EN LA MISMA MESA

En este día de Jueves Santo, en que revivimos el proceso seguido contra Jesús, quiero desmentir la acusación de los que dicen que el cristianismo aísla a sus adeptos de la problemática de la humanidad en lugar de interesarse por ella.
Tal despropósito lo denunció ya en su día Theilhard de Chardin en LA MISA SOBRE EL MUNDO cuando ofrece en el altar de la Tierra entera el trabajo, el dolor del mundo, la hostia total de la creación redimida por Cristo.
En esta conmemoración de la institución de la eucaristía se hace necesario repetir que NO ES COHERENTE CELEBRAR LA SANTA CENA DE CRISTO SIN QUE HAYA UNA CONDENA DEL DESAMOR QUE ENVUELVE HOY AL MUNDO. Silenciarlo sería complicidad dolosa. El profeta, que no puede faltar nunca en la eucaristía cristina, es la voz de los que no tienen voz, porque hasta eso se les ha arrebatado. El está presto a denunciar toda suerte de injusticias y atropellos que se cometen contra los más débiles.
Igualmante denuncia a los cristianos el fetichismo de una fe sin compromiso en la sociedad para transformarla. A primera vista, el profeta puede parecer un destructor, y por eso frecuentemente se le ha echado del templo, sin embargo, es todo lo contrario: su afán es proclamar la verdad en todas las cosas, exaltarlas hasta su mayor plenitud.
Francisco Margallo en YA 13-4-1995
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"Los pueblos hambrientos interpelam hoy, con acento dramático, a pueblos opulentos. La Iglesia sufre ante esta crisis de angustia y llama a todos para que respondan con amor al llamamiento de sus hermanos" Pablo VI Populorun Progressio 3
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El Redentor, para calmar el hambre de los multitudes, multiplica más de una vez el pan milagrosamente. Con este pan dado como alimeto del cuerpo quiso significar de antemano aquel alimento celestial de las almas que había de entregar a los hombres en la víspera de su pasión./strong>
Juan XXIII, Mater et Magistra, 4 y 5.
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EN LA PASION DE LA PATRIA GRANDE
QUEMA DE VIENTO Y PUEBLO
Primero sea el pan,
después la libertad.
(La libertad con hambre
es una flor encima de un cadáver).
Donde hay pan,
allí está Dios
"El arroz es el cielo",
dice el poeta de Asia.
La tierra
es un plato
gigantesco
de arroz
un pan inmenso y nuestro,
para el hambre de todos.
Dios se hace Pan,
trabajo,
para el pobre
Dice el profeta Ghandi
La Biblia es un menú de Pan fraterno.
Jesús es el Pan vivo.
El universo es nuestra mesa, hermanos.
Las masas tienen hambre,
y este Pan
en su carne
destrozada en la lucha
vencedora en la muerte.
Somos familia en la fracción delpan.
Sólo al partir el pan,
podrán reconocernos.
Seamos pan, hermanos.
Danos, oh Padre, el pan de cada día:
el arroz o el maíz o la tortilla,
¡el pan del Tercer Mundo!
Y ponemos también
delante de tus ojos creadores,
delante de los nuestros, absortos por el miedo,
el mecanismo tricontinental
de la pobreza libre
que contempla
y lucha en la esperanza...
"El amanecer
dejó de ser
una tentación".
Para ser una opción
y un largo desafío
de todo sueño humano.
Dejó e ser apenas mío
para ser nuestro, hermano.
Que el Pueblo tenga en sus manos
el Pan de la Eucaristía,
puesto que el pueblo hace el pan.
La tierra y su esposo, el Hombre,
produzcan la Eucaristía,
culto vivo del Dios vivo.
La sangre derramada
es una voz
que se recoge, viva,
en la carne del Pueblo
que es la tierra.
Su Sepulcro vacío,
nuestros sepulcros llenos
de pueblo masacrado,
¡anuncian la Mañana!
Quiero plantar
en esta Amazonía
mi libre grito humano,
mi protestante fe liberadora,
la derramada antorcha de mi sangre.
Yo sé que la semilla
será un día cosecha convocada.
Pedro Casaldáliga
Al acecho del Reino
(CEL, 3-12)
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Gracias por recordarnos hoy lo principal, en vez de perder tiempo en lo secundario.Con elcompromiso por amor y contra el desamor, hay eucaristía (tanto con gluten como sin glute). Pero sin compromiso por el amor y sin condenaqr el desamor, no hay eucaristía (tanto con gluten como sin gluten).
Juan Masiá
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia