Ahora se enteran las conferencias episcopales europeas de que Europa ya no es cristiana. La mayor parte de su historia no lo ha sido, a pesar de las majestuosas catedrales sembradas en su extensa geografía o tal vez por eso. ¿Quienes son los responsables? Los mismos obispos que ahora se lamentan, sus predecesores y hasta los papas.
Juan XXIII se percató de ello y por eso convocó el Concilio Vaticano II, que, por extraño que parezca, aún no se ha puesto en práctica. Una oportunidad perdida, ya que era el momento idóneo para llevar a cabo la verdadera evangelización de Europa.
En este momento es poco menos que imposible, porque terminado el pontificado de Pablo VI, le sustituye Juan Pablo II por intromisión del presidente norteamericano Reagam.
Este le pidió que eliminara la teología de la liberción latinoamericana. No lo consiguió, pero Juan Pablo II llevó a cabo la restauración eclesial con una curia vaticana y una jerarquía eclesiástica hechas a su imagen y semejanza.
El papa polaco llevó a la Iglesia y a la teología surgida del Vaticano II a la época preconciliar. Es decir, el mundo vuelve a ser un enemigo al que hay que combatir, en lugar de ser el lugar privilegiado de la revelación de Dios, como sostienen los teólogos del Concilio.
Alrededor de Juan Pablo II surgen unos movimientos cristianos muy espiritualistas, que tratan de contrarrestar la secularidad y la laicidad del mundo actual. Un grave error, porque este fenómeno es irreversible y siempre irá a más. De modo que el diálogo con el mundo actual que pretendió el Cocilio no es posible.
Teólogos como Yves Congar y E. Schillebeecks, que estuvieron presentes en la magna asamblea, ven la secularidad y laicidad actuales muy beneficiosas para el cristianismo, porque le purifican de los mitos acumulados sobre él con el paso del tiempo. Es más, no las consideran contrarias al cristianismo, sino como un fenómeno originalmente cristiano.
Schillebeecks es muy contundente: la verdadera fe cristiana no se manifiesta en las creencias, sino en el lugar que uno ocupa en la pugna entre el oprimido y el opresor.
Y, lamentablemente, la Iglesia
institucional desde Constantino ha estado de hecho al lado de los poderosos. Eso explica su falta de credibilidad en la evangelización de la Europa mercantilista actual y del mundo en que vivimos.
Por otra parte, el error de la teología (que significa hablar de Dios), es haber seguido utilizando el lenguaje de la edad media hasta nuestros días,.
Es decir, el emisor del mensaje no ha tenido en cuenta al receptor de hoy que es un hombre/mujer secularizado y no entiende el lenguje abstracto religioso y, para poder entenderse, es preciso que los interlocutores hablen el mismo lenguaje.
Eso es lo que hace el Concilio en la
Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual con el lenguaje secularizado que emplea y los temas que toca, referidos siempre a las inquietudes y las esperanzas de hoy.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia