El artículo sobre "La Iglesia libre en una sociedad libre", publicado por Mons Fernando Sebastián ex-arzobispo de Navarra el 24 de mayo en ABC, se mueve en la línea del sector conservador de la Conferencia Episcopal, que se opone desde la legislatura anterior a las iniciativas del Gobierno de hacer un Estado laico moderno.
Aunque dice no querer polemizar con nadie, todo el artículo refleja el tono polémico propio de los que se esfuerzan por recuperar un poder que han perdido en el Estado y en la Sociedad. El espíritu de los teólogos del Concilio Vaticano II, que optaron por una Iglesia libre en un Estado laico, ambos independientes y soberanos cada uno en su campo, es ahora motivo de conflicto.
Dice así la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual al repecto: Si por autonomía de las realidades terrestres se quiere significar que las cosas creadas y las sociedades mismas tienen sus leyes y sus valores propios, tal exigencia de autonomía es absolutamente legítima y responde a la voluntad del Creador (GS 36).
El deseo del Gobierno de ponerse a tono con los Estados modernos de Europa, lo tacha F. Sebastián de laicista y de querer privar a los católicos y a toda organización religiosa de intervenir en la vida pública y en la sociedad, que es antes que el Estado (ciertamente, y tambien antes que la Iglesia, apostillo yo). Sepa que el único Presidente que ha animado a todos los ciudadanos a participar en la vida pública es el actual. Otra cosa es que la Iglesia quiera imponerle las leyes que ella apruebe.
El autor del artículo y todo el sector conservador del episcopado no aceptan la Constitución pastoral citada anteriormente, que se propuso entrar en diálogo con el mundo laico o secularizado de nuestro tiempo. Y este diálogo sólo es posible aceptando el lenguaje de la laicidad, único que se entiende hoy. El lenguaje religioso cada vez se entiende menos, porque es abstracto y el hombre-mujer hoy sólo comprenden un lenguaje laico práctico y concreto. Y es necesario que el emisor y el receptor del mensaje hablen el mismo lenguaje para poder entenderse.
El verdadero problema del teólogo Fernando Sebastián y sus secuaces es que añoran la situación de cristiandad, que Yves Congar, responsable de los teólogos participantes en el Conciio, consideraba finiquitada. Decía a este respecto: Con la noción de mundo y la nueva apreciación del orden temporal, que aporta el Vaticano II, desaparece el antiguo régimen de cristiandad, que mantenía al mundo en estado infantil, porque lo absorbía la Iglesia.
En consecuencia, ha desparecido "el peligro de agustinismo político, que consiste en hacer depender la validez de las estructuras y las actividades temporales de su conformidad con la fe y el orden sobrenatural".
El empeño de devolverle la religiosidad a la sociedad actual es inútil, porque cada vez será más secularizada. Por tanto, si queremos comprenderla y comunicarnos con ella hemos de hacerlo en su inexorable secularidad.
Más aún, para la teología surgida del Concilio la secularidad del mundo moderno no es hostil a la fe, al contrario, el poder histórico de la fe acepta la secularidad del mundo y actúa liberando a este a la vez que se libera a sí misma de sus ancestrales mitificaciones.
En definitiva, la laicidad del Estado no es una desgracia para la fe cristiana, en todo caso será una desgracia para las falsas representaciones del cristianismo que se han hecho en el transcurso del tiempo. Pero F. Sebastián es incapaz de comprender esta teología, porque desde que era rector de la Univ. Pont. de Salamanca viene denunciando la secularidad y laicidad del mundo.
(Francisco Margallo, Cristianismo y Secularidad. Manual de Nueva Teología Política Europea. Ed. Tirant lo Blanch, Valencia 2007, 128ss).
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Parece que no se están delimitando bien los campos.
D. Fernando Sebastián no es descalificable simplemente diciendo que se sitúa en el ala conservadora y añorante de la situación de "cristiandad" que tuvo la Iglesia española.
Eso es simple desacalificar. El asunto es otro: Las legislaciones aludidas por él, ¿Favorecen la dignidad de la persona humana o no?
¿Existe una naturaleza humana común, previa a toda discriminación social o política o no hay tal "naturaleza humana" que sea fundamento de su dignidad universal?
¿Simplemente se diferencian los seres humanos por sus funciones en la sociedad o son más que eso?
Porque la laicidad reconocida por la GS como campo de la sociedad sí es un bien para el ser humano abstracto y también concreto.
Pero, el creyente defiende que el ser humano es abierto a la trascendencia por sí mismo y, desde esa constatación, no puede ser violentado por leyes o costumbres, por muy generalizadas que estén. La fe cristiana de...
Elessar, aunque es breve tu intervención, es muy reconfortante, porque denota que no todos los que participan en el debate tienen una visión tradicionalista de las cuestiones que presento. Sirva como ejemplo a otros muchos que no participan por timidez o, como dicen algunos, no sentirse capacitados. Con una, dos o tres líneas se puede decir mucho. Según los servicios técticos entran en el blog unos 150 cada día. Animo. Una línea o dos la puede escribir cualquiera, os espero.
Me parecen muy acertadas sus observaciones.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia