Es seguro que los amantes de la naturaleza y todos aquellos que son conscientes de la brutal agresión que las Islas Baleares reciben con los más de doce millones de turistas que arriban allí cada año, se alegrarían si estos disminuyeran.
Otros muchos no pensarán así, estoy seguro. Agentes de viajes, turoperadores y todos los que se han postrado ante la globalización económica neoliberal no compartirán esta opinión.
Pero yo y otros muchos, que van en aumento por cierto, pensamos que sería un verdadero balón de oxígino para las islas.
Las Baleares, que hace unas pocas décadas eran un lugar paradisíaco, han perdido buena parte de su encanto merced a la voracidad de los turoperadores, constructores sin escrúpulos y autoridades locales.
Sin ninguna visión de futuro han
sido demasiado permisivos con el daño causado a a la reserva ecológica del Mediterráneo.
Rectificar es de sabios y éste es momento todavía para tomar medidas más favorables a la naturaleza que a la especulación económica. El mismo turismo europeo, que en invierno y en verano acude a las islas para vestir de oro su piel, se lo agradecería.
Con las Islas Baleares está sucediendo, en menor proporción claro está, lo que le ha sucedido a la Amazonía latinoamericana. Antaño la naturaleza virgen lucía allí todo el esplendor de su riqueza, hoy en cambio sufre la violencia de un atroz despojo.
En el rostro de la Amazonía, pulmón de la humanidad, han quedado esculpidas las huellas brutales del sistema capitalista contemporáneo. En ella se han dado cita todos los pecados capitales y se ha hecho patente la contradicción entre economía y ecología, cosa que hay que corregir, si no queremos perecer.
La forma de producción actual es absolutamente depredadora, la aplicación intensiva de la tecnología contra la naturaleza tiene declarada la guerra a los árboles, extermina a las poblaciones autóctonas y sacrifica la fuerza laboral en aras de una producción, que sirve de suministro al mercado mundial.
La ecología, insensatos, la ecología, si queremos sobrevivir.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia