La reacción de R. Zapatero desde Marruecos, donde se encontraba, al conocer la catástrofe del grupo de africanos llegados a las costas de Almería, ha sido reafirmarse en su convicción de que hay que invertir más en el desarrollo de los países pobres, para contrarrestar esta situación.
Sea cual sea el comportamiento de nuestra economía, está decidido a aumentar la ayuda al desarrollo y la pacificación de los pueblos africanos, para que no tengan que escapar de allí.
Con esta actitud del mandatario español contrasta enormemente la imagen grotesca del grupo G-8, grupo de los países mas ricos e industrializados, reunidos recientemente en Japón, para tratar sobre el Cambio Climático y Desarrollo. El suculento menú de 19 platos, que ha dado la vuelta al mundo, es representativo del talante de los dirigentes de la economía mundial.
Su cónclave sin resultados fiables y que merezcan la pena no han servido más que para exhibir ante las cámaras su prepotencia e inoperancia ante los graves problemas del 80% de la población mundial. Todo va a seguir igual, a no ser que el grupo aumente a 12 para equilibrarse, incorporándose España, Brasil, India y China. Esto introduciría un cambio en el hermetismo actual.
La Alianza de Civilizaciones entre occidente y el mundo árabe, que R. Zapatero propuso en 2004 ante la Asamblea Genaral de la ONU, para combatir el trrorismo islámico, es extensible al problema del hambre y la pobresa con sólo poner en práctica la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Todos los ciudadanos del mundo tenemos mucho que decir al respecto. También los cristianos. La teoogía de la liberación surgida en el Tercer Mundo hace tiempo que viene denunciando la dominación de una clase social sobre otra en ellos.
¿Cómo ser cristianos, se pregunta Gustavo Gutierrez, sin comprometerse en la situación de violencia institucionalizada que existe en el contenente? Es la sociedad entera, los valores dominantes en ella los que hay que cambiar. El pobre es el subproducto del sistema en que vivimos y del que somos responsables.
Hubo teólogos como Camilo Torres que perdieron su vida en el ideal social cristiano, que hunde sus raíces en el Evangelio.
También teólogos africanos han sido perseguidos y sacrificados por el poder dictatorial, sin que la Iglesia haya hecho oir su voz suficientemente. Pero la teología de la liberación sigue adelante, porque aún tine mucho que decir y hacer.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia