Por encima del Estado plurinacional del que tanto se habla hoy está el Estado social de derecho, que apenas es tenido en cuenta. Por eso creo interesante que reflexionemos todos
sobre él.
Aunque en las sociedades democráticas se dice que el sujeto de la política somos los ciudadanos, nuestra actividad política queda reducida al ejercicio del voto y a veces ni siquiera eso.
Ante tan escasa participación ciudadana en la vida pública, suele argumentarse que los comicios sirven, al menos, para testimoniar que no se nos impone a los gobernante, sino que los elegimos nosotros y esto puede considerarse como una forma de autogobierno.
En esta lógica también podemos decir que los ciudadanos nos damos nuestras propias leyes mediante los diputados. Y así llegamos a la conclusión de que vivimos en un Estado de derecho que nos garantiza seguridad jurídica, nos hace a todos iguales ante la ley y nos permite ejercitar nuestros derechos
ciudadanos.
Hasta cierto punto esto es verdad, pero es una verdad más virtual que real. Es decir, que nuestras democracias occidentales son más apariencia que otra cosa.
Lo dicho antes referido a la esfera política lo podemos ver más claramente si lo enjuiciamos a la luz de otro poder muy relacionado con el poder político, el económico. Rara vez se da el uno sin el otro y a veces se mezclan hasta el punto que es difícil saber cuál de los dos gobierna.
Marx se hizo ya eco del problema y llegó a la conclusión de que las desigualdades económicas se deben a una desigual distribución del poder. Eso explica que la libertad que propone el liberalismo económico quede limitada a quien posee el capital.
Además, la estrecha relación existente entre política y economía hace que el poder del que tiene el capital no se quede reducido al espacio económico, sino que se extiende al espacio social y político. Las grandes desigualdades económicas que Marx conoció en su día le llevaron a concluir que la democracia era una especie de tiranía del dinero.
Es cierto que los mecanismos democráticos de entonces eran más imperfectos, pero incluso ahora que está vigente el sufragio universal, existe el peligro de que las desigualdades económicas, que van en aumento con la globalización, falseen el juego democrático.(Martín Seco).
En la actualidad muchos exigimos al Estado moderno que supere al Estado liberal burgués y que intervenga activamente en la economía, para distribuir mejor la riqueza y la renta, garantizando no sólo los derechos civiles y políticos, sino también los económicos. Para ello R. Zapatero debe girar más a la izquierda.
En definitiva, lo que se le pide al Estado es que sea un Estado social. Ya Rousseau lo intuyó de esta manera inteligible por todos:
que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro, ni tan pobre que tenga necesidad de venderse.
Pues seguimos en la espera de que esto sea ralidad algún día. ¿Lo conseguiremos? Yo no pierdo la esperanza, pero es preciso que arrimemos más el hombro.
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Sabes que te digo, Miguel Angel, que desde mi convicción visceral más que racional, el socialismo solidario puede que algún día encuentre la fórmula para eliminar o paliar la pobreza y las enfermedades que sufre buena parte de la humanidad, como nos cuentan muchos misioneros que yo conozco. Cosa que el capitalismo no puede hacer porque es intrínsecamente malo, por ser el egoísmo institucionalizado.
Europa no es ningún modelo a seguir, porque lo que ha hecho siempre ha sido extraer la riqueza de esos pueblos. Es cierto, ha construido hermosas catedrales a un dios que no se corresponde con el Dios bíblico, porque su verdadero templo es el hombre-mujer de carne y hueso. Pero la Iglesia sigue erre que erre construyendo templos catedralicios por todas partes expropiando terrenos donde construir viviendas para quienes no tienen ninguna. Esto ocurre en Madrid.
Te felicito por el tono que utilizas últimamente. En el fondo no estamos tan distantes en lo que de verdad sentimos.
¿Sabes qué pasa? Que desde el movimiento de la primavera del 68, todo se ha hecho relativo para una parte muy importante de Europa.Ese relativismo a su vez provocó, entre otras causas, la caida de la verdad marxista; más tarde el muro de Berlín y todo el mito del comunismo libertario y del socialismo revolucionario. El giro que tu exiges a la izquierda para que sea más izquierda nunca lo sería en el aspecto ecconómico sino en el moral. Desde el ámbito moral, es decir desde la radical inmoralidad de la izquierda, se pretende presentar, a falta de Dios, al Partido como principio y fin de todo. Si esto se produjese, ólvidate de justicia social, piensa mejor en la tiranía oligárquica. Europa,la civilización que conocemos, toca a su fin. No hay recambio. Cuando esto sucede solo un acontecimiento de tragedia general puede esperarse.Cítame un solo ejemplo de democracia socialista radical en el mundo que no sea una tiranía. No más socialismo sino más humanidad.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia