Todo el que esté a favor de los derechos humanos, ha de ver con buenos ojos el movimiento antiglobalización en el que militan muchos jóvenes, que van por el mundo con el noble deseo de deshacer los entuertos del neoliberalismo, que se despertó con la caída del muro de Berlín.
El coraje de este movimiento le ha llevado a desenmascarar a instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Hoy todo el mundo sabe, gracias a ellos, lo que se esconde detrás del maquillaje altruista de ambas instituciones. Surgieron al término de la segunda guerra mundial con el pretexto de contribuir a la reconstrución de Alemania y Francia.
Después se erigieron en defensores de los países pobres, pero sus objetivos no han sido nunca erradicar la pobreza, sino conseguir la estabilidad financiera del rico Occidente con políticas monetarias favorables al gran capital. En ralidad son instituciones excesivamente politizadas detras de las que está el G-8.
Los efectos de su gestión han sido muy negativos, porque ha crecido la brecha entre países pobres y ricos. La cifras cantan: si hace 27 años los países pobres eran sólo 25, hoy se han doblado. Además, la distancia entre pobreza y riqueza es mayor que la existente en el siglo XIX, ahora los ricos son más ricos y los pobres más pobres.
Según Médicos sin Fronteras, alrededor de cien mil personas mueren cada día por hambre o por enfermedades ya curables. Nunca en la historia de la humanidad había ocurrido algo semejante.
Particularmente, las décadas de los años 80 y 90 han sido nefastas, en los países ricos apareció entonces lo que se ha llamado cuarto mundo, que componen parados de larga duración, drogadictos, prostitutas, emigrantes ilegales etc.
La globalización, esa palabra mágica que iba a erradicar todos los los males del mundo, se está deshaciendo en la boca de los ganadores en el duro enfrentamiento de clases sociales, al que asistimos impasibles.
El libre comercio se está convirtiendo en mera especulación, que perjudica no sólo a los ciudadanos, sino también a muchas pequeñas y medianas empresas, que se sienten amenazadas por la voracidad de las que no se resignan a tener menos beneficios y se han propuesto absorberlas.
Competitividad llaman estos a lo que no es más que afán de lucro. El movimiento antiglobalización se propone frenar todos estos abusos, aunque deberían ser los Estados los encargados de poner orden en este caos.
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Es verdad, Gabriel, muchas veces los consumiores sin darnos cuenta estamos apoyando la política económica neoliberal que nos estruja como, particualrmente a los trabajadores y a los parados, como si fuéramos limones. Un boicot a sus productospodría transformar hasta la economía mundial.
Lo increible, es que es que bajo la consigna de liberar el mañana, hay muchos ambitos de militancia, desde el movimiento antiglobalisaciòn, el foro mundial, o el movimiento ecologista internacional...pero seria de enorme fuerza, si se pudiera articular con cierto poder de convocatoria un movimiento de los consumidores, la fuerza de no consumir determinados productos...es tan impresionante, que hasta podria cambiar el rumbo de la economia del mundo...porque cuando compramos podemos sin saberlo, trasnformarnos complices de todo los mecanismos de opresiòn que tarde o temprano hara victimas de nosotros.- Gabriel
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia