Desde hace 12 años al principio de la primavera el Círculo de Bellas Artes de Madrid se convierte por unos días en templo laico de la cultura. A él acuden, ritualmente, a meditar sobre El Quijote hombres de letras, artistas de todos los géneros, periodistas, libreros y políticos.
El oficiante principal de este año ha sido el poeta argentino Juan Gelman último Premio Cervantes. El se ha acercado el primero al atril, iniciando la lectura del El Quijote, joya de las letras hispanas y creador de la novela moderna, con la unción de un discípulo que permanece fiel.
Aunque el rito del Círculo es reciente, la idea de meditar pienso que se remonta a J. Ortega y Gasset. No en vano su primer libro lleva por título Meditaciones del Quijote.
La razón que le llevó a El Quijote para meditar no fue por alardear de intelectual. Como ha escrito su discípulo y amigo Julián Marías, simplemente buscaba en él una orientación para vivir, que es el origen de la filosofía. Un vivir que en él se orienta a la "circunstancia" que es primeramente España.
Así lo dice él mismo: "El individuo no puede orientarse en el universo sino a través de su raza, porque va sumido en ella como la gota en la nube viajera" ((Meditaciones de El Quijote).
Si pudiéramos penetrar en las meditaciones de los que acuden estos días al templo laico del Círculo, encontraríamos en ellas múltiples experiencias de España. Pero la mayor de todas seguiría siendo El Quijote, ya que "cuando se reúnen unos cuantos españoles sensibilizados por la meseria de su pasado, la sordidez de su presente y la acre hostilidad de su porvenir desciende entre ellos Don Quijote.
Lo que Ortega pretende en ensayos como este es hacernos ver a los españoles que el rencor y el odio conducen a la aniquilación de los valores. El odio, que fabrica inconexión siempre, aísla y pulveriza al individuo. Y citando a Platón dice que el amor es un divino arquitecto que vino al mundo "a fin de que todas las cosas vivan en conexión". La inconexión es el aniquilamiento del individuo.
El rencor es una emanación de la conciencia de inferioridad. Es la supresión imaginaria de quien no podemos con nuestras propias fuerzas suprimir. En cambio, la comprensión, la tolerancia es la virtud propia de toda alma robusta. Ortega desconfia del amor de un hombre a su amigo o a su bamdera cuando no le ve esforzarse en comprender al enemigo o la bandera hostil.
Y es que a los españoles nos es más fácil enardecernos por un dogma moral que abrir nuestro pecho a las exigencias de la veracidad. Entregamos mejor nuestro albedrío a una actitud moral rígida que mantenerlo abierto a la reforma y corrección debidas. Es como si abrazáramos el imperativo moral como un arma para simplificarnos la vida aniquilando porciones grandes del orbe. Ya Nietzsche había descubierto en ciertas actitudes morales formas y productos del rencor.
Sobre todo esto meditamos año tras año los españoles de muy diferentes tendencias sociopolíticas en el rito sagrado del templo laico del Círculo, unidos en la empresa común de vertebrar la España plural y diversa.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia