A pesar de que la sociedad es más importante que el Estado, como decíamos ayer, sociólogos y analistas de muy diversas nacionalidades vienen diciendo desde hace décadas que la sociedad está gravemente enferma. Si esto es así, como parecen confirmar los múltiples desafueros que se cometen en ella, deberíamos hablar con mayor propiedad de di-sociedad.
Con la euforia del boom económico consumista y hedonista, que nos ha cegado, hemos olvidado nuestros deberes ciudadanos más elementales y, cuando hemos querido reaccionar, ha sido tarde, la sociedad se nos ha ido de las manos.
No es mi intención hacer un diagnóstico catastrofista y de mal agüero, simplemente trato de mostrar la realidad y ver qué podemos hacer para que la sociedad sea lo que su nombre significa: orden, armonía, solidaridad y cohesión social.
Pero cuando lo que prima en ella es una injusticia social institucionalizada, las consecuencias que eso conlleva, no pueden ser otras que las que hoy lamentamos: violencia juvenil, de género y lucha de clases enfrentadas. Todo esto indica que la sociedad ha abandonado los valores éticos y morales y va a la deriva.
El psiquiatra López-Ibor relacionaba toda esta violencia con la sociedad competitiva en que vivimos. Y ya antes uno de los mayores genios de la humanidad y de la modernidad, Goethe llegó a la siguiente conclusión: vivir sin los valores mencionados es en sí una grave enfermedad y convierte al mundo en un gran manicomio.
Necesitamos, pues, un cambio de sociedad y parece que todos lo deseamos, sin embargo los medios que empleamos para lograrlo no son los más adecuados. Por ejemplo, considerar los presupuestos del Estado como lo más importante que hay que hacer en el país cada año, según se ha dicho desde el Gobierno, no me parece lo más indicado en cuanto a educación ciudadana se refiere, porque eso lleva a la convicción de que lo económico ha de prevalecer sobre todo lo demás.
Cuando gobernantes y ciudadanos se mueven por estos móviles mercantilistas, no es de extrañar que surjan toda suerte de atropellos sociales como los que lamentamos hoy. Es urgente que sustituyamos el tener por el ser en nuestra escala de valores, si no queremos que la sociedad se deteriore aún más y todos vayamos destruyéndonos lentamente.
Da pavor constatar cada día las atrocidades que unos seres humanos cometen contra otros, dando la razón al pesimismo de Hobbes sobre la naturaleza humana, que veía muy próxima al lobo en su conducta.
Erich Fromm cree que la estructura del carácter del individuo medio y la estructura de la sociedad, de la que forma parte, son interdependientes. A lo que llamaba en algún momento "estructura libidinosa de la sociedad". Esto es, la estructura socioeconómica modela el carácter social de sus miembros y actúa para dar más estabilidad a la sociedad unas veces y otras como dinamita para romperla.
Hay que estar, por tanto, muy atentos a ella, sobre todo hoy que lo invade todo y no le importa destruir a las personas.
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Es urhente que
sustituyamos el
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Los hombres, las familias y los diversos grupos que constituyen la sociedad civil, dice el C.Vaticano II, son conscientes de su insuficiencia para lograr una vida plenamente humana y perciben la neceisdad de una comunidad más amplia, en la cual todos conjuguen a diario sus energías en orden a una mejor procuración del bien común...La comunidad política nace, pues, para buscar el bien común, en el que encuentra su justificación plena y su sentido y del que deriva su legitimidad primigenia y propia (GS 74, 1).
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Los sueños sueños son, dice Calderón.
Lo que nunca puede decirse de los sueños es que son mentira, dice Sábato,
Y nosotros qué decimos? No es el sueño el primer paso hacia la verdad?
JMS, más que hablar de sueños e ilusiones, que llevan a la alienación, yo hablaría mejor de utopía y de esperanza, que es propiamente el cristianismo.En el caso que nos ocupa hoy, es aspiración a construir una sociedad más auténtica, que podíamos traducir por hacer realidad el reino de Dios entre los hombres. O, lo que es lo mismo, el mundo nuevo que quiere el Evangelio exige un compromiso serio en la sociedad y no meras ilusiones y sueños que se desvanecen y se pierden en el vacio.
Si no eres catastrófico, estás muy cerca de serlo
La vida tiene sus sueños y los sueños sueños son, pero el poeta dice que la vida es sueño. Y puede que tenga razón. La vida temporal, la vida encerrada en el sepulcro del espacio y del tiempo es sueño, pura ilusión!
La muerte, lo que llamamos muerte, la muerte del sueño, es la puerta que se nos abre a la eternidad incomprensible, a la vida no del sueño sino de la fe.
La fe es don y aceptación. Don de Dios y aceptación del Hombre. Sueño, ilusión o verdad: la opción es nuestra!
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia