estado que no es más que la plasmación legal de la nación, si no quiere entrar en conflicto consigo mismo y con la sociedad, tiene que oponerse a cualquier pretensión de predominio particular. Lo que explica que la situación política privilegiada que ha logrado la Iglesia en largos períodos de la historia haya sido como mínimo anómala.

El favoritismo de unos españoles en detrimento de otros ha sido con frecuencia motivo de discordia y un impedimento en el desarrollo de la comunidad civil. Por eso el Estado tiene que ser laico, lo que no significa que tenga que ser ateo sino sólo nacional. Así lo fue en la segunda república, porque Roma y la mayoría de los católicos españoles sentían la necesidad de que fuera así. Fue el Estado más rigurosamente laico del mundo sin herir sentimientos de nadie.

Ahora bien, la irreflexión o el prurito de imitar políticas arcaicas, en lugar de servir a la nueva democracia emergente, impidió a los legisladores mantenerse en el punto justo y dieron a la política eclesiástica, que pudo ser modélica, un tinte de agresión a los católicos españoles. Pero esto no entraba en el ánimo de la república, según los mayores pensadores de entonces.

Lo que sucedió es que las leyes complementarias de la Constitución no la interpretaron fielmente, porque debían sí dejar clara la laicidad del Estado, aunque evitando cualquier atisbo de agresión. Para los principales promotores de la república, las guerras de religión en los países civilizados habían quedado desfasadas.

La enseñanza estatal que los intelectuales propugnan y que se había logrado ya en los principales países no se intentaba conseguir a través de ataques legales a la enseñanza privada, sino mediante el perfeccionamiento y la ampliación que se consiguiera dar a la enseñanza del Estado.
De hecho, a pesar de los privilegios que tenía la Iglesia, el Estado aventajaba a las órdenes religiosas en los métodos pedagógicos. Es de esta manera como se pensaba proseguir la victoria de la docencia estatal.

Lo que siguió a esta etapa republicana no sólo impidió avanzar en esta línea, sino que nos hizo retroceder más de 40 años respecto a los países europeos de nuestro entorno. En este tiempo surge el nacionalcatolicismo, del que no nos hemos liberado del todo a pesar del Vaticano II. Consecuentemente, se hace necesaria una clara separación de la Iglesia y el Estado, para construir una sociedad libre de influencias dogmatizantes.

Sobre todo esto y mucho más habrán hablado el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero y el presidente de la Conferencia Episcopal cardenal Rouco. Parece ser que se ha iniciado un tiempo de diálogo en el que prima la cortesía mutua y el buen entendimiento, como exige el talento práctico de uno y otro. De ser así, el Estado Español en su conjunto será el beneficiario.


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