El Estado de bienestar en el debate de los 7
29.02.08 @ 09:43:20. Archivado en Estado
Con el aire de Estados federados que parece imperar en la Unión Europea hoy, los 7 participantes de los partidos con representación parlamentaria en el debate de anoche hablaron de todo.
De macroeconomía con gran avidez, salvo alguna excención (IU y PSOE), de barrer cada uno hacia su casa. Lo que manifiesta que están atrapados en el contagio neoliberal imperante en el mundo, con detrimento de la verdadera política. De la imposibilidad de acceder a la vivienda; de la violencia internacional y de ETA; de la violencia de género y ley de dependencia; de la familia y las hipotecas; de los emigrantes, de la proyección al exterior y del Estado de bienestar que centra mi atención.
La tozudez con que las estadísticas se refieren a la pobreza existente en nuestro país responde a esa realidad que en la sociedad del bienestar es llamada 'Sociedad de los dos tercios'. Se llama así porque dos tercios de la población fuerzan al otro tercio a vivir por debajo del umbral de la pobreza.
Esto no es de hoy. Ya Napoleón, empeñado en engrandecer a Francia, mantenía la misma política:"Una sociedad no puede existir sin la desigualdad de fortunas" (Esto es la negación de sociedad). Y añadía algo que debe hacer reflexionar a los dirigentes de las diversas religiones: "La desigualdad de fortuna no puede subsistir sin la religión, porque cuando un hombre muere de hambre junto a otro que nada en la abundancia no se conforma si no hay allí una autoridad que le diga: Dios lo quiere así, es preciso que haya pobres en el mundo, pero luego en la eternidad el reparto se hará de otra manera".
Me inquieta que todavía se vean ciertos vestigios en la Iglesia jerárquica de apoyar esta política de la sociedad del bienestar, si no con la palabra, sí con los hechos, cuando por combatir el divorcio, los matrimonios gays, el aborto en ciertas circunstancias etc., apoyan a los partidos claramente neoliberales, responsables de la gran pobreza que existe actualmente en el mundo, que es lo más opuesto al mensaje del Evangelio. Juan Pablo I tenía la intención de terminar con esta hipocresía, pero le costó la vida.
No cabe duda que el término tan triunfalista de "Estado de bienestar" se ha acuñado en el rico Occidente, que, ávido de vender su mercancia publicitariamente, se ha convertido en la manzana de la discordia de la que todos quieren morder. Pero como en el mito bíblico el fruto está vedado, más aún en esta nueva versión del paraíso, la situación es peor porque hasta la entrada en él está prohibida. Sólo unos pocos que dispoenen de dinero en abundancia para comprar pueden entrar en él.
Muchos lo intentan en vano, como se pone de manifiesto en las pateras que llegan del sur y son devueltas hacia sus puntos de origen, si los ocupantes no han muerto antes en el intento. Incluso algunos que ya están dentro y que han contribuido o están contribuyendo con su trabajo al desarrollo del país viven amenazados a veces por algunos brotes inadmisibles de xenofobia. Conducta que revela una actitud economicista poco solidaria.
Poco solidaria parece ser también la colaboración, tanto de los diversos partidos participantes en el debate, como del resto de la UE, en colaborar con la política tan acertada, comenzada por el Gobierno actual, de invertir más en el desarrollo de los países de origen de las oleadas de emigrantes, que huyen de la pobreza en que viven. Cosa que no cesará, si el sistema económico mundial no da un giro notable.
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Frase para la reflexión:
"Los labios de los ministros de Cristo son con demasiada frecuencia cómplices con la codicia de los avaros".
El Santo de Padua
de Antonio Fogazzaro
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