En el Día de la Tierra
El caos que se está viviendo hoy en el mundo por la carestía de los combustibles y por la escasez del agua, es un aviso de un problema más serio que nos amenaza, si no ponemos freno a la carrera del consumismo y a la vida hedonista en que estamos instalados. Los países productores del petróleo nos han hecho saber ya que éste escasea y que dentro de unos años no podran satisfacer todas las demandas.
También la naturaleza ha dado suficientes gritos de alarma con las tragedias, que ella misma se ve obligada a protagonizar, acosada por el efcto invernadero que el exceso de gases arrojados al espacio provocan. De todo esto nos ha alertó hace ya unas décadas el Informe del Club de Roma, pero hemos hecho oídos sordos a los consejos de tan prestigiosa institución y hoy comenzamos a reconocer las consecuencias de no haber tomado en cuenta sus advertencias.
Dicho Club es una organización mundial en la que toman parte industriales, políticos, científicos de distintas áreas y altos funcionarios estatales, para vigilar las relaciones de unas naciones con otras y de estas con la naturaleza. Su finalidad es tener una visión conjunta de los problemas y determinar las acciones políticas adecuadas para solucionarlos. El informe a que me refiero lleva por título "Limites del crecimiento".
Con él se quiere romper con una concepción del mundo que hasta entonces se consideraba indiscutible: todo debe girar sobre la idea de progeso. Un progreso que se mueve entre dos infinitos: el infinito de los recursos de la tierra y el infinito del futuro. Se pensaba que la tierra era inagotable en sus recursos y que podíamos avanzar sin temor hacia el futuro. Ahora vemos que esos infinitos no son reales sino ficticios.
La crisis de la Tierra ha demostrado que no todos sus recursos son renovables y, por tanto, tienen un límite. Es limitado también el avance del hombre hacia el futuro. Desde este informe del Club de Roma sobre los límites de la naturaleza es preciso extraer unas conclusiones prácticas, que nos lleven a tomar una actitud ética y respetuosas en el comportamiebto con ella, aunque bastaria con saber escuchar el clamor de la propia Tierra.
La primera será abandonar la postura de dominio absoluto sobre la naturaleza y aprender un comportamiento nuevo, siempre desde la perspectiva de su preservación y desarrollo. De que aceptemos o no este trato civilizado con ella depende nuestra supervivencia y el de futuras generaciones. Con razón se define la ecología como "ciencia de la sinfonía de la vida" o "la economía de la naturaleza".
A partir de este enfoque ético y de responsabilidad con toda la obra de la creación, la ecología no se presenta ya sólo como el movimiento verde de protección y conservación de especies en extensión, sino que se ha convertido en una crítica radical del modelo de civilización que hemos construido, consumidor en exceso de energía y desestructurador de todos los ecosistemas.
Lo importante en la situación creada hoy es que nos preguntemos de manera permanente cómo sobrevivir juntos seres humanos y medio ambiente, puesto que tenemos el mismo origen y un destino común.
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Sí, JMS, el exceso del industrialismo unido a la poca sensibilidad de los ciudadanos con la naturaleza, están ocasionando ya muchos problemas, tal es el caso de las lluvias torrenciales en todo tiempo, por una parte, y los terribles fuegos que se producen en el verano. Tenemos que convencernos de que la naturaleza está dando signos de que va perdiendo su vigor y hemos de dejarla descxansar para que recupere su esplendor.
La hiperindustrialización destruye la agricultura. Si se planta un árbol y se lo cultiva dará los frutos a su tiempo y antes de morir dejará sus retoños. Así con todos vegetales.
Pero si le secamos sus raíces para extraer combustibles más poderosos agotamos los combustibles y los frutos del campo. Estos efectos se van notando en las generaciones ulteriores y la nuestra ya los está notando.
El petróleo produce dinero y, ahora que empieza a escasear, se busca más dinero con los agrocombustibles que desertizan la tierra y privan de alimento a los peones de campo. El círculo se cierra y nadie va a alimentarse con dinero cuya trampa financiera también entra en crisis.
La Humanidad está al borde del suicidio y, como en el hundimiento del Titanic, seguimos haciendo música!
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia