Seguimos aclarando el tema anterior sobre cómo ser cristiano en el ateísmo, según los teólogos de la
muerte cultural de Dios. Todos estos teólogos nos hablan repetidamente de grandes dificultades para creer en el mundo actual, de distinción entre Dios y religión y de que tenemos que aprender a convivir con la ausencia de Dios
La lectura de Bonhoeffer sobre este fenómeno es que se ha abandonado una concepción mítica y falsa de Dios, preparándose de esta manera el camino para encontrar al Dios de la Biblia, un Dios que no sirve de muletas al hombre/mujer ni baja del cielo para rescatarle de los peligros, sino que es un Dios que se encuentra en el centro del mundo en la debilidad y el sufrimiento.
El hombre mayor de edad conoce y encuentra a Dios mediante su participación en los sufrimientos de Dios en el discurrir de la vida. Bonhoeffer se ha percatado de la dificultad de tomar en serio a Dios en un mundo que no tiene sitio para él. Esto es evidente para el teólogo víctima del nazismo alemán, aunque la cultura occidental ha tratado de ocultarlo. El conoce suficientemente la tendencia del hombre/mujer actual a entender el cristianismo como religión de misterios y como escapatoria al más allá, eludiendo hacer frente a los problemas del mundo.
Por eso no oculta que a veces exagera un poco, porque "necesitamos incluso correr el riesgo de decir cosas discutibles, con tal de que los problemas vitales se planteen". Esto es lo decisivor para él y para el cristianismo, que ha optado por la implantación de la justicia y la libertad en todos los pueblos de la tierra.
Los predicadores, dice, suelen hablar de religión y de Iglesia, pero el mundo queda solo abandonado a su suerte y con él todos los hombres y mujeres. Lo importante en el anuncio de la palabra no es decir lo que quiere uno u otro hombre de Iglesia, sino lo que quiere Jesús que se diga. Porque son muchos los elementos institucionales, humanos y doctrinales que se interponen entre los que nos escuchan y el Jesús que le presentamos los pastores.
Bonhoeffer está convencido de que serían otros hombres y mujeres muy distintos los que se apartarían de la comunidad eclesial, si Jesús mismo con su palabra estuviera con nosotros en la predicación, porque Jesús anuncia siempre la liberación del hombre y de la mujer, de todo lo que les oprime y agobia, de lo que les preocupa y atormenta. En cambio, nosotros hemos malbaratado la gracia, siguiendo un legalismo programado, sin vinculación y seguimiento de Jesucristo.
Para los teólogos de la muerte cultural de Dios, observen que no digo de la realidad de Dios, el síntoma más claro de que Dios ha muerto es la forma caricaturesca con que vive su fe la sociedad nortamericana. Por eso el problema no reside tanto en que los hombres y mujeres han perdido la fe, como en que esta ha dejado de conformar sus vidas.
Lo que sí ha muerto es la palabra "dios" y es urgente encontrar otra palabra que sustituya a esta que ha quedado en desuso y a muchos les repele. Esto no significa nada, no se alarmen, porque en la Biblia se le ha llamado de diferentes maneras en el transcurso del tiempo. Dios siguirá siendo el mismo, pero con un nombre diferente, que sea más significativo para la mentalidad secularizada actual (Francisco Margallo, Cristianismo y Secularidad. Manual de Nueva Teología Política Europea (Ed. Tirant lo Blanch Valencia 2007)
Los comentarios para este post están cerrados.
Es cierto don Pedro, alguna forma de vivir la religiòn de otros nos parece caricaturesca, fijese que hablar en un idioma que nadie entiende y poner vestiduras que no se usan hace màs 15 o 16 siglos para adorar a Dios... es realmente caricaturezco.- Gabriel
Pedro, me gustan mucho tus intervenciones, lo paso muy bien con ellas, a pesar de nuestras grandes diferencias en el análisis de la realidad. En este caso la realidad norteamericana exportadora de guerras y armas a todas partes del mundo, que quiere conciliar con la mansedumbre del Nazareno quien mandó a Pedro guardar su espeda cuando intentaba defenderle. Obras son amores, Pedro, dice nuestro refranero.
Con lo de la pena, pena, me ha salido espóntáneo tarear la canción que tanto me gusta, ¡ay pena, penita pena! pena de mi corazón, que me sube por las venas...No dejes de intervenir en la tertulia, charlaré contigo siempre, me has caído muy bien.
Carlos, si querer una religión a la carta, como dices, es querer que se ponga en vigor el pensamiento del Concilio Vaticano II que se le ha arrinconado impúdicamente, pues sí quiero una religión a la carta. Pero el cristianismo no es una religión, es mucho más: un mensaje de vida.
"La forma caricaturesca en que vive su fe la sociedad norteamericana".
Pero, don Francisco, ¿cómo tiene el atrevimiento de interpretar el corazón de los hombres? ¿por qué desprecia así la fe de otros seres humanos? ¿quién le da derecho a juzgar de ese modo a los demás? O, ¿no será más bien que les desprecia por la hondura de su fe, o porque meramente son norteamericanos, seres libres, que ordenan su convivencia gracias a la democracia?
Qué pena, don Francisco, qué pena...
Señor margallo me parece que usted quiere una religion a la carta
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia