El Blog de Francisco Margallo

Domingo

15.06.08 | 10:30. Archivado en Liturgia
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El humanismo de Dios

"Nuestro Dios, para que no sea un ídolo, sólo puede ser el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Pablo habla del humanismo, de la humanitariedad de Dios, que ha aparecido entre nosotros.

Nuestro Dios es un Dios humanado, encarnado. Su Hijo, el Verbo, Jesucristo, Jesús de Nazaret, macido de mujer, hijo de María, hombre histórico sometido a una cultura, en un tiempo, bajo el imperio...El misterio de la encarnación para nosotros los cristianos, es la expresión máxima de la solidaridad humana de Dios.

Jesucristo es la solidaridad de Dios hacia los hombres, con cada una de las personas humanas, con cada uno de los pueblos, con sus procesos históricos. Nuestro Dios es un Dios humanado, humanísimo, históricamente humanísimo. Para nuestra fe, los derechos humanos son intereses históricos de Dios...

Para nosotros no hay dos historias humanas: una historia profana y al margen de Dios y otra historia humana sobrenatural que Dios cuidaría, que Dios haría suya. Sin negar lo que tradicionalmente los teólogos han llamado "de orden natural" o "de orden sobrenatural", de naturaleza o de gracia, nosotros confesamos una única historia humana, porque el Dios salvador es el mismo Dios creador.

Esta humanidad de Dios, de Jesucristo, que es Dios humanado pasa por un proceso histórico concreto, determinado, de tensiones, de tentaciones, de conflictos con los intereses de los grandes de su tiempo: del imperio romano, del templo, de Jerusalén, de los latifundistas judíos, del legalismo que sometía al pueblo a un auténtico cautiverio espiritual...

Y si creemos en ese Dios, si aceptamos a ese Jesucristo, Dios encarnado, hombre conflictivo, acusado, condenado a muerte, colgado de una cruz, prohibido por los poderes imperiales, religiosos y económicos de su tiempo...necesariamente, como Iglesia, como comunidad de seguidores de Jesucristo debemos revisar y transformar nuestra fe".

EN EXODO

La vida sobre ruedas o a caballo.
yendo y viniendo de misión cumplida,
árbol entre árboles me callo
y oigo cómo se acerca tu Venida.

Cuanto menos Te encuentro, más Te hallo, libres los dos de nombre y de medida.
Dueño del miedo que te doy vasallo,
vivo de la esperanza de Tu vida.

Al acecho del Reino diferente,
voy amando las cosas y la gente,
ciudadano de todo y extranjero.

Y me llama Tu paz como un abismo
mientras cruzo las sombras, guerrillero
del Mundo, de la Iglesia y de mí mismo.

Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del Reino

Al acecho del Reino

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Francisco Margallo [Blogger] 16.06.08 | 10:09

    La respuesta a todad estas preguntas que os hacéis, JMS y Gabriel, os la da Pedro Casladáliga en su texto, en el que, como habéis podido comprobar, aparece claramente lo que es pecado: la falta de humanidad o insolidaridad, la injusticia económica imperante, que tantos pobres fabrica, en definitiva, la transgresión de los derechos humanos, que él considera derechos divinos. Esto es lo que ofende a Dios, la casuística moral que mencionáis es invención eclesiástica tardía.

  • Comentario por Gabriel Sánchez 16.06.08 | 04:49

    ¿Por qué habríamos de confesar algo que no es pecado?
    Es la lucha por la justicia, por el pobre, por un mundo màs justo, en Èl, lo que nos va construyendo cristianos.- Gabriel

  • Comentario por JMS.- 15.06.08 | 22:51

    Crees tú que memorizando y olvidando el catecismo, yendo a misa los domingos y confesando las masturbaciones, se puede acceder a un sano laicismo ético religioso?
    Si en la iglesia no somos capaces de instilar una formación más seria y profunda, todo discurso que pida un mínimo de contención se pasa por el arco de triunfo.

Miércoles, 30 de mayo

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