Hambre y religión
La Cumbre de la FAO que secelebra en Roma ha alertado al mundo sobre una catástrofe de muertes masivas en el Tercer Mundo a causa del hambre, si no se arbitran medidas urgentes que mitiguen la situación. En cambio, en la sociedad del bienestar se arrojan cada día más de siete toneladas de alimentos en buen estado a la basura.
Más de uno se preguntará ¿qué tiene que ver esto con la religión? Pues mucho más de lo que parecece. Veámoslo con un argumento que se utiliza de manera un tanto retorcida y obsoleta:
Una sociedad no es viable sin la desigualdad de fortunas. Y la desigualdad de fortunas no es aceptable sin la religión, porque cuando un hombre muere de hambre, frente a otros que nadan en la abundancia, no se conforma si no hay una autoridad religiosa que le diga: Dios lo quiere así, es preciso que haya pobres en el mundo, pero luego en la eternidad el reparto se hará de otra manera.
Hace tiempo se vienen recibiendo en nuestra sociedad informes de la ONU que dicen: Uno de cuatro habitantes del planeta vive en pobreza absoluta. Y teniendo en cuenta que la filosofía dice que la felicidad para ser completa ha de ser colectiva, hay que concluir que la sociedad llamada de bienestar sólo lo es eufemísticamente. Lo que explica la amargura y el remordimiento existente en buena parte de ella.
El término "bienestar" se acuñó en el rico occidente, que, ávido de vender su mercancía, se ha convertido en la manzana de la que todos quieren morder. Pero, como en el mito bíblico, el fruto está vedado.
Es más, en la nueva versión del paraíso hasta la entrada en él está prohibida. Muchos lo intentan en vano, como se pone de manifiesto en las pateras repletas de jóvenes que vienen del Sur y son devueltos a su punto de origen. Una actitud nada solidaria. Y es que "la mejor lucha contra el hambre es la cooperación con los países afectados, no basta con una ley nacional de los países desarrollados", ha dicho en la Cumbre Rodriguez Zapatero.
A la religión y a la Iglesia también le queda un largo camino que recorrer para hacer suya la causa de los pobres. Porque vivir la caridad que ella predica exige trabajar por la justicia social. El libro de los Hechos de los Apóstoles dice: "Todos los creyentes tenían un sólo corazón y una sola alma y nadie consideraba propios sus bienes".
Esta tierra, el mundo que nos toca vivir no será feliz mientras un país o unos pocos dueños quieran guardarlo todo para ellos solos. Por eso antiguamente la misa se llamaba "partir el pan". Y Todos salian del templo dispuestos a compartir lo que tenían con los demás (Martín Valmaseda, El Pan Partido).
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Gracias, Fernando, por tu breve intervención en el debate. Es un ejemplo de que se puede exponer la propia opinión sin necesidad de tener que escribir mucho. Un cordial saludo.
gracais por seguir recordándonos cosas básicas de nuestra existencia HUMANA
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia