Félix Valenzuela, vicario general de la Prelatura de Sao Felix do Araguaia durabte 11 años, que hace el prólogo al libro dedicado en su 80 aniversario, dice que todos los que escriben en él lo hacen porque quieren mucho a Pedro Casaldáliga, por su vida y por sus causas que, en palabras que el propio Pedro siempre repite, son más importante que su vida.
La causa de los trabajadores, de los peones, de los "posseiros", las causas indígena y negra, la causa de la infancia, de los ancianos, de las mujeres, la causa de los derechos humanos, que como él insiste, son derechos divinos, la causa del medio ambiente.La causa del Reino
Pero aunque Pedro diga que las causas por las que vive, trabaja y lucha son mucho más importantes que su vida, para los que compartimos el día a día con él durante tantos años, es difícil distinguir o separar su vida de sus causas.
En este prólogo voy a comentat tres hechos que suelo comentar porque me dieron una explicación de lo que he visto en su vida y de los que cada uno de los que escriben este libro comentan.
El primero él mismo lo narra llegando a Sao Felix do Araguaia y tiene que ver con lo que Leonardo Boff afirma de Pedro: "haber tomado absolutamente en serio los desafíos de los pobres" y "con una reacción de profunda humanidad dejarse
conmover y llenarse de compasión".
Pedro escribe: "Los primeros meses Manuel y yo hicimos de enfermeros...Y pudimos comprobar de cerca la presencia de , múltiple, avasalladora, de la enfermedad y de la muerte en la región. La primera semana de nuestra estancia en Sao Felix murieron cuatro niños y pasaron por casa en cajitas de cartón, como zapatos, camino de aquel cementerio sobre el río en el que posteriormente habríamos de enterrar a tantos niños y a tantos mayores
-muertos o matados-, quizás sin caja y hasta sin nombre".
Se imponía una revisión total de criterios y de programas. ¿Por dónde empezar? ¿Qué pedía el pueblo? ¿Qué podríamos hacer nosotros? ¿Qué era ser Iglesia en Sao Felix do Araguaia
El segundo hecho muestra su conciencia nde ser obispo: ser el pastor descrito en el Evangelio, sin autoritarismos y sin privilegios; ser aquel que acompaña al pueblo que anda errante como ovejas sin pastor; y ser el profeta que denuncia a los que cargan fardos pesados en las espalda de los pobres.
Se celebraba la inauguración de una inmensa "facenda" creada con tierras de indios y campesinos que habían sido expulsados de allí. La fiesta era tan importante que llegaron, ninistros, banqueros, altas autoridades. También estaban los trabjadores que habían "limpiado" aquella tierra de la selva para que los nuevos dueños criasen vacas. Y el obispo fue convidado para celebrar la Misa.
Después venía el banquete de las autoridades en la sede. Los trabajadores en otro lugar para que cada uno, según la costumbre, en fila y con su plato en la mano, se siviera el arroz y la carne asada. Pedro fue convidado a la sede, lógicamente con las autoridades.
Pero él, con conciencia de pastor, miró a un lugar y al otro y se dijo: "Mi lugar es aquel, con los trabajadores"; recogió su plato y se puso a la fila. Para siempre quedó claro cuál era su lugar. Y es lo que hasta hoy, pasados casi cuarenta años, va siempre al dormitorio común, a la fila de la comida y a limpiar los platos.
En su diario Pedro escribe: "Ya habíamos roto con las fazendas. No podiamos celebrar la Eucaristía a la sombra de los señores, viajando en sus coches o avionetas, comiendo o bebiendo su whisky a su mesa, siendo 'asistidos' en las celebraciones por los que esclavizaban sistemáticamente a los hermanos : esa ya no era más la Cena del Señor! Dejábamos de ser amigos de los grandes y los encarábamos.
Dejamos de aceptar el auto-stop en sus coches, esquivábamos positivamente su compañía, su sonrisa, dejamos incluso de saludarlos, en los casos más descarados (por contrapartida íbamos ganando la confianza y el amor de los pobres y oprimidos). Fue hora de opción, desgarrada opción que vilentaba el propio temperamento, las ganas naturales de estar a bien con todos. La formación de 'mansedumbre' evangélica recibida, la norma pastoral de no 'apagar la mecha que aún humea' desgarro que continúa dejando en tensa cruz la vida de uno".
Para "llenarse de compasión" y tomar estas actitudes de pastor se necesita mucha virtud evangélica y también mucha inteligencia cultivada. Por eso dice Marcelo Barros: "...nunca había conocido un obispo que leyese y estudiase tanto. Pedro vivía eso mo sólo por su gran capacidad intelectual, sino por una sed espiritual de profundizar en los temas y vivir profundamente su opción de profeta.
Ciertamente, esta seriedad en el estudio del análisis social, como de la Biblia y la teología, dió a Pedro Casldáliga una gran seguridad en sus posiciones".
Y por último, el bello cuadro que Leonardo Boff pinta: "es la figura sencilla, pobre, humilde, espiritual my santa de un obispo que, extranjero, se hizo compatriota, distante se hizo prójimo, y prójimo se hizo hermano de todos, hermano universal".
Y los que vivimos más cercanos por la convivencia y el trebajo compartido no sabemos cómo agradecer a Dios y a él el don de su vida.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia